Mostrando entradas con la etiqueta Asociación Histórico-Cultural Cierzo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Asociación Histórico-Cultural Cierzo. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de octubre de 2019

165) TRAS LAS HUELLAS DE LA GUERRA CIVIL. UN RECORRIDO POR LAS FORTIFICACIONES DE NAVALCARBÓN




Entre octubre y noviembre de 2017, dentro del Plan Regional de Fortificaciones de la Guerra Civil (1936-1939), desarrollado por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, se realizó la excavación arqueológica de las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón.

Esta intervención se basó en un proyecto elaborado por la Asociación Histórico-Cultural Cierzo, que desde el año 2012 viene realizando una intensa labor de investigación sobre la historia local del municipio de Las Rozas de Madrid y de catalogación y estudio de su patrimonio cultural, además de una continuada labor divulgativa por medio de rutas, exposiciones, conferencias, publicaciones y colaboraciones con otras entidades públicas y privadas.


Excavando las fortificaciones de Navalcarbón (oct.-nov. 2017). Fotografía de M. G. Isern.


Los trabajos de Navalcarbón fueron dirigidos por el arqueólogo David Urquiaga Cela (dirección técnica) y el historiador Javier M. Calvo Martínez (dirección científica), con la participación de los arqueólogos Raúl Flores Fernández y Lourdes Morales García, y de su desarrollo y resultados hemos dado ya amplia información en diferentes entradas del blog Frente de Batalla.

Terminados los trabajos arqueológicos, se han desarrollado una serie de intervenciones de restauración y acondicionamiento de las fortificaciones  (realización de accesos, limpieza de pintadas, consolidación de estructuras…), así como la colocación de nueve carteles explicativos, creándose un recorrido que permite visitar los restos más interesantes y conocer los datos más significativos para entender e interpretar adecuadamente estos vestigios del periodo bélico. En estas actuaciones han participado el equipo de arqueólogos Cota 660 y el restaurador Miguel Ángel López Marcos.


Una de las fotografías cenitales realizadas con dron por Francisco Pino.


Debemos mencionar también, por su desinteresada colaboración en este proyecto, a Mariano Gómez Isern, que realizó un amplio reportaje fotográfico durante los trabajos arqueológicos, y a Francisco Pino, que efectuó videos, fotografías y panorámicas con dron de todas las estructuras.

Todo ello ha quedado finalizado en el mes de agosto de 2019, pudiendo disfrutar ya de este importante conjunto de arquitectura militar, que supone un valor añadido a los múltiples encantos con los que ya cuenta la Dehesa de Navalcarbón, posiblemente, el espacio verde más emblemático del municipio de Las Rozas de Madrid.


Panel presentación instalado en la Dehesa de Navalcarbón.


Ejemplos de la señalética colocada junto a las fortificaciones.


Desde aquí, queremos mostrar nuestra satisfacción por haber contribuido a la recuperación de esta parte de nuestra historia, confiando en que sea del disfrute general y que, entre todos, seamos capaces de cuidar y valorar la riqueza patrimonial que existe en nuestro entorno más cercano.


Nosotros seguiremos trabajando por todo ello.

martes, 16 de julio de 2019

164) MATERIALES DEL PERIODO BÉLICO RECUPERADOS EN NAVALCARBÓN




Los trabajos arqueológicos desarrollados en la Dehesa de Navalcarbón en el mes de noviembre de 2017, dentro del Plan Regional de Fortificaciones de la Guerra Civil de la Comunidad de Madrid, permitieron recuperar un considerable número de materiales procedentes del periodo bélico.

En todas las estructuras en las que se ha trabajado (2 nidos de ametralladora de hormigón armado, 2 nidos de mampostería, 3 asentamientos de mampostería para fusil ametrallador, 1 observatorio blindado, 1 puesto de mando y 2 estructuras auxiliares) han aparecido diversos objetos, tanto en el interior de las fortificaciones como en su perímetro más próximo.

Estos materiales, algunos de los cuales ya han sido presentados en este blog, pueden agruparse en tres categorías diferentes:

Armamento.
Construcción.
Vida cotidiana.

Armamento:

A pesar de que la Dehesa de Navalcarbón no fuera escenario de batallas o combates, y que las fortificaciones construidas en ella formaran parte de la segunda línea defensiva del Ejército Popular de la República, alejada unos dos kilómetros de la primera línea de fuego y de contacto con el enemigo, en este lugar se empleó y acumuló una importante cantidad de armamento y material bélico.

Los servicios de recuperación del ejército, que al concluir el conflicto se encargaron de desactivar y limpiar de material de guerra las zonas en las que se habían establecidos posiciones defensivas, o la intensa actividad chatarrera desarrollada en esos mismos lugares  durante los años de posguerra, no han impedido que durante los trabajos arqueológicos desarrollados en Navalcarbón se haya recuperado un considerable número de restos de armamento.

Además de abundante metralla y de otros vestigios artilleros (espoletas y vasos de proyectiles), que evidencian el castigo al que era sometida la Dehesa de Navalcarbón durante la guerra por parte de la artillería, los restos de armamento más numerosos que han sido recuperados corresponden a cartuchería, de los que han aparecido ejemplos de diversos modelos y calibres en la mayor parte de las estructuras excavadas.

Localización de una vaina de Mauser 7 mm durante la excavación de una de las fortificaciones de Navalcarbón


En total, se han localizado 269 objetos: 40 cartuchos, 186 vainas, 22 balas y 21 peines. Estos hallazgos nos proporcionan interesante información sobre el tipo de fusiles y armas automáticas que pudo emplear la tropa desplegada en las posiciones de la Dehesa de Navalcarbón.

La munición recuperada corresponde a seis tipos: Mauser 7 mm (168), Mauser 7,92 mm (8), Mosin-Nagant (21), 303 British (28), Mannlicher (1) y 9 Largo (2). Para más información sobre este tipo de munición aparecido en las excavaciones visitar las entradas “Munición en la Dehesa de Navalcarbón” y “El calibre 9 mm Largo”.

En los marcajes que figuran en las vainas y cartuchos que pueden ser leídos (algunos son ilegibles por la corrosión, otros están montados en peines de los que no pueden ser extraídos o, simplemente, carecen de marcaje, aparecen 8 países de fabricación diferentes: España (30%), México (21%), Austria (15%), Grecia (10%), URSS (9%), Inglaterra (7%), Checoslovaquia (4%) y EUA (4%).

El país de fabricación que figura en los marcajes no tiene por qué indicar necesariamente que ese tipo de munición procediese directamente de esos lugares, ya que gran parte del material bélico llegaba a España por cauces no oficiales (proveedores clandestinos, operaciones secretas, contrabando, mercado negro…), especialmente, a partir de la firma del Pacto de No Intervención, el 9 de septiembre de 1936.


Acopio de vainas y cartuchos aparecido al excavar una de las estructuras auxiliares de Navalcarbón


Analizando  los marcajes identificados en la munición recuperada podemos sacar algunas conclusiones:

En buena parte de la munición de origen español (un 30% del material recuperado), y que básicamente corresponde al Mauser 7 mm (fusil reglamentario del Ejército Español desde 1893), figuran fechas muy anteriores al inicio de la Guerra Civil (1917, 1918, 1919, 1921, 1924, 1926, 1927), es decir, se trata de material bélico que, en algunos casos,  había permanecido cerca de dos décadas almacenado en los depósitos y arsenales militares. Por otro lado, y como es lógico al tratarse de posiciones del ejército republicano, las fechas de fabricación más próximas en el tiempo a la contienda que figuran en los marcajes (1933, 1935, 1936) se interrumpen en 1936, ya que, a partir de ese año, tanto las plantas de Pirotecnia Militar de Sevilla (PS), como las de la Fábrica Nacional de Toledo (FNT), dos de las tradicionales productoras nacionales, y cuyos marcajes aparecen en toda la munición de fabricación española localizada en Navalcarbón,  quedaron dentro de la zona sublevada y, por tanto, el gobierno de la República dejó de poder disponer de esos recursos.

Entre la munición aparecida en Navalcarbón destaca por su número la de origen mexicano (21% del material recuperado), correspondiente al Mauser 7 mm, con los marcajes México y FNC (Fábrica Nacional de Cartuchería) y con fechas de fabricación comprendidas entre 1930 y 1931. Es muy probable que esta munición provenga de los envíos de armamento que el gobierno mexicano, presidido por Lázaro Cárdenas, realizó en apoyo de la República española desde septiembre de 1936 hasta, por lo menos, septiembre de 1938, en momentos en los que otros países se negaban a hacerlo, al menos de manera abierta y reconocida.

Respecto a la munición de Mosin-Nagant, de origen soviético y que durante la Guerra Civil fue masivamente empleada por el Ejército Popular de la República, los restos recuperados en Navalcarbón suponen un 9% del total. Sus marcajes nos hablan de tres fábricas diferentes (Lugansk, Volodarskogo y Tula), y las fechas de producción que aparecen en los culotes van desde 1924 hasta 1936. Sabemos que, durante la Guerra Civil, la URSS vendió directamente a la República española grandes cantidades de armamento, pero también que utilizó como pantalla a otros países para este tipo de comercio. Aunque la URSS mandó material de guerra muy moderno, también aprovechó el conflicto español para deshacerse de todo el material bélico anticuado que guardaba desde hacía muchos años en sus arsenales.

Tanto la munición de origen inglés, como la fabricada en EEUU, que ha aparecido en Navalcarbón (un 7% y un 4% del total, respectivamente), corresponde íntegramente  al modelo 303 British (7,7 mm), y las fechas de fabricación que aparecen en los marcajes de sus culotes, comprendidas entre 1915 y 1918, demuestran que se trata de excedentes de la Primera Guerra Mundial  (1914-1918), muy probablemente, llegada a España por cauces no oficiales.

Clandestinamente debió de llegar también la munición del calibre 7,92 mm recuperada en Navalcarbón, casi toda ella producida en Checoslovaquia (4%) por  la fábrica Sellier & Bellot de Praga, con fechas comprendidas entre 1935 y 1936.

Mención especial merece la munición que ha aparecido con marcajes que indican una producción clandestina, o al menos discreta, por parte de algunos países, en un intento de burlar las prohibiciones impuestas por el Pacto de No Intervención. Dentro de esta categoría se encuentra toda la munición que ha aparecido para Mauser 7 mm con el marcaje XII 36B, fabricada en Grecia (10%) por la Fábrica de Pólvora y Cartuchería Helénica, en diciembre de 1936. También forma parte de esta categoría la totalidad de la munición de origen austriaco (15%) que se ha recuperado en Navalcarbón con el marcaje M, también para Mauser 7 mm, así como las vainas cuyos culotes carecen de marcaje.

El escaso número de restos de munición 9x23 Largo (1 cartucho y 2 vainas), todos ellos de fabricación española, entra dentro de lo normal, al constituir el tipo de munición empleado por armas cortas y, por tanto, de uso exclusivo de los oficiales.

Por último, la única vaina de Mannlicher que ha aparecido en Navalcarbón, fabricada en Austria en 1915, aunque podría indicar un empleo anecdótico o irrelevante de este tipo de munición, lo cierto es que solo con esa muestra no nos es posible sacar conclusiones.


Algunos de los peines-cargador para Mauser 7 mm y para Mauser 7,92 mm recuperados en Navalcarbón


Además de cartuchos y vainas, ha sido recuperado un considerable número de guías de cargador, conocidos como peines cuando tienen montados los cartuchos. Salvo dos peines y los restos de un tercero, correspondientes al modelo 303 British, la totalidad de los peines recuperados en Navalcarbón son para Mauser 7 mm (9) y para Mauser 7,92 mm (10). Todos los peines de 7,92 mm se encuentran muy dañados por la corrosión, por lo que resulta imposible apreciar ningún tipo de marcaje, sin embargo, en cinco de los peines para munición de 7 mm, se aprecia la inscripción México (4) y FNC (1). La escasez, o total ausencia, de otros modelos de peines puede deberse, como sucede con los modelos para 303 British o para Mosin-Nagant, a su destrucción por lo muy vulnerables que son a la corrosión.


 Vainas de Mauser 7 mm montadas en peines
Peine montado con cartuchos 303 British


Respecto a las balas, los modelos recuperados corresponden al 7 mm (7), 7,92 mm (5), 7,62 mm (6) y 7,7 mm (4), estas últimas engarzadas a fragmentos de golletes rotos, lo que significa rotura de los cartuchos. Es muy probable que muchas de estas balas no hayan sido disparadas, sino desengarzadas del gollete de la vaina voluntariamente o de manera fortuíta.

A modo de conclusión, creemos que los restos de cartuchería aparecidos en la Dehesa de Navalcarbón dan testimonio de una gran variedad de calibres (hasta 7 tipos diferentes). Ello nos hace intuir unas importantes complicaciones logísticas causadas por la considerable heterogeneidad de fusiles y armas automáticas que conformaban el armamento de la tropa que guarnecía estas posiciones. Los marcajes de la munición demuestran una amplia diversificación de naciones y proveedores, así como la existencia de diferentes cauces, tanto de carácter oficial como clandestinos, empleados para hacer llegar el material a España. Todo ello, reflejaría las dificultades que existían para equipar de armamento y abastecer de municiones a las tropas republicanas que, en la etapa final de la guerra, guarnecían el frente de Las Rozas.

Durante los trabajos de excavación se han recuperado también diferentes elementos pertenecientes a granadas de mortero de 50 mm, modelo Valero. En concreto, 2 ojivas, 2 cuerpos, 3 culotes de cartuchos de proyección y diversos fragmentos de ojiva, cuerpo, bandas de conducción y otros restos. Los lugares  en los que han aparecido los restos hace pensar que estos proyectiles no fueron disparados, sino inutilizados y abandonados en el mismo lugar en el que han aparecido, posiblemente, por los servicios militares de recuperación y desactivación de material de guerra que estuvieron trabajando en la zona al finalizar la contienda. Ver la entrada “Granadas de mortero Valero en Navalcarbón”.

Por último, se ha localizado un importante número de fragmentos de metralla, procedente de proyectiles artilleros de diferentes modelos y calibres. Ver la entrada “Del tiempo en el que las bombas estallaban en la Dehesa de Navalcarbón.”

Culo de una granada rompedora de 105 mm aparecido en Navalcarbón

Otro objeto curioso que hemos encontrado, y que podemos incluir en la categoría de armamento defensivo, es el filtro de una máscara antigás (ver la entrada “Guerra química”).

Construcción:

Lógicamente, una de las actividades más importantes realizadas en la Dehesa de Navalcarbón durante la Guerra Civil fue la construcción de todos los elementos que conformaron la posición allí establecida. No sólo las estructuras que son más visibles hoy en día, como los fortines y las trincheras, también un gran número de obras y construcciones auxiliares y complementarias, tales como refugios subterráneos, abrigos para la tropa, depósitos, etc., mucho menos consistentes y que han ido desapareciendo por efecto de la erosión y el paso del tiempo.

Además de los materiales con los que están construidos los fortines, como cemento, grandes piedras de granito, ladrillo o balasto de las vías del ferrocarril, y que han aparecido en gran cantidad durante las labores de desescombro y excavación de las estructuras, también se han recuperado muchos otros objetos y elementos relacionados con el proceso constructivo de las fortificaciones de Navalcarbón.

En líneas generales, la Guerra Civil fue una guerra de pocos recursos, por lo que las unidades que realizaban trabajos de fortificación procuraban aprovechar al máximo los medios que les proporcionaban las mismas zonas en las que trabajaban. En Las Rozas de Madrid, y las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón no fueron una excepción, fue especialmente significativo el aprovechamiento que el ejército republicano  hizo de los materiales provenientes de las infraestructuras ferroviarias que existían en la zona del municipio bajo su control, especialmente la Línea del Norte y la Estación Clasificadora de Las Matas.

La colocación de emparrillados formados por raíles de tren entre los muros y las cubiertas de los fortines de mampostería, elemento esencial en el blindaje de la estructura, ha quedado atestiguada, tanto en el negativo o impronta que esos raíles han dejado en los muros y cubiertas de los fortines, como en los escombros extraídos durante la excavación, ya que los raíles actuaron como molde, dando su forma al cemento, e incluso, dejando grabados los marcajes con la factoría y el año de producción en algunos de ellos. También el cascajo de piedra, que es el balasto con el que se intenta minimizar el efecto de las vibraciones de los trenes al circular sobre las vía, fue trasladado en grandes cantidades a Navalcarbón para reforzar el hormigón en masa con el que se construyeron las cubiertas de los fortines de mampostería.


Fragmento de cemento, con la forma de uno de los raíles de ferrocarril que conformaba la cubierta de una de las fortificación de Navalcarbón, en el que quedó impresa la marca del fabricante: KRUPP,  que, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, fue la todopoderosa productora de acero alemán, tanto para uso civil como militar.


La aparición de pasadores, placas de asiento, pernos, tornillos, tuercas, etc. demuestra el aprovechamiento que se hizo de los diferentes herrajes característicos de las vías férreas para la construcción de las fortificaciones y, con toda seguridad, atestiguaría también el empleo de traviesas de madera procedentes de las vías para múltiples usos constructivos (vigas, refuerzos, cubiertas, parapetos, etc.). Con el paso del tiempo, esta madera habría desaparecido, pero habrían permanecido los elementos metálicos que se encontraban atornillados o anclados a ella.

Entre los útiles aparecidos destaca una pala, herramienta básica, junto a los picos (estos últimos no han aparecido), para la realización de trabajos de fortificación. También una pieza rectangular, de hierro macizo, que parece haber sido una especie de pequeño yunque. Curiosa ha sido la aparición de un bloque de cemento con la forma del cubo, cubeta o espuerta que lo contenía. También han aparecido piquetas de alambrada empleadas en la construcción de alguna de las fortificaciones.


Pala recuperada en la Dehesa de Navalcarbón


Los restos más numerosos de elementos relacionados con la construcción  que han sido recuperados durante la excavación arqueológica son los clavos, puntas y tornillos de diferentes  tipos y tamaños, así como una buena cantidad de trozos de alambre. Suponemos también que muchos de los fragmentos de metal sin forma definida que han sido recuperados, corresponderán a elementos utilizados en el proceso constructivo, siendo imposible su interpretación debido al estado de corrosión en que se encuentran.

Vida cotidiana:

Un grupo de materiales recuperados especialmente interesante lo constituye el de los objetos relacionados con la vida cotidiana de los soldados que fortificaban y guarnecían las posiciones del frente. Estos objetos nos hablan del día a día de aquellos hombres que se vieron inmersos en la trágica realidad que supone una guerra de trincheras y, por tanto, son los que nos proporcionan una visión más humana de aquel periodo histórico. En las excavaciones de la Dehesa de Navalcarbón hemos recuperado diferentes elementos que pertenecen a esta categoría de materiales.


Desenterrando una lata de conservas aparecida en el suelo de una de las estructuras auxiliares 


Comenzamos señalando los que tienen que ver con la alimentación, como es el caso de un plato de aluminio esmaltado, varios fragmentos de un plato de loza, diferentes latas de conservas, abrelatas o variados recipientes de bebida, como una botella de vino, fragmentos de un porrón, de un botijo y de otras botellas que debieron de emplearse para contener agua, vino o algún tipo de licor. Dentro de los objetos relacionados con la alimentación, hay que incluir una serie de fragmentos de huesos de animales que aparecieron en el suelo de una de las que hemos denominado estructuras auxiliares, y que debieron formar parte de la dieta de la tropa, bien en forma de guiso o como ingrediente en algún tipo de caldo. El pequeño tamaño y estado fragmentario de estos huesos no permite identificar con exactitud a qué especie animal pertenecieron, pero las características que presentan hacen  muy probable que se trate de algún tipo de bóvido, équido o suido.

Otra serie de objetos recuperados son los relacionados con la higiene y el aseo, tales como dos peines para el cabello o un tubo de pasta dentífrica, a los cuales les dedicamos ya la entrada “Higiene personal.”


Localización de un peine para cabello en una de las estructuras auxiliares


Además de las botellas de cristal anteriormente mencionadas, han aparecido varias botellas de vidrio y cristal correspondientes a envases de medicamentos, seguramente, de jarabes, pastillas, sales o complejos vitamínicos. Entre los recipientes de cristal, destacan también los correspondientes a tinteros.



Tintero y botella de medicamento aparecidos en el suelo del puesto de mando


Los fragmentos de un  quinqué nos hablan de los rudimentarios sistemas de iluminación que se empleaban en muchas de estas posiciones.

Entre los objetos de uso personal y cotidiano, también han aparecido dos navajas de bolsillo, un objeto muy práctico y con múltiples utilidades, que seguramente sería muy común entre los soldados.

Se han recuperado también algunos objetos que tiene que ver con la vestimenta, como algunos botones metálicos, una pequeña hebilla, el tirador de una cremallera, una suela de calzado, o el tacón claveteado de una bota.

Otros objetos que podemos mencionar, son una moneda de 25 céntimos de la República, del año 1934, un par de pequeñas llaves, o unos hilos telefónicos que aparecieron en el interior del puesto de mando.

Por último, y quizás como elemento más llamativo por lo vulnerable del material, habría que mencionar los fragmentos de periódico y cartón que aparecieron en una de las estructuras auxiliares que fueron excavadas, y al que ya dedicamos la entrada “Prensa de trinchera.”


Vainas de Mauser 7 mm adheridas a fragmentos de cartón


Todos estos objetos y materiales han sido limpiados, inventariados, catalogados y estudiados, presentando la correspondiente memoria en la Dirección General de Patrimonio Cultural, y entregados al Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares.


Almacén del Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares el día de la entrega de los materiales recuperados en la Dehesa de Navalcarbón

sábado, 30 de septiembre de 2017

151) ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL EN LAS ROZAS DE MADRID




En fechas recientes, la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid (DGP) ha hecho pública su decisión de desarrollar un Plan Regional para la rehabilitación, promoción y musealización de las fortificaciones de la Guerra Civil existentes en la región (pinchar aquí para ver noticia). Entre los primeros lugares en los que se va a actuar se encuentra Las Rozas de Madrid, en donde, de manera inminente, se va a realizar una importante actuación arqueológica en la Dehesa de Navalcarbón, lugar de especial relevancia en lo que se refiere a arquitectura defensiva por el gran número de restos que se conservan y en el que historia y naturaleza se combinan de manera equilibrada y armónica.


Desde Frente de Batalla, que a través  de diversas labores de estudio y catalogación, así como de numerosas actividades divulgativas (rutas, publicaciones, conferencias, etc.), llevamos muchos años intentando hacer ver la importancia que tiene este singular patrimonio, el plan de la DGP nos parece una buena noticia que, además de suponer un cambio muy significativo respecto a la consideración que, hasta tiempos recientes y en líneas generales, han recibido estos vestigios históricos, supone también un claro reconocimiento a la relevancia y al enorme potencial que tienen las fortificaciones existentes en Las Rozas de Madrid.



 Algunas de las fortificaciones que se conservan en la Dehesa de Navalcarbón.


Por todo ello, nos parece un momento oportuno para hacer memoria y recordar algunas de las principales actuaciones de tipo arqueológico e historiográfico llevadas a cabo en el municipio en los últimos años, y que, poco a poco, han contribuido al conocimiento, estudio, preservación y divulgación de la arquitectura militar de la Guerra Civil.


Pero primero, situemos en su contexto histórico las fortificaciones que se conservan en el municipio roceño.


CONTEXTO HISTÓRICO DE LAS FORTIFICACIONES EXISTENTES EN LAS ROZAS DE MADRID


A principios de 1937, durante la fase final de la batalla de la carretera de La Coruña, el municipio de Las Rozas de Madrid se convirtió en un cruento campo de batalla que obligó a la evacuación de toda su población. Los vecinos pasarían el resto de la guerra como desplazados y refugiados en pueblos alejados de las zonas de combate, tales como Torrelodones y, sobre todo, Hoyo de Manzanares. El 4 de enero, tras intensa lucha, las tropas de Franco ocupaban la población y se establecían en plan defensivo, siendo capaces de resistir los duros contraataques republicanos que se desarrollaron hasta mediados de ese mismo mes. Como consecuencia de esta batalla quedó perfilada una línea de frente en la que el caserío de Las Rozas se convirtió en primerísima línea de fuego. La estabilización de ese frente dio paso a una guerra de trincheras que se alargaría hasta el final de la contienda, y en la que ambos ejércitos seguirían protagonizando pequeñas acciones de combate (golpes de mano, guerra de minas, operaciones locales…) y continuas labores de fortificación encaminadas a mejorar y consolidar sus respectivas posiciones. Los trabajos de fortificación alcanzarían su máxima expresión a partir de mediados de 1938, momento en el que las comandancias de ingenieros desarrollaron sistemas defensivos meticulosamente estudiados y planificados. A este periodo pertenecen la práctica totalidad de las fortificaciones que se conservan  en Las Rozas. 

Tras la guerra, comenzaron las labores de reconstrucción del pueblo, llevadas a cabo principalmente por el organismo denominado Regiones Devastadas. En los primeros años de posguerra, las numerosas fortificaciones y demás obras defensivas sufrieron una intensa actividad chatarrera encaminada a recuperar todos los elementos metálicos de sus estructuras, lo que supuso la destrucción parcial de muchas de estas construcciones. Durante décadas, estas fortificaciones quedaron a merced del paso del tiempo y del olvido.


 Aspecto que ofrecían las calles de Las Rozas de Madrid al finalizar la guerra.

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS

Se tardaría mucho tiempo en comenzar a ver estas construcciones como vestigios históricos que debían ser conservados. La falta de medidas de protección supuso, hasta tiempos muy recientes, la desaparición de numerosos restos, especialmente, como consecuencia de la intensa actividad urbanística desarrollada en los últimos años. En este sentido, resulta significativo que el Plan General de Ordenación Urbana de Las Rozas, vigente desde el año 1994, no incluyese un Catálogo de Bienes Protegidos; también, el hecho de que en los trabajos arqueológicos de prospección  que puntualmente se desarrollaban en el municipio, las fortificaciones de la Guerra Civil nunca fueran tenidas en cuenta, lo que impedía que éstas pudieran ser inventariadas e incluidas en la Carta Arqueológica de la Comunidad de Madrid, posibilitando de esa manera su destrucción. La Marazuela, El Montecillo, El Cantizal, El Lazarejo, Rozas Village, Parque Empresarial… son algunos de los nombres que componen la larga lista de lugares en los que las actuaciones urbanísticas y de infraestructuras de los últimos años se han llevado por delante un gran número de fortificaciones de la Guerra Civil en el municipio roceño.

Serían primero unas pocas personas a título personal y, algo después, asociaciones de tipo cultural, las que iniciasen una ardua y, muchas veces, frustrante labor de catalogación, estudio y reivindicación de la importancia histórica de estas construcciones que, de manera reiterada, seguían desapareciendo al compás de la intensa actividad urbanística y de la apatía que acostumbraban a mantener las administraciones con competencias en la materia.



Miembros del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA) visitando las fortificaciones del Arroyo de La Retorna, en Las Rozas de Madrid (enero de 2009) 

Visita de GEFREMA a las fortificaciones del Arroyo de La Puentecilla, en Las Rozas de Madrid (enero de 2010)


Habría que esperar hasta el 2006 para que en Las Rozas de Madrid se realizasen las primeras peritaciones arqueológicas de carácter oficial que documentasen este tipo de vestigios. En abril de aquél año se elaboraba el Anteproyecto de cierre de la M-50 (El Pardo), que contaba con una prospección arqueo-paleontológica en la que, aunque de una manera muy superficial e incompleta, figuraban por primera vez algunos de los fortines y trincheras que se conservan en el municipio.  En octubre de ese mismo año, el arqueólogo David Urquiaga Cela dirigía el informe titulado  Prospecciones en las zonas afectadas por la revisión-adaptación del PGOU del término municipal de Las Rozas (Madrid), en donde las fortificaciones de la Guerra Civil tenían ya una destacada presencia. Ambos trabajos fueron presentados en las IV Jornadas de Patrimonio Arqueológico de la CAM, que se celebraron en noviembre de 2007 en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares.


 Actas de las IV Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la CAM (2007) en las que se recogían las prospecciones realizadas en Las Rozas que incluían, por primera vez, algunos de los restos de fortificaciones existentes en el municipio.


Con anterioridad a estas actuaciones oficiales, Javier M. Calvo Martínez, historiador, vecino de Las Rozas y miembro del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA), ante la sistemática destrucción que venía sufriendo el patrimonio vinculado a la Guerra Civil, había comenzado a realizar una catalogación lo más completa posible de los restos que se conservaban en el municipio. Este trabajo de catalogación se basaba en un exhaustivo trabajo de campo y en un profundo estudio documental en los fondos de diversos archivos históricos. Desde el año 2008, parte de los resultados de estas investigaciones comenzaron a ser publicadas en el blog Frente de Batalla, y en 2012 quedaba finalizado el Inventario de restos del frente de Las Rozas de Madrid, trabajo respaldado por GEFREMA con el propósito de contribuir al estudio, preservación y puesta en valor del patrimonio de la Guerra Civil, que se puso a disposición de la DGP y del Ayuntamiento de Las Rozas de Madrid a través de su Concejalía de Cultura. 


 Portada del Inventario de restos del frente de Las Rozas de Madrid, elaborado por Javier M. Calvo Martínez.



Este inventario fue presentado en noviembre de 2012 en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo, dentro de las Primeras Jornadas sobre la Guerra Civil en Madrid organizadas por GEFREMA, y, en noviembre de 2013, se hizo lo propio en las Primeras Jornadas de Patrimonio de Pinto. Lamentablemente, y a pesar de los reiterados ofrecimientos realizados, no fue posible hacer una presentación en Las Rozas, lo que habría servido para dar a conocer a los vecinos los resultados de este trabajo y la importancia, tanto cuantitativa como cualitativa, del patrimonio vinculado a la Guerra Civil que se conserva en el municipio.


 Presentación del inventario en las Iª Jornadas sobre la Guerra Civil organizadas por GEFREMA (2012).

 Presentación del inventario en las Iª Jornadas de Patrimonio de Pinto (2013.)


En los primeros meses de 2013 entraba en vigor la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid. Esta ley, muy criticada y cuestionada, y que con toda seguridad tendrá que ser revisada y modificada en algunos de sus aspectos, incluía por primera vez las fortificaciones de la Guerra Civil como elementos patrimoniales a proteger. La misma ley, obligaba a los ayuntamientos a completar o formar sus catálogos de bienes y espacios protegidos en el plazo máximo de un año. Pocos meses después, la Concejalía de Urbanismo atendía este requerimiento, convirtiéndose Las Rozas de Madrid en uno de los primeros (y, hasta la fecha, de los pocos) municipios en realizar su correspondiente catálogo.


Siguiendo las directrices exigidas por la DGP, el 12 de diciembre de 2014 se entregaba el correspondiente Proyecto de Actuaciones Arqueo-paleontológicas, Catálogo Geográfico de Bienes Inmuebles del Patrimonio Histórico de Las Rozas de Madrid. La dirección de los trabajos arqueológicos correspondió a  David Urquiaga Cela y, para todo lo referente a arquitectura defensiva, se contó con el asesoramiento y la colaboración de Javier M. Calvo Martínez, que se incorporó al equipo técnico por la importancia del patrimonio vinculado a la Guerra Civil que existía en el municipio. En abril de 2015 se finalizaba el catálogo que, en lo referente a vestigios bélicos, recogía casi 70 fortines (69 para ser exactos, a los que habrá que sumar los existentes en algunas fincas privadas en las que todavía no ha sido posible acceder para realizar las labores de inventariado), restos de 14 refugios, cientos de metros de trincheras y algunas pistas y caminos militares. Este trabajo fue presentado en la jornada Fortificaciones del siglo XX. Investigación, conservación y puesta en valor de la arquitectura defensiva de la Guerra Civil, organizada por la DGP en junio de 2016 y cuyas ponencias serán publicadas próximamente.


Ponencia sobre los restos de la Guerra Civil en el Catálogo de bienes y espacios protegidos de Las Rozas de Madrid, dentro de la Jornada Fortificaciones del siglo XX organizada por la DGP en junio de 2016.


Todos los vestigios de la Guerra Civil inventariados en el Catálogo de Bienes y espacios protegidos de Las Rozas de Madrid quedaron inscritos como figuras de Protección Específica, denominados “yacimientos arqueológicos documentados”, lo que, entre otras cosas, supone que, previa a cualquier tipo de actuación urbanística en el entorno de estos yacimientos, se deberá hacer una intervención arqueológica con los procedimientos y diligencias exigibles por la legislación sectorial en materia de Patrimonio Histórico. De esta manera, dejaba de ser posible la destrucción indiscriminada de los fortines y otras estructuras defensivas, tal y como había sido la tónica habitual durante décadas.


Como claros ejemplos de esta nueva situación respecto a la consideración y tratamiento que ha comenzado a recibir el patrimonio histórico vinculado a la Guerra Civil, tenemos las dos primeras excavaciones arqueológicas de este tipo de vestigios que se han realizado en Las Rozas. Estas actuaciones han consistido en la realización de unos sondeos manuales y mecánicos en unas trincheras documentadas en una parcela de La Marazuela, y en la excavación de un fortín en una parcela del Parque Empresarial de Monte Rozas. Pasemos a describir, de manera muy resumida, en qué han consistido estos trabajos.


ACTUACIÓN EN LA MARAZUELA

En el verano de 2016, coincidiendo con el 80 aniversario del inicio de la Guerra Civil, volvían a abrirse trincheras en el municipio de Las Rozas, pero esta vez no con fines bélicos, sino por motivos históricos y culturales. Esta actuación se dividió en dos fases. La primera se realizó en agosto de 2016 y consistió en la realización de una serie de prospecciones y sondeos manuales con el fin de localizar unas trincheras de las que se tenía constancia por el estudio de la cartografía y la documentación de época, pero de las que apenas se conservaban vestigios apreciables en superficie. Los sondeos permitieron definir con bastante precisión el trazado que seguían las trincheras y la entidad de las mismas. En superficie, muchos de estos elementos habían sido destruidos totalmente por las labores agrícolas y las actuaciones urbanísticas desarrolladas en la zona en los últimos años, sin embargo, los trabajos de excavación aportaron importante información sobre las características y tipología de este sistema defensivo.


 Realización de sondeos manuales en La Marazuela para la localización y documentación de trincheras (agosto de 2016).

 Sondeos mecánicos en La Marazuela (febrero de 2017).


El informe de estas primeras actuaciones fue remitido a la DGP, que estimó oportuno la realización de nuevos sondeos, esta vez, con ayuda de maquinaria para agilizar los trabajos e incrementar la información que pudiera obtenerse. Los sondeos mecánicos se realizaron en febrero de 2017 y sirvieron para tener una visión más clara del sistema defensivo que existió en esta zona y sus características. Durante estos trabajos fueron localizados también diferentes materiales bélicos, principalmente, restos de cartuchería, metralla y fragmentos de granadas de mortero, una de ellas sin explosionar, por lo que fue necesario avisar a los artificieros de la Guardia Civil que, una vez analizado el proyectil, y ante su peligrosidad, decidieron detonarlo en el mismo lugar en el que había sido localizado.


Hallazgo de una granada de mortero Valero de 50 mm sin explosionar duarnte los sondeos de La Marazuela.


Las conclusiones a las que se llegó tras los trabajos de campo y el análisis de la documentación consultada (entre la que se incluía cartografía y fotografías aéreas procedentes de vuelos de reconocimiento realizados durante la guerra) fueron que las trincheras que habían existido en la parcela objeto de este estudio databan de finales de 1938 y formaron parte de la primera línea del denominado Subsector nº2, de la 8ª División, del II Cuerpo de Ejército republicano. Su defensa había correspondido al Batallón de Ametralladoras nº 8 y al Batallón Disciplinario de Combate del II C. E,  habiendo sido zapadores pertenecientes a esta gran unidad los principales encargados de su construcción. 

Según se desprendió del estudio de la fotografía aérea, estas trincheras consistían fundamentalmente en ramales de comunicación que conducían hasta las avanzadillas republicanas que hacían frente a las posiciones franquistas establecidas en el Cerro de La Paloma y otras alturas colindantes. De las dos trincheras principales, que atravesaban la actual parcela de norte a sur, salían pequeños ramales que comunicaban ambas trincheras y enlazaban éstas con las vaguadas de los arroyos cercanos para aprovechar las depresiones que forman en el terreno a modo de caminos cubiertos. Además, las trincheras contaban con diferentes puntos que por su tipología y ubicación parecían corresponder con pozos de tirador. 

En cuanto a sus características, las trincheras respondían a las disposiciones generales que recogían las normativas de fortificación del momento en el que habían sido construidas: zanjas excavadas a pico y pala, de aproximadamente 1,80 m de profundidad, 0,90 m de ancho y trazado zigzagueante. Como curiosidad, se pudo comprobar que el suelo de algunos tramos estaba solado con ladrillos macizos con el fin de facilitar el tránsito por ellas y, en la medida de lo posible, evitar los charcos y el barro en el interior de las mismas.


 Fotografía en la que puede apreciarse el solado de ladrillos que tenían las trincheras de La Marazuela.


Los resultados y conclusiones de estos trabajos se entregaron a la DGP a través de la correspondiente Memoria Final.


ACTUACIÓN EN EL PARQUE EMPRESARIAL

La segunda y, hasta la fecha, última excavación arqueológica de restos de la Guerra Civil llevada a cabo en el municipio de Las Rozas se realizó en el mes de  junio de 2017. El lugar fue una parcela ubicada en el Parque Empresarial de Monte Rozas en el que había sido catalogado un fortín del que, en superficie, apenas se conservaban algunos grandes cascotes de lo que había sido su cubierta y escasos restos de muros de mampostería. 



Trabajos arqueológicos en el fortín del Parque Empresarial (junio de 2017).


Sin embargo, la excavación total del mismo permitió descubrir una gran estructura de planta rectangular y frontal semicircular, con una profundidad de 1,80 m y muros de 1 m de grosor. El acceso se encontraba situado en un lateral de la fortificación y contaba con un escalón construido en ladrillo macizo. En el interior, bajo las dos troneras que se abrían en el muro frontal, aparecieron dos estructuras, construidas también en ladrillo macizo, que servían para instalar las ametralladoras. El suelo estaba toscamente pavimentado con una capa de cemento irregular, y, en él, fueron apareciendo diferentes objetos, entre los que destacaban varias vainas de Mosin Nagant (munición de fabricación soviética).

Especialmente curioso resultó encontrar en un esquinazo de la construcción una lata redonda en cuyo fondo se habían practicado multitud de pequeños agujeros, lo que, unido a señales que evidenciaban la realización de fuego, parecía indicar que había sido utilizada para asar bellotas de las muchas encinas que todavía existen en la zona. También fue llamativo el hallazgo que se produjo al desenterrar el relleno con el que se había colmatado el ramal de acceso, ya que aparecieron dos bloques de cemento solidificados que correspondían al contenido de dos sacos de tela que, al endurecerse el cemento por efecto de la humedad y desaparecer la tela por el paso del tiempo, habían actuado como un molde, dando a los bloques de cemento la forma de los sacos y dejando impresas en ellos las marcas de la tela de arpillera.


 Bloques de cemento con la forma de sacos y la impronta dejada por la tela de arpillera que aparecieron en el relleno del ramal de acceso al fortín del Parque Empresarial.


Pero, más allá de los diferentes hallazgos, lo más importante de esta actuación fue el haber podido realizar, por primera vez en Las Rozas, una excavación arqueológica completa de un fortín. Este fortín, cuyas características básicas señalábamos más arriba, corresponde a un modelo estandarizado de nido de ametralladoras con el que la 8ª División del ejército republicano fortificó su frente a partir de mediados de 1938: puestos para arma automática, con muros de mampostería y una cubierta consistente en una gran losa de hormigón en masa que descansaba sobre un emparrillado de raíles de ferrocarril. Este modelo es muy abundante en el municipio de Las Rozas. Todos ellos han perdido total o parcialmente su cubierta debido a la actividad chatarrera desarrollada durante la posguerra para la recuperación de los elementos metálicos con los que fueron construidos.


 Aspecto que ofrecía el fortín del Parque Empresarial en los primeros compases de la excavación.
Interior del fortín del Parque Empresarial al concluir la excavación


El fortín excavado pertenecía a la denominada Línea de Detención, una segunda línea defensiva que se extendía desde la orilla derecha del río Manzanares hasta la orilla izquierda del río Guadarrama y en la que los republicanos realizaron multitud de obras defensivas con el fin de poder frenar una eventual ruptura del frente por parte de las tropas franquistas. Aunque actualmente ha quedado aislado y desvinculado de otros restos debido a la intensa actividad urbanística y a la construcción de infraestructuras (especialmente la M-50), el fortín estudiado formaba parte de la misma posición a la que pertenecen las fortificaciones que se conservan en la Dehesa de Navalcarbón, es decir, a uno de los ocho Centros de Resistencia que conformaban la Línea de Detención en este subsector del frente republicano, en concreto al C. R. nº 7, construido por el Batallón de Zapadores del II Cuerpo y por la I ª Compañía del 55 Batallón de Obras y Fortificaciones, y cuya defensa correspondía a la 111ª Brigada Mixta.


Ejemplos de fichas de materiales recuperados durante las actuaciones arqueológica.

Las dos actuaciones arqueológicas que acabamos de ver se enmarcan dentro de proyectos urbanísticos de carácter privado. Son consecuencia directa de la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid y de la elaboración del Catálogo de bienes y espacios protegidos de Las Rozas, que han supuesto un antes y un después respecto al procedimiento a seguir a la hora de realizar actividades urbanísticas en los lugares en los que se conserve este tipo de patrimonio histórico, ya que, cualquier actuación que pueda suponer una alteración de los lugares en los que existen vestigios de la Guerra Civil tendrá que contar previamente con los pertinentes estudios e informes arqueológicos e historiográficos que marca la ley, y se deberá  garantizar la protección y restauración de los restos más relevantes.


Se abre así un amplio campo de investigación y conservación que, poco a poco, irá arrojando más luz sobre la cruda realidad que supuso la guerra de trincheras que se desarrolló en el frente madrileño tras las grandes batallas. Una modalidad bélica poco estudiada hasta la fecha en la que se vieron inmersos miles de combatientes de uno y otro ejército, y sobre la que los trabajos arqueológicos pueden ir aportando mucha información.


ACTUACIÓN ARQUEOLÓGICA EN LA DEHESA DE NAVALCARBÓN

La inclusión del municipio en el Plan Regional de fortificaciones de la Comunidad de Madrid supone un importante reconocimiento y apoyo al trabajo e iniciativas que, tal y como hemos repasado a lo largo de este artículo, llevamos realizando desde hace años diferentes personas, asociaciones y entidades. El lugar elegido para esta primera actuación de carácter público en el patrimonio de la Guerra Civil que se conserva en el municipio será la Dehesa de Navalcarbón, en donde existe un importante conjunto de fortificaciones integradas en un bello entorno natural, de agradable paseo y fácil accesibilidad.

 Portada del anteproyecto elaborado por la Asociación Histórico-Cultural Cierzo y que ha servido como base para la actuación que se va a realizar en la Dehesa de Navalcarbón.


La actuación se dividirá en dos fases: una primera consistirá en una completa intervención arqueológica que supondrá la limpieza y el estudio técnico y documental de todas las fortificaciones y obras defensivas que se conservan en la dehesa; y una segunda fase de restauración, conservación y musealización, encaminada a promocionar y fomentar su vista y conocimiento. Trabajos que se complementarán con la realización de unas jornadas de puertas abiertas para dar a conocer las excavaciones a todas las personas interesadas y diferentes actos públicos (conferencia, exposición…) en los que presentar los resultados finales de esta actuación.


CONCLUSIONES

Sin duda, las numerosas fortificaciones y demás obras defensivas que hoy en día se conservan  integradas en el paisaje constituyen  las huellas más evidentes del pasado bélico vivido en el municipio. Un pasado que debe ser conocido y analizado, sobre el que se debe reflexionar de manera sosegada, y del que pueden sacarse grandes enseñanzas para el presente y para el futuro. 


Después de 80 años, parece que estos vestigios históricos comienzan a tener la consideración que merecen. El interés que despiertan es cada vez mayor, y son muchas las personas que desean visitarlos y conocer su historia. Un buen ejemplo de todo ello lo representa la buena respuesta que acostumbran a tener las rutas y visitas guiadas que la Asociación Histórico-Cultural Cierzo viene realizando desde el año 2012 para conocer las fortificaciones más importantes y emblemáticas que se conservan en el municipio, tales como la Dehesa de Navalcarbón, La Marazuela, el Arroyo de la Retorna, el Vértice Cumbre, el Arroyo de La Puentecilla o la Posición Rubio. Algunas de estas actividades forman ya parte habitual de la programación cultural de Las Rozas, con un notable éxito de asistencia, y son también varios los centros educativos del municipio que se han interesado y han participado en las mismas.


 Ruta guiada por La Marazuela (Asociación Histórico-Cultural Cierzo, febrero de 2016)

 Ruta guiada por La Puentecilla (Asociación Histórico-Cultural Cierzo, abril del 2017)


 Charla a los alumnos de primaria sobre las consecuencias que la guerra tuvo para el pueblo de Las Rozas de Madrid (Asociación Histórico-Cultural Cierzo, noviembre del 2016)

 Visita guiada de alumnos de secundaria a las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón (mayo de 2017)


Todo ello confirma el potencial cultural que tiene Las Rozas de Madrid en todo lo referente a arquitectura defensiva de la Guerra Civil. Confiamos en que la actuación que se va a llevar a cabo en la Dehesa de Navalcarbón contribuya a consolidar lo realizado hasta la fecha y sirva para seguir impulsando nuevos proyectos e iniciativas. Para ello, creemos que las futuras actuaciones arqueológicas (tanto públicas como privadas) que se vayan desarrollando en el municipio deben de ir consolidando un proyecto serio y global que, a través de una buena gestión y planificación, sirva para el conocimiento, revalorización y protección, tanto de los vestigios históricos, como de los entornos naturales y urbanos en los que éste se encuentra integrado, incrementando así la riqueza cultural del municipio y perseverando en la idea de que el patrimonio histórico  constituye un bien colectivo que compartimos las generaciones presentes con las que nos han precedido y con las que vendrán después de nosotros, siendo responsabilidad y derecho del conjunto de la sociedad su protección, mantenimiento y disfrute.


Desde Frente de Batalla seguiremos trabajando por todo ello.