sábado, 27 de febrero de 2010

72) ANÁLISIS Y REFLEXIONES DE VICENTE ROJO



En noviembre de 1936, con las columnas franquistas a punto de iniciar el asalto a Madrid, el entonces teniente coronel, don Vicente Rojo Lluch, fue nombrado jefe del Estado Mayor de la Defensa (al mando del general don José Miaja Menant), asumiendo dirigir la resistencia de una ciudad que muchos consideraban indefendible.

Los planes de defensa proyectados por Rojo resultaron eficaces. Madrid no cayó y su prestigio aumentó paulatinamente, convirtiéndose en una de las figuras más destacadas del Ejército Popular de la República, en cuya organización jugó un papel de primer orden. Como estratega destacó en la planificación y preparación de algunas de las operaciones militares más importantes de la guerra civil española (Brunete, Belchite, Teruel, El Ebro…). En marzo de 1937 ascendió al grado de coronel, y en mayo del mismo año, el gobierno Negrín le nombró jefe del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, ascendiéndolo a general en octubre de 1937.

Finalizada la guerra, Vicente Rojo partió al exilio, pasando por Francia, Argentina y Bolivia. Entre 1943 y 1945, dirigió la cátedra de Historia Militar y Arte de la Guerra en la Escuela de Estado Mayor de Bolivia, recibiendo importantes reconocimientos y galardones.

En 1957 decidió volver a España, donde fue juzgado por el delito de “Auxilio a la Rebelión” y condenado a treinta años de prisión, aunque sería indultado al año siguiente. Vicente Rojo vivió el resto de su vida privado de derechos civiles y completamente inhabilitado en su carrera militar, falleciendo en Madrid el 15 de junio de 1966.

De profundas convicciones católicas, mostró en todo momento una inquebrantable lealtad a la República. Vicente Rojo es, sin ninguna duda, uno de los militares españoles más importantes y prestigiosos del siglo XX. Escribió una serie de libros en los que recogió sus experiencias y reflexiones, que hoy en día constituyen referencias imprescindibles para el estudio de la guerra civil española: ¡Alerta los pueblos! (1939), ¡España heroica! (1961) y Así fue la defensa de Madrid (1967). De este último libro, hemos sacado una serie de interesantes análisis sobre la batalla de la carretera de La Coruña.

En el capítulo 5 de dicho libro, Vicente Rojo analiza el Ataque Indirecto a la capital y las maniobras enemigas contra el ala derecha de la defensa. Según señala, a finales de noviembre de 1936, los defensores ignoraban si Franco y sus generales habían renunciado realmente al ataque directo a Madrid, pero se temía que éstos decidieran llevar la acción a campo abierto, “donde su aptitud y posibilidades eran muy superiores a las nuestras, y en la que también era limitada nuestra capacidad de resistencia.”

Al analizar la primera fase de la batalla, la iniciada el 29 de noviembre en el sector de Húmera-Pozuelo de Alarcón, Rojo señala:

“Se caracterizó esta fase por su simplicidad, por la crudeza de la lucha y por su rápido y rotundo fracaso, ya que el ataque se estrelló sin alcanzar el objetivo que se había propuesto.(…) La defensa acudió prontamente a sus puestos de combate, batiéndose en las posiciones situadas al sur de Húmera y Pozuelo, organizadas fuertemente para resistir a todo trance.

La calidad de esas posiciones, naturalmente fuertes, y el ardor con que se batieron nuestras milicias, que no habían sido víctimas de la sorpresa, permitió, juntamente con enérgicos contraataques muy bien apoyados por la masa artillera de la defensa de Madrid, que el enemigo no lograse pasar del cementerio de Pozuelo, ni ocupar Húmera, sufriendo gran número de bajas.

El ataque no había sorprendido al Comando porque nuestra red de observación había acusado la llegada de fuerzas al sector, los movimientos que se llevaban a cabo en la retaguardia orientados hacia esa zona y la dislocación de unidades en su despliegue, incluso de la Artillería.

(…) Desde las primeras jornadas, la lucha fue durísima por la potencia del ataque y el apoyo artillero y aéreo, pero solo en pequeños trozos de frente y en objetivos intrascendentes, el asaltante lograba aplastar la defensa que se reconstruía rápidamente. A la Infantería correspondió llevar a cabo una resistencia tenacísima: resistir de esta manera y contraatacar sistemáticamente, fueron las ideas matrices con que nos condujimos; y favorecía su realización el terreno ondulado y relativamente bien organizado en que nos apoyábamos. La Artillería de la defensa, sólo con leves alteraciones de algunos asentamientos, pudo apoyarnos muy eficazmente y contrarrestar a los Carros de combate.

La simplicidad de nuestra maniobra, como acaba de verse, no podía ser mayor. Sistemáticamente habíamos renunciado a las “segundas posiciones” de que el combatiente pudiera tener referencias, para que no le sedujese instintivamente la idea de ampararse en ellas.

Tales sistemas de posiciones pueden ser correctos en campo abierto, pero en la defensa de Madrid los juzgábamos inadmisibles. Opuestamente interesaba mantener despierto el espíritu de reacción por el contraataque. Gracias a ello se realizaron con frecuencia, y en muchos casos con eficacia.

(…) En fin, ya fuera por falta de reservas del atacante o por el vigor la defensa, lo cierto es que los días uno o dos de diciembre podía considerarse fracasado el nuevo ataque enemigo, aunque la lucha continuara algunos días más.”

En el análisis que Vicente Rojo realiza en su libro sobre la segunda fase de la batalla, iniciada a mediados de diciembre en el sector de Boadilla del Monte, podemos leer:

“Naturalmente, los defensores desconocíamos entonces los propósitos del adversario, la trascendencia que pudiera atribuir a su maniobra y la potencialidad que iban a aplicar a ella. Fueron las realidades de la propia lucha las que nos harían comprender la magnitud del peligro que iba a pesar sobre la totalidad del frente defensivo, en el largo mes que tuvo de duración la maniobra que vamos a examinar.

(…) Aun a sabiendas de que no bastaría, la consigna dada a las guarniciones atacadas fue la misma que en la fase anterior: Resistir y contraatacar: Era simple. Tal vez rutinaria expresión de que no teníamos una visión clara del problema táctico que acababa de ser planteado; pero considerábamos muy peligroso montar a ciegas una reacción maniobrando con reservas, cuya capacidad de acción en campo abierto se estimaba muy dudosa.

(…) Nuestro esfuerzo de resistencia solo podía hacerse muy localizadamente. Desde el comienzo de la batalla de Madrid esa porción del frente de maniobra estuvo muy descuidada en cuanto a fuerzas y fortificaciones, por el hecho de que todo el esfuerzo del atacante se había aplicado íntegramente y en forma directa sobre la capital.

Nuestra organización defensiva era allí defectuosa e incompleta. Se trataba de un sistema de caseríos sin conexión; de algún punto orográficamente fuerte, pero fortificado a la ligera, y de algunas manchas de bosque, utilizables para apoyar la resistencia (…) Nuestras tropas en ese frente eran escasas y poco selectas en razón de que hasta entonces lo mejor se había empeñado en el frente de la capital, y de que se trataba de una zona relativamente pasiva desde el 6 de noviembre.

(…) Las jornadas más duras fueron las comprendidas entre los días 15 y 22, que corresponden a la pérdida de ese poblado y a los contraataques que le siguieron.”

El 3 de enero de 1937 comienza el tercer y definitivo intento de las tropas nacionales por alcanzar la carretera de La Coruña. De aquellos días, Rojo escribe:

“Cuando el ataque había llegado a un punto de culminación con la ocupación de Las Rozas, se produjo en la defensa una grave crisis, que sin duda no pudo apreciar el atacante por la forma regularizada con que se conducía (un tanto a despecho de las variables posibilidades de la defensa) necesariamente cauteloso.

Prácticamente había quedado desarticulado nuestro Sistema de Fuerzas; en algunos lugares nuestras tropas se desplegaban desordenadamente, y sólo por la energía de algunos jefes se pudo rehacer eventualmente aquel sistema.

(…) También es cierto que en ese tiempo nuestra situación llegó a ser angustiosa en cuanto a las posibilidades para alimentar la lucha. No había transcurrido en balde dos meses de combate incesante. Nuestras reservas de municiones estaban prácticamente agotadas. Para relevar a las tropas desgastadas aquellos días algunas unidades de reserva entraron en línea con la modesta dotación de 20 cartuchos por plaza, y órdenes severísimas de restringir el consumo al máximo.”

Hasta aquí, unos simples retazos del libro “Así fue la defensa de Madrid”. No queremos extendernos más en este blog. Animamos, a todo aquel que desee profundizar en el estudio o conocimiento de la guerra civil española, a la lectura de los libros escritos por el general Vicente Rojo.

Para quienes quieran conocer más sobre su vida, recomendamos los siguientes títulos: “Vicente Rojo. Retrato de un general republicano”, escrito por su nieto, J. A. Rojo (Tusquets, 2006); “Vicente Rojo, el general que humilló a Franco”, de C. Blanco Escolá (Planeta, 2003) o “General Vicente Rojo: mi verdad”, escrito por J. Fernández López y prologado por G. Cardona (Mira Editores, 2004).

Despedimos este apartado con la reflexión que Vicente Rojo realiza en la introducción de “Así fue la defensa de Madrid”:

“Confío que venideras generaciones, algún día, cuando se haya restaurado insensiblemente el sentido de la fraternidad, hija legítima del mandato divino de amor al prójimo, sabrán sin que nadie se lo explique ni se lo imponga, que hay que descubrirse ante todos los muertos y rezar por todos los muertos de aquella magna guerra española, en la que todos, engañados o no, se batieron abnegadamente, y porque todos lucharon por una España mejor, más digna, más culta y más libre.”

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

martes, 23 de febrero de 2010

71) ALGO SE MUEVE EN POZUELO




El noroeste madrileño: una serie de municipios que en las últimas décadas han experimentado un espectacular crecimiento. Pero un crecimiento y un desarrollo de espaldas a su Pasado, a su Historia, a su Identidad,

A golpe de plan urbanístico, recalificación de terrenos, ladrillo, hormigón y asfalto, estos pueblos parecen haber terminado renunciando a su personalidad, a su memoria. La fiebre constructora de muchos ayuntamientos se ha llevado por delante todo lo que ha pillado a su paso, sin atender a otros intereses que los del dinero fácil y rápido.

Especulación, corrupción, vulgaridad, amnesia… camuflado todo ello en una ordinaria escenografía, en una especie de chabacano decorado formado por clónicas urbanizaciones, rotondas ajardinadas, centros comerciales, proyectos absurdos y despilfarro a mansalva.

Un asco de realidad en la que todo es igual a todo, como si los diferentes pueblos del noroeste hubieran sido cortados por el mismo patrón, un patrón tedioso y alienante.

Sin embargo, de vez en cuando, aquí y allá, aparecen discordancias que desentonan con el patético y aburrido escenario de cartón piedra al que nos tienen acostumbrados por estos lares.

Afortunadamente, aun hay gente que intenta dar salida a inquietudes y proyectos, que procura buscar alternativas, presentar y desarrollar ideas propias, reinventar su tiempo de ocio y plantear un Presente que tenga en cuenta el Pasado del que venimos, única manera de poder entender el momento que nos ha tocado vivir.

En este mes de febrero de 2010, la Asociación Cultural Potemkin, de Pozuelo de Alarcón, ha tenido la atrevida idea de organizar, en el Centro Cívico Cultural “El Foro” , una exposición fotográfica sobre la guerra civil en el noroeste de Madrid. A través de una cuidada selección de imágenes, muchas personas han podido encontrarse con esta página de nuestra Historia reciente.

Dicha exposición se clausuró, el pasado viernes 19 de febrero, con una charla-debate sobre la contienda en el noroeste de Madrid y las fortificaciones existentes en la zona. Los ponentes fueron:

-Ricardo Castellano (Colectivo Guadarrama), que habló, desde su experiencia y metodología, sobre la historia de las fortificaciones, su evolución y necesaria preservación.

-Juan Manuel Riesgo (Catedrático de Historia Contemporánea), que hizo una interesante lectura de un relato de Manuel Montilla, combatiente republicano en la batalla de Pozuelo (noviembre 1936).

-Javier M. Calvo Martínez (Blog “Frente de Batalla”), que realizó una pequeña exposición sobre la batalla de la carretera de La Coruña (nov. 36/ene. 37).

Desde este blog queremos dar las gracias a todos los asistentes y transmitir nuestra enhorabuena a la Asociación Potemkin por tan interesante iniciativa. Esperamos que, a pesar de las múltiples dificultades con las que suelen encontrarse todas las ideas que se salen de la norma oficial, encuentren la manera de poder seguir desarrollando sus proyectos e inquietudes, contribuyendo a enriquecer el monolítico panorama cultural del noroeste madrileño.


"PROYECTO FRENTE DE BATALLA"

Fotografías: Dos perspectivas del acto de clausura celebrado el 19 de febrero de 2010, en el Foro de Pozuelo.

martes, 16 de febrero de 2010

70) GANAR LA INICIATIVA



A finales de noviembre de 1936, la situación sigue siendo muy difícil para los defensores de Madrid, pero un nuevo espíritu comienza a manifestarse. La ciudad no ha caído, después de más de quince días de combates ininterrumpidos, Madrid, contra todo pronóstico, resiste.

El día 23 de noviembre, los nacionales, tras reunirse Franco con sus generales en Leganés, han decidido suspender el ataque directo a la capital y trasladar los combates al flanco izquierdo de su dispositivo. El objetivo es ocupar Pozuelo y Aravaca para alcanzar la carretera de La Coruña, ocupando las alturas de la Cuesta de las Perdices y aliviar la delicada situación en que se encuentran sus vanguardias en la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria.

El 29 de noviembre comienza el ataque dirigido por el general Varela, pero las tres columnas nacionales (Bartomeu, Siro Alonso y Gavilán) son frenadas frente a Pozuelo, desgastándose durante varios días en una lucha estéril y sin mayores resultados.

Los legionarios y regulares de Varela se ven enmarañados entre las ruinas de la Colonia de la Paz, el cementerio de Pozuelo y el edificio del sanatorio de Bellas Vistas, frente a Húmera. Los hombres de la III Brigada Mixta, comandada por José María Galán, castigan eficazmente a sus adversarios, aunque eso sí, a costa de un enorme desgaste.

Las cosas se complican día a día para las tropas de Franco. En la Ciudad Universitaria y muy especialmente en el Hospital Clínico, la situación es crítica. Sólo un férreo espíritu combativo parece mantener estas posiciones. Las tropas de la Casa de Campo ven seriamente amenazados sus flancos, una amenaza que se extiende a la carretera de Extremadura y que puede suponer un peligroso envolvimiento por parte del enemigo. La operación desarrollada en Pozuelo para mejorar esta situación ha sido neutralizada, sus tropas son incapaces de seguir avanzando.

El Alto Mando republicano ve la ocasión de pasar a la acción. Es el momento de ganar la iniciativa. Hay que golpear en los puntos débiles del enemigo, que por otra parte, son también los más peligrosos para los defensores de Madrid. El día 1 de diciembre, mientras la III Brigada Mixta resiste a costa de muchas bajas en el sector de Pozuelo (ese día su jefe, J. M. Galán resultaría herido en los combates), se ordena el ataque al Garabitas, verdadera atalaya natural de la Casa de Campo que, desde el 9 de noviembre permanecía en poder de los nacionales, convertido en un poderoso bastión de combate y en uno de los más importantes observatorios de la artillería que diariamente castiga a Madrid.

A la vez, y como complemento de esta acción, se proyecta otro ataque sobre el Cementerio de Empleados, también en la Casa de Campo y se ordena presionar con fuerza sobre la Ciudad Universitaria. Sobre estos ataques, Martínez Bande dice:

“El espíritu ofensivo-defensivo del general Miaja y el teniente coronel Rojo se mostró aquí inmediatamente, dando para el día 1 de diciembre una orden, en la cual y bajo el mando conjunto del teniente coronel Carlos Romero, dos fuerzas deberían atacar la Casa de Campo desde el Norte y el Este: la del comandante Vega en dirección Cementerio y la Brigada X, del comandante Palacios, sobre Garabitas; a la vez que tropas del teniente coronel Ortega (Brigada Y) presionarían sobre el Hospital Clínico.

El ataque, en el que tomó parte un buen número de baterías y un tren blindado, fracasó. Las unidades de Palacios, reforzadas con algún batallón de la XII Brigada Internacional, pusieron pie en la llamada Casa Quemada, retrocediendo luego, y las fuerzas de Vega alcanzaron el Cementerio, pero teniendo que abandonarlo en la misma jornada. Hubo bastantes bajas.” (J. M. Martínez Bande. “La lucha en torno a Madrid”, Edt. San Martín, Madrid, 1984, p. 49).

Los republicanos lo intentan, pero chocan con una tenaz resistencia de las tropas nacionales que, una vez más, demuestran una enorme capacidad para defender sus posiciones a toda costa. Jornada a jornada, la guerra se muestra más fiera en el frente de Madrid, produciéndose numerosos episodios heroicos en uno y otro ejército. Sobre la dureza de los combates del 1 de diciembre en la Casa de Campo, Jorge M. Reverte escribe:

“El ataque republicano sobre Casa Quemada y Garabitas, en la zona ocupada por la columna Bartomeu, es de una violencia extrema. La artillería hace una preparación de once horas sobre las posiciones carlistas de Casa Quemada, donde una sección de avanzada del tercio de requetés de El Alcázar aguanta horas de bombardeo. No queda vivo ninguno de sus miembros. Pero han ganado el tiempo suficiente para que las tropas de reserva suturen la posible ruptura del frente.” (Reverte, J. M. "La Batalla de Madrid", Crítica, Barcelona, 2004, p. 383)

En los ataques de la Casa de Campo, morirán dos de los más populares brigadistas: los alemanes Hans Beimler y Louis Schuster, integrados en la XII Brigada Internacional. Beimler había sido diputado comunista en el Reichstag, hasta el ascenso del nazismo, momento en que fue confinado en el campo de concentración de Dacahau, de donde logró escapar poco antes de la fecha de su ejecución. Fue de los primeros brigadistas que llegaron a España, convirtiéndose en comisario político del batallón Thälman. Su nombre acabó dando nombre a otro batallón de la XI Brigada Internacional (formado por escandinavos, alemanes y catalanes).

El día 2 de diciembre Miaja manda a sus tropas mantenerse a la defensiva en espera de poder reanudar los ataques de la jornada anterior. A la vez, se ordena organizar urgentemente una fuerte línea de resistencia apoyada en las organizaciones existentes al Oeste y Norte de Casa Quemada, linderos al Sur de la Estación de Pozuelo y Cerro Gansino. Detrás de esta línea se establecería una segunda que asegurara el control de la carretera de La Coruña.

Los combates no cesan en el Oeste de Madrid. Ataque, contraataque, una y otra vez, sin pausa ni tregua. Un constante desgaste de tropas embebidas en luchas sin cuartel. El frente de Madrid se hace cada día más duro y sólido. Un frente de trincheras encharcadas, de laberínticas ruinas, de soldados embarrados, de cadáveres abandonados en la tierra de nadie. Combates en las espesuras de la Casa de Campo, en las rampas del Parque del Oeste, en las edificaciones de la Universitaria, entre las ruinas de Pozuelo…

Combatir y organizar. Luchar y resistir. Atacar y defender… Hay que ganar la iniciativa, evitar que el enemigo se crezca. Neutralizar los golpes recibidos y reaccionar con contundencia. Así se combatía en Madrid en los últimos días de 1936, sin pausa, sin tregua y sin piedad.


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ


Fotografía: Restos del antiguo Cementerio de Empleados (Casa de Campo) en la actualidad (JMCM)

lunes, 8 de febrero de 2010

69) UBI SUNT




El “Ubi Sunt”, que literalmente significa “¿Dónde están?, constituyó un estilo literario muy utilizado durante la Baja Edad Media. Los orígenes de esta tradición son remotos, encontrando diversas referencias suyas en textos de la Antigüedad Clásica.

En esencia, el ubi sunt consistía en interrogarse por el destino de las cosas. Para ello se solía pasar revista a importantes acontecimientos del Pasado, a grandes personajes de la Historia y sus hazañas, preguntándose que había quedado de todo aquello.

La pregunta quedaba en el aire, sin encontrar respuesta. Se pretendía así causar un efecto psicológico sobre el receptor. La ausencia de contestación pretendía evidenciar la caducidad de las cosas terrenales. La fugacidad de la vida y lo relativo que acaba resultando todo lo concerniente al ser humano: la fama, la gloria, los sentimientos, las pasiones… La certeza de que todo se acaba, de que nada es eterno. La seguridad de que el olvido lo acaba envolviendo todo.

En la literatura en lengua castellana contamos con varios ejemplos (Cancionero de Baena, el Arcipreste de Hita…), pero sin duda, el caso más emblemático y significativo, lo representa Jorge Manrique con sus “Coplas a la muerte de su padre” (1477), en donde, desde la copla 16 a la 22, el ubi sunt aparece de forma clara:

¿Qué se hizo el rey don Juan?

Los Infantes de Aragón,

¿qué se hizieron?

¿Qué fue de tanto galán?

¿Qué fue de tanta invención

como traxieron?


¿Qué se hicieron las damas,

sus tocados, sus vestidos,

sus olores?

¿Qué se hizieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?


Diferentes autores han recuperado esta tradición a lo largo de la Historia, actualizándola y adaptándola a su tiempo, como Jorge Luís Borges, que la recoge en alguno de sus poemas:

Dónde están los que salieron

a libertar las naciones

o afrontaron en el Sur

las lanzas de los malones?

Dónde están los que a la guerra

marchaban en batallones?

Dónde están los que morían

en otras revoluciones?

(J. L. Borges, “¿Dónde se habrán ido?”)

También el rock and roll ha echado mano del ubi sunt, y en nuestro país podemos encontrar ejemplos como alguna estrofa de la canción de Loquillo y los Trogloditas "¿Dónde estabas tú en el 77?", o el tema del grupo 091 "¿Qué fue del siglo XX?", cuya letra entera es un ubi sunt en estado puro.

El interés que desde hace tiempo me suscita la guerra civil me ha hecho reflexionar muchas veces sobre ésta desde la perspectiva del ubi sunt, haciéndome la inevitable pregunta, ¿Qué ha quedado de todo aquello?

¿Qué fue de las ideas que impulsaron a los unos y a los otros a matarse por defenderlas? ¿Quién se acuerda de los que se vieron inmersos en esa tragedia? ¿Dónde fueron a parar sus miedos, sus deseos, sus emociones, pasiones y penas?

He visto los antiguos campos de batalla repletos de escombros y desperdicios. He paseado entre trincheras casi desaparecidas. He visitado fortines ruinosos y he encontrado restos de aquellos días (balas, metralla…), que mucha gente ve como simple chatarra.

Cada bando enfrentado creó su propia épica y mitología: las milicias del pueblo, los novios de la Muerte, los poetas recitando en los frentes, los asaltos a la bayoneta, los dinamiteros que a cuerpo se enfrentaban a los carros de combate, la guerra de minas…

Lugares que durante mucho tiempo sonaron a guerra: el Vértice Cumbre, la Posición Rubio, Casa Camorra, Bar Anita, Romanillos, el Mosquito, la Bellota, castillo de Villafranca, la Loma Fortificada y la Artillera, Palacio de Boadilla, cementerio de Pozuelo

Unidades de combate cuyos nombres se van olvidando: el Batallón Thaelman, la IV Bandera de la Legión, el Comuna de París, el VI Tabor de Tetuán, la Columna Barceló, la 111ª Brigada Mixta, la 20 División Nacional…

Y protagonistas de aquellos lejanos días. Conocidos unos: Varela, Vicente Rojo, Barrón, Iruretagoyena, Lister, Mera, Asensio, Miaja, Hans, Buruaga, García Escámez, Durán, Kleber… aunque anónimos y desconocidos la inmensa mayoría de ellos.

¿Qué quedo de aquello? ¿Para qué sirvió? ¿Quién lo recuerda? ¿Dónde están?

Dicen que la memoria es el antídoto contra el olvido, pero el olvido, el paso del tiempo, acostumbran a mostrarse implacables, inexorables y crueles con esa memoria, hasta que terminan por hacerla desaparecer del todo, o casi del todo.


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ


Fotografía: Restos de munición encontrada en una trinchera republicana en Las Rozas (JMCM)

viernes, 29 de enero de 2010

68) CASA CAMORRA (2ª PARTE)





En una entrada anterior de este blog, publicada el 14 de octubre de 2009, con el título “CASA CAMORRA”, presentábamos un importante golpe de mano llevado a cabo por tropas de la 20 División Nacional en la Cuesta de las Perdices.

En esta acción, desarrollada el 27 de agosto de 1938, los nacionales consiguieron arrebatar a los republicanos una serie de edificios frente al restaurante “Casa Camorra”. Los contraataques se sucedieron durante varios días, pero a pesar de lograr algunos éxitos parciales, los republicanos no conseguirían recuperar las posiciones perdidas.

Ya hemos señalado en diferentes momentos lo extremadamente duro y confuso que resultaba el frente en el sector de la Cuesta de las Perdices. En los combates de enero de 1937, el avance franquista había sido definitivamente frenado en este punto, en parte por la férrea resistencia republicana, en parte por el agotamiento físico y material de las columnas asaltantes.

Aparentemente, los franquistas dominaban el sector, contando para ello con el apoyo de los fuegos del Cerro del Águila y del Garabitas, pero la realidad era más compleja. En la zona existían abundantes edificaciones de las que no habían podido ser desalojados los republicanos. Esto provocaba una situación confusa e inestable. Los edificios de un lado de la carretera de La Coruña eran controlados por los unos, mientras que enfrente, a muy escasos metros, se situaban los otros.

Aquí, la tierra de nadie era una mera referencia que día a día oscilaba y se modificaba en función de pequeños golpes de mano, guerra de minas, y acciones de descubierta. Los informes del Ejército Nacional fechados en los primeros meses de 1937 lo señalan de manera reiterativa y hablan de “una línea mala y artificiosa”:

“Punto débil del sector es la Cuesta de las Perdices, con una intrincada maraña de chalets y edificaciones imposibles todas de ocupar por falta de fuerzas, e imposible de ocupar en la actualidad porque establecida la línea en el lugar en donde actualmente se encuentra, que es el mismo donde terminó la operación, hay que aceptarla con todos los inconvenientes, que no son pocos (…)

Además, las diferentes edificaciones que se extienden en esa bolsa hasta la carretera de La Coruña están tomadas por el enemigo y enlazadas por trincheras y ramales que facilitan no solo la comunicación sino la situación en ellas de fuerzas con fácil desembocadura en los ataques.”

Junto a estas observaciones, los informes señalaban el grave problema que supondría una ruptura del frente en este punto por parte del enemigo:

“La rotura de la línea por este punto, facilitaría el acceso a la retaguardia de nuestra División y a la Casa de Campo por un camino natural y fácil, cual es, el Arroyo Pozuelo”.

Estas circustancias no pasarán desapercibidas al Alto Mando republicano. Por ello, será precisamente este sector el elegido, en abril de 1937, para desencadenar una poderosa ofensiva que algunos han denominado “Operación Garabitas”. Una ofensiva de la que hablaremos en este blog, pero de la que ya adelantamos que terminó en un rotundo y sangriento fracaso del bisoño Ejército Popular de la República.

Como vemos, la Cuesta de las Perdices fue un punto especialmente convulso y agitado a lo largo de toda la guerra. Pero volvamos al golpe de mano del que hablábamos al principio, el desarrollado por tropas nacionales el 27 de agosto de 1938.

La perdida de estas posiciones no dejó indiferentes a los mandos republicanos del sector. Por el contrario, como ya hemos señalado, consideraron una necesidad de primer orden recuperarlas y para ello desencadenaron diferentes contraataques que a punto estuvieron de lograr su objetivo, pero que finalmente terminaron en fracaso.

Pocos días después, una “Instrucción Reservada” es enviada a los diferentes Jefes de Batallón que cubren este sector del frente. Aunque hay algunos datos que no coinciden con los del informe de las tropas nacionales que protagonizaron el golpe de mano del que estamos hablando, en esta "Instrucción Reservada" se hace alusión a un ataque enemigo el mismo día y en el mismo lugar, por lo que pienso que puede referirse al mismo episodio. En este documento, no sin cierto tono duro por parte del Mando republicano, podemos leer:

“ (…) Hago una exposición de opiniones particulares mías y recomiendo sean tenidas en cuenta en evitación de acontecimientos que demostrarían ineficacia de las precauciones que se toman, y transmito a Vds. Jefes de Batallones, para que no tenga éxito cualquier intento del enemigo para hacernos prisioneros o quitarnos un metro de trinchera.

El enemigo inició su táctica de golpe de mano a posiciones propias en el Sector del Centro, empezando por Carabanchel, y se sucedieron dichos intentos corriéndose hacia el ala derecha. El último, en la noche del 27 de agosto, fue sobre nuestras posiciones de la Cuesta de las Perdices, arrebatándonos la Casa de Cuba y la Casa Amarilla.

El hecho de haberlas perdido demuestra ciertos errores que no deben ocurrir en las fuerzas a mi Mando. El golpe de mano enemigo fue precedido de preparación artillera y de mortero de diez minutos de duración, ocupando seguidamente las referidas posiciones con una sección. Al cabo de cuatro horas se realizó el contraataque propio que logró desalojar al enemigo, el cual se rehizo y de nuevo ocupó Casa de Cuba y Casa Amarilla.

Hubo los errores siguientes: Primero- El contraataque propio fue realizado por una sección, al mando de un teniente, previa preparación artillera y de mortero. El error consistió en que el oficial se excedió en el cumplimiento de la orden, puesto que ocupó la posición perdida y con toda su sección se lanzó a la persecución hasta tomar una posición enemiga, no cumpliendo la orden. Debió desalojar al enemigo de las posiciones que nos arrebató y organizar su defensa; en todo caso, la persecución debió hacerla con la mitad de sus efectivos cuanto más, o sea, un pelotón, y al otro pelotón haberle dado la misión de organizarse y defenderse. Segundo- El contraataque propio se hizo cuatro horas después y sin que se comunicara con prontitud y exactitud al Mando Superior los hechos y situación. Tercero- No se hizo un empleo debido de las reservas.”

La “Instrucción Reservada” continúa señalando cual debía haber sido la correcta actuación de las tropas implicadas, recalcando claramente como tenía que haberse comportado el oficial al mando. Para ello, hace una alusión directa a ciertos artículos del “Reglamento Táctico de Infantería” y ordena:

“La presente instrucción será leída y comentada entre los Jefes de Compañías y sus Jefes de Sección cuantas veces sea necesario para llegar a un perfecto acuerdo. Se determinarán los lugares de posible infiltración enemiga, medidas a tomar en caso de un golpe de mano enemigo, fuerzas que han de realizar el contraataque, lugar de concentración de estas fuerzas en un plazo máximo de quince minutos, itinerario a seguir para recuperar cualquier posición perdida y posible persecución siempre que nuestras fuerzas nos lo permitan.”

Y termina señalando que: “el incumplimiento de una orden por un teniente de sección, por una parte, y el no atender a las prescripciones reglamentarias por otra, han motivado, en este caso concreto, el no haber podido recuperar definitivamente las posiciones perdidas.”

Advirtiendo que no se consentirán posibles errores o insubordinaciones futuras.

Como vemos, muy avanzado 1938, el Ejército Popular de la República, seguía arrastrando importantes deficiencias: descoordinación, improvisación, incumplimiento de órdenes superiores… Muchas veces, el arrojo y espíritu de sacrificio de sus soldados se veían neutralizados por una incorrecta puesta en práctica de los fundamentos básicos de la táctica y la estrategia.

Con todo, y como no podía ser de otra manera, los republicanos no renunciaron a recuperar las posiciones perdidas. Cada palmo de terreno se peleaba hasta sus últimas consecuencias, y así, en el “ABC” de Madrid, publicado el 4 de septiembre de 1938 podemos leer:

“UNA FELIZ OPERACIÓN EN LA CUESTA DE LAS PERDICES”

“(…) en las operaciones que se llevan a cabo en la Cuesta de las Perdices el enemigo sufrió ayer un serio castigo. En la madrugada última fue volada una mina, hábil y rápidamente preparada, que en cortos instantes terminó en destruir el Moto Club, de la colonia cubana, conocido por el nombre de Casa de Cuba, que los facciosos habían convertido en observatorio y depósito de material. El enemigo sufrió considerable número de bajas.

La eficaz operación nos ha permitido ocupar nuevamente posiciones que fueron nuestras, y que mejoran notablemente la situación en dicho sector.”

Ataques, contraataques, golpes de mano, voladura de minas, combates cuerpo a cuerpo, muertos, heridos, prisioneros, edificios en ruinas, explosiones, ráfagas de ametralladoras y balas perdidas y traicioneras. En los meses que duró la guerra, la Cuesta de las Perdices, en otro tiempo lugar de agradables restaurantes y merenderos, zona de colonias residenciales y “hotelitos”, se transformó en cruento campo de batalla, en un terrible escenario de guerra de trincheras que causo cientos de bajas.

La destrucción lo inundó todo: construcciones deshechas, árboles reventados por las explosiones, alambradas de espino entrelazadas con las antiguas cercas y vallas, laberínticas trincheras, profundos cráteres causados por las temidas minas, cadáveres descomponiéndose en la tierra de nadie...

Todo ello, en un sector del frente en el que las posiciones de cada bando enfrentado llegaban a estar increíblemente cerca las unas de las otras.


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ


Fotografía 1) Zona de chalets en la carretera de La Coruña. A un lado los unos, en frente los otros (1937).
Fotografía 2) Cuesta de las Perdices (1937).

Documentación procedente del AGMA

domingo, 24 de enero de 2010

67) VISITA A LA LÍNEA DEL FRENTE



El domingo 24 de enero de 2010, convocada por GEFREMA  (Grupo de Estudios del Frente de Madrid), se desarrolló una nueva ruta por los escenarios de la guerra civil en Las Rozas.

En esta ocasión, la zona elegida fue La Puentecilla, en donde sobreviven abundantes restos de fortificaciones republicanas. Aunque el tiempo amenazaba lluvia, pronto comenzó a abrir y los algo más de veinte asistentes pudimos disfrutar de un interesante recorrido.

Esta ruta ha sido resultado de la colaboración entre José Ignacio Fernández Bazán, Guillermo Poza Madera y Javier M. Calvo Martínez. La jornada se ha querido dedicar a la memoria de José Ignacio Piñuelo, socio de GEFREMA y entusiasta estudioso de la guerra civil en Madrid, recientemente fallecido.

En esta ruta, además de abundantes restos de atrincheramientos, se han visitado un total de nueve nidos de ametralladoras en diverso estado de conservación. Las posiciones visitadas, de las que pronto hablaremos más extensamente en este blog, corresponden a los trabajos de fortificación que el II Cuerpo de Ejército Republicano realizó en esta zona desde el verano de 1938.

A lo largo del recorrido, las explicaciones de los diferentes guías han podido ser ampliadas y complementadas por las aportaciones del resto de asistentes, lo que ha convertido la jornada en un enriquecedor intercambio de información y conocimientos.

Desde “Proyecto Frente de Batalla”, que ha colaborado principalmente en la localización de los restos visitados y en la explicación histórico-militar de los mismos, queremos agradecer, tanto a los organizadores de la ruta, como a los asistentes a la misma, su atención e interés.

Además del trabajo de estudio e investigación de la guerra civil en el noroeste de Madrid, en “Proyecto Frente de Batalla” siempre hemos creído importante trabajar en la difusión socio-cultural del mismo, para que cada vez más personas conozcan esta parte de nuestra Historia y sepan valorar los diferentes restos que de ella se conservan. Por ello, esperamos que iniciativas de este tipo sigan realizándose.


"PROYECTO FRENTE DE BATALLA"

Fotografía: Un momento de la ruta del domingo 24 de enero de 2010 (JMCM)

viernes, 15 de enero de 2010

66) DEHESA DE NAVALCARBÓN






A unos tres kilómetros al noroeste del pueblo de Las Rozas, en el kilómetro 21 de la carretera de La Coruña, se encuentra la Dehesa de Navalcarbón. Aunque muy alterada y deformada, sigue constituyendo un pequeño recuerdo de las dehesas y montes poblados por robustas encinas, así como otras especies vegetales (quejidos, enebros, jaras, majuelos, retamas…) típicas de esta zona y que, en la actualidad, prácticamente han desaparecido por la utilización que se ha hecho del suelo, principalmente con fines urbanísticos.

Este bosquecillo, que figura en multitud de mapas antiguos con el nombre de Dehesa de Las Rozas, es mencionada ya en el capítulo 24 de las “Relaciones” de Felipe II (1576) y en el Catastro del marqués de la Ensenada (1749), donde recibe el nombre de Dehesa Vieja. Su nombre de Navalcarbón, como el ya en desuso de Valdeastillas con el que se conocía la zona que se extendía por el sur de la dehesa, hacen referencia a la existencia, en un tiempo ya remoto, de carboneras para la obtención de carbón vegetal. Una actividad que daría lugar a la pérdida de buena parte de las viejas encinas que en la antigüedad poblaban la dehesa.

Desde un punto de vista orográfico, la Dehesa de Las Rozas estaba integrada en una amplia zona denominada “Altos de la Carrascosa” (en Castilla, carrascosa se denomina a las zonas en las que abundan las carrascas, es decir, las encinas  jóvenes o de pequeño tamaño en su fase arbustiva), que se extendía, más o menos, desde la propia Dehesa hasta el Arroyo del Lazarejo, y que en la actualidad ha experimentado un espectacular impacto urbanístico.

A lo largo del tiempo, pero muy especialmente a partir de los años 40 del siglo pasado, en la Dehesa de Navalcarbón se han realizado diversas repoblaciones forestales, basadas principalmente en el pino piñonero, que han permitido que este bosquecillo se haya mantenido hasta nuestros días, aunque reconvertido en pinar, generalizándose por ello el uso del topónimo “Pinar de Las Rozas” para referirse a este lugar.

En los últimos años los planes de urbanismo han llegado hasta sus linderos, convirtiendo los alrededores en urbanizaciones, centros comerciales, carreteras, recinto ferial y polígono empresarial, lo que ha provocado que la Dehesa haya pasado de sus aires de pequeño bosque a los de una especie de parque grande semi-vallado, donde los vecinos de la zona acuden para realizar deporte, pasear o realizar meriendas (especialmente durante la tradicional romería de la Virgen del Retamar, patrona de Las Rozas, el primer domingo de mayo).

Otra actuación que ha supuesto un fuerte impacto para este viejo encinar ha sido la construcción de un canal navegable con fines deportivos. La idea se ha basado en la existencia de restos de un canal, el cual formaba parte de un ambicioso proyecto de finales del siglo XVIII por el que se pretendía, nada más y nada menos, que unir Madrid con el océano Atlántico a través de una vía navegable. De los 771 kilómetros que iba a tener este canal solo se construyeron los 25 primeros (correspondientes al Canal del Guadarrama), en concreto, los que iban desde la Presa del Gasco (cuyas ruinas se conservan en Molino de la Hoz, en los límites de los términos de Las Rozas, Galapagar y Torrelodones) hasta las proximidades del pueblo de Las Rozas. Tras años de múltiples dificultades, el proyecto quedó suspendido, y las obras fueron cayendo en el olvido y el abandono, pudiendo encontrarse hoy en día diversos restos del canal en diferentes puntos del municipio.
Por lo que se refiere a vestigios de la Guerra Civil, la Dehesa de Navalcarbón constituye un espacio privilegiado para los interesados en el estudio de la arquitectura militar. En su interior se han conservado numerosos restos de aquellos tiempos, convirtiendo el lugar en un magnífico conjunto histórico y arqueológico. Hasta la fecha se han podido catalogar un total de doce estructuras en muy diferentes estados de conservación. Además de estas construcciones, podemos encontrar numerosos trazados de atrincheramientos y otras huellas que señalan lo que fueron posiciones defensivas, alojamiento de tropas, almacenamientos, refugios, etc.

Todos estos elementos defensivos (la mayoría realizados por el Batallón de Zapadores del II Cuerpo y por la I ª Compañía del 55 Batallón de Obras y Fortificaciones) formaban parte de la denominada “Línea de Detención”, que el Ejército Popular de la República construyó en este Subsector del frente desde mediados/finales de 1938, y cuya defensa, en aquel momento correspondía a la 111 ª Brigada Mixta, adscrita a la 8ª División.

Como ya explicamos en otra ocasión, esta “Línea de Detención” consistía en un complejo entramado defensivo que se extendía a retaguardia de la primera línea del frente o línea principal de resistencia. Su función era frenar una posible rotura del frente por parte del enemigo. Para ello, se desarrollaba un intenso plan de obras y fortificaciones en un lugar estratégico en el que pudiera trabajarse con más eficacia y seguridad, lejos del constante hostigamiento enemigo de las primeras líneas que, lógicamente, intentaba dificultar e impedir el fortalecimiento del adversario.

Según un documento de la 8 ª División Republicana, fechado el 21 de febrero de 1939 (cerca de un mes antes de que terminase la guerra), esta “Línea de Detención” se extendía por:

“Ocho Hermanas-Palacio de Zarzuela-Portillera de Las Rozas-Casa de Castrejón-Casa Próculo-Alto de la Carrascosa-Vértice Lazarejo”

Y estaba constituida por ocho Centros de Resistencia, siendo el Centro de Resistencia n º 7, en el que estaban integradas, además de las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón, las que en la actualidad existen en Fuente del Cura y Nava los Santos (de las que hablaremos en otra ocasión).

Según este informe:

Desde el Alto de la Carrascosa hasta el Arroyo de la Retorna, hay construidos bastantes nidos de ametralladoras, en hormigón y en mampostería, así como otros en mampostería para fusil ametrallador. También existen trincheras en condiciones de ser ocupadas y algunos refugios, aunque insuficientes. Desde el Arroyo de la Retorna, hasta el Río Guadarrama, también existen ligeras organizaciones que actualmente se completan”.

Efectivamente, la mayor parte de las construcciones que hoy en día encontramos en la Dehesa de Navalcarbón son fortines de mampostería, variando su tamaño en función de que su uso fuera para ametralladora o para fusil ametrallador. Éstas fortificaciones están construidas principalmente con piedra granítica (también encontramos algunos sillares de caliza), hormigón y ladrillo macizo. La planta suele ser cuadrada con un frontal semicircular (tienen forma de D) en el que se abren entre una y tres troneras de tamaño variable.

Todos los fortines de este estilo han perdido total o parcialmente su gran cubierta con forma de caparazón y construidas en hormigón reforzado con cascajo de piedra. La causa principal de este deterioro está en la actividad chatarrera que tras la guerra se desarrolló en la casi totalidad de los frentes. La estructura interior metálica de muchas de estas construcciones suponía una sugerente fuente de ingresos en los penosos años de la posguerra, siendo ésta, la principal causa de su destrucción. La erosión, el abandono y el paso del tiempo han hecho el resto. Esta misma tipología de fortificación de mampostería la podemos encontrar en otros muchos puntos de Las Rozas, y puede decirse que constituye el modelo de fortín más característico de la 8ª División republicana.

También se conserva, muy deteriorada, una construcción en cuyos muros se combina la mampostería de granito con el hormigón armado, cuya tipología se diferencia claramente del resto. Se trata de un observatorio blindado, elemento muy importante en la organización del frente. Muy próxima al observatorio encontramos una pequeña y curiosa construcción de grandes sillares de caliza y planta cuadrada, correspondiente al puesto de mando de la posición

Pero sin duda, los fortines más emblemáticos de la Dehesa de Navalcarbón son, precisamente, los que se encuentran en mejor estado de conservación. Se trata de dos nidos de ametralladora de estructura cilíndrica, con la planta en forma de “ojo de cerradura”, construidos en hormigón armado. Tienen tres grandes troneras frontales y una más pequeña en un lateral trasero, frente a la entrada. En su interior se conserva una estructura de hormigón para la colocación de un arma automática. De éstos, el que se encuentra junto a la residencia tiene en su cubierta una inscripción grabada en el cemento fresco difícil de descifrar, pero en la que puede verse perfectamente “1938”. De esta misma tipología existe una construcción similar y en buen estado de conservación en Monte Rozas, en el lugar conocido como “Nava los Santos” (actuales terrenos de la UNED). Hay otra más en “Fuente del Cura”, pero este fortín, al contrario que sus compañeros, se encuentra totalmente destruido. Otro de estos fortines de hormigón aramado desapareció al construirse el centro comercial Rozas Village.

Junto a estas construcciones, que suelen resultar los restos más atractivos, podemos encontrar interesantes trazados de trincheras y otras huellas de donde debieron de ubicarse diversos parapetos y puestos excavados y reforzados con sacos terreros y otros elementos que no han soportado el paso del tiempo. Todas las fortificaciones estaban unidas por túneles, trincheras cubiertas y otros elementos que hoy sólo se conservan parcialmente.

Cortada la carretera de La Coruña tras los combates de enero de 1937, los republicaos tuvieron que buscar alternativas para mantener las comunicaciones entre la sierra y la capital y para abastecer los diferentes puntos del frente en este sector. Por ello, esta “Línea de Detención” tenía una gran importancia puesto que, además de constituir una segunda línea defensiva, aseguraba las vías de comunicación utilizadas por el II Cuerpo de Ejército. Dentro de este sistema de comunicación, los restos del viejo Canal del Guadarrama, convenientemente acondicionados como pistas militares, fueron muy útiles para el traslado de hombres y materiales a zonas muy próximas al frente.

No todas las posiciones de esta “Línea de Detención” (algunas bastantes kilómetros alejadas del frente) estaban permanentemente ocupadas por la tropa. Muchos puntos permanecían desguarnecidos, pero procurando mantenerlos en buenas condiciones de conservación por si las circunstancias hacían necesario su utilización.

Respecto a las fortificaciones de la actual Dehesa de Navalcarbón (muy próximas a lo que fue el frente), y según el mismo documento que mencionábamos antes, dos de los Batallones de la 111 ª Brigada Mixta que acostumbraban a permanecer en reserva, tenían destacados en el “Alto de la Carrascosa” dos Compañías cada uno, al objeto de ayudar al personal de Ingenieros en los trabajos de fortificación. El resto de la tropa de reserva permanecía en sus acantonamientos pero preparados para poder ocupar la “Línea de Detención” entre la carretera de La Coruña y el Vértice Lazarejo en un máximo de 15 minutos.

Los restos de la Dehesa de Navalcarbón, unidos a los existentes en Las Ceudas, Fuente del Cura y Nava los Santos, constituyen un impresionante conjunto de fortificaciones de la Guerra Civil. En un espacio relativamente pequeño y de agradable paseo, se conservan muchos elementos de lo que fue la “Línea de Detención” republicana en este sector del frente. Es una pena el poco interés que las diferentes administraciones e instituciones han mostrado hasta la fecha por este patrimonio histórico que, junto a otros muchos restos, convierte a Las Rozas en uno de los municipios madrileños más interesantes para el estudio de la arquitectura militar de la Guerra Civil.

Esperamos que este desinterés e indiferencia generalizada cambie lo antes posible y los importantes y numerosos restos que aun se conservan (posiblemente el patrimonio histórico más importante de los pueblos del noroeste madrileño) reciban la atención y consideración que se merecen.


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografías: Algunas de las construcciones existentes en la Dehesa de Navalcarbón (JMCM)

Documentación procedente del AGMA