martes, 16 de febrero de 2010

70) Ganar la iniciativa


GANAR LA INICIATIVA

A finales de noviembre de 1936, la situación sigue siendo muy difícil para los defensores de Madrid, pero un nuevo espíritu comienza a manifestarse. La ciudad no ha caído, después de más de quince días de combates ininterrumpidos, Madrid, contra todo pronóstico, resiste.

El día 23 de noviembre, los nacionales, tras reunirse Franco con sus generales en Leganés, han decidido suspender el ataque directo a la capital y trasladar los combates al flanco izquierdo de su dispositivo. El objetivo es ocupar Pozuelo y Aravaca para alcanzar la carretera de La Coruña, ocupando las alturas de la Cuesta de las Perdices y aliviar la delicada situación en que se encuentran sus vanguardias en la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria.

El 29 de noviembre comienza el ataque dirigido por el general Varela, pero las tres columnas nacionales (Bartomeu, Siro Alonso y Gavilán) son frenadas frente a Pozuelo, desgastándose durante varios días en una lucha estéril y sin mayores resultados.

Los legionarios y regulares de Varela se ven enmarañados entre las ruinas de la Colonia de la Paz, el cementerio de Pozuelo y el edificio del sanatorio de Bellas Vistas, frente a Húmera. Los hombres de la III Brigada Mixta, comandada por José María Galán, castigan eficazmente a sus adversarios, aunque eso sí, a costa de un enorme desgaste.

Las cosas se complican día a día para las tropas de Franco. En la Ciudad Universitaria y muy especialmente en el Hospital Clínico, la situación es crítica. Sólo un férreo espíritu combativo parece mantener estas posiciones. Las tropas de la Casa de Campo ven seriamente amenazados sus flancos, una amenaza que se extiende a la carretera de Extremadura y que puede suponer un peligroso envolvimiento por parte del enemigo. La operación desarrollada en Pozuelo para mejorar esta situación ha sido neutralizada, sus tropas son incapaces de seguir avanzando.

El Alto Mando republicano ve la ocasión de pasar a la acción. Es el momento de ganar la iniciativa. Hay que golpear en los puntos débiles del enemigo, que por otra parte, son también los más peligrosos para los defensores de Madrid. El día 1 de diciembre, mientras la III Brigada Mixta resiste a costa de muchas bajas en el sector de Pozuelo (ese día su jefe, J. M. Galán resultaría herido en los combates), se ordena el ataque al Garabitas, verdadera atalaya natural de la Casa de Campo que, desde el 9 de noviembre permanecía en poder de los nacionales, convertido en un poderoso bastión de combate y en uno de los más importantes observatorios de la artillería que diariamente castiga a Madrid.

A la vez, y como complemento de esta acción, se proyecta otro ataque sobre el Cementerio de Empleados, también en la Casa de Campo y se ordena presionar con fuerza sobre la Ciudad Universitaria. Sobre estos ataques, Martínez Bande dice:

“El espíritu ofensivo-defensivo del general Miaja y el teniente coronel Rojo se mostró aquí inmediatamente, dando para el día 1 de diciembre una orden, en la cual y bajo el mando conjunto del teniente coronel Carlos Romero, dos fuerzas deberían atacar la Casa de Campo desde el Norte y el Este: la del comandante Vega en dirección Cementerio y la Brigada X, del comandante Palacios, sobre Garabitas; a la vez que tropas del teniente coronel Ortega (Brigada Y) presionarían sobre el Hospital Clínico.

El ataque, en el que tomó parte un buen número de baterías y un tren blindado, fracasó. Las unidades de Palacios, reforzadas con algún batallón de la XII Brigada Internacional, pusieron pie en la llamada Casa Quemada, retrocediendo luego, y las fuerzas de Vega alcanzaron el Cementerio, pero teniendo que abandonarlo en la misma jornada. Hubo bastantes bajas.” (J. M. Martínez Bande. “La lucha en torno a Madrid”, Edt. San Martín, Madrid, 1984, p. 49).

Los republicanos lo intentan, pero chocan con una tenaz resistencia de las tropas nacionales que, una vez más, demuestran una enorme capacidad para defender sus posiciones a toda costa. Jornada a jornada, la guerra se muestra más fiera en el frente de Madrid, produciéndose numerosos episodios heroicos en uno y otro ejército. Sobre la dureza de los combates del 1 de diciembre en la Casa de Campo, Jorge M. Reverte escribe:

“El ataque republicano sobre Casa Quemada y Garabitas, en la zona ocupada por la columna Bartomeu, es de una violencia extrema. La artillería hace una preparación de once horas sobre las posiciones carlistas de Casa Quemada, donde una sección de avanzada del tercio de requetés de El Alcazar aguanta horas de bombardeo. No queda vivo ninguno de sus miembros. Pero han ganado el tiempo suficiente para que las tropas de reserva suturen la posible ruptura del frente.” (Reverte, J. M. "La Batalla de Madrid", Crítica, Barcelona, 2004, p. 383)

En los ataques de la Casa de Campo, morirán dos de los más populares brigadistas: los alemanes Hans Beimler y Louis Schuster, integrados en la XII Brigada Internacional. Beimler había sido diputado comunista en el Reichstag, hasta el ascenso del nazismo, momento en que fue confinado en el campo de concentración de Dacahau, de donde logró escapar poco antes de la fecha de su ejecución. Fue de los primeros brigadistas que llegaron a España, convirtiéndose en comisario político del batallón Thälman. Su nombre acabó dando nombre a otro batallón de la XI Brigada Internacional (formado por escandinavos, alemanes y catalanes).

El día 2 de diciembre Miaja manda a sus tropas mantenerse a la defensiva en espera de poder reanudar los ataques de la jornada anterior. A la vez, se ordena organizar urgentemente una fuerte línea de resistencia apoyada en las organizaciones existentes al Oeste y Norte de Casa Quemada, linderos al Sur de la Estación de Pozuelo y Cerro Gansino. Detrás de esta línea se establecería una segunda que asegurara el control de la carretera de La Coruña.

Los combates no cesan en el Oeste de Madrid. Ataque, contraataque, una y otra vez, sin pausa ni tregua. Un constante desgaste de tropas embebidas en luchas sin cuartel. El frente de Madrid se hace cada día más duro y sólido. Un frente de trincheras encharcadas, de laberínticas ruinas, de soldados embarrados, de cadáveres abandonados en la tierra de nadie. Combates en las espesuras de la Casa de Campo, en las rampas del Parque del Oeste, en las edificaciones de la Universitaria, entre las ruinas de Pozuelo…

Combatir y organizar. Luchar y resistir. Atacar y defender… Hay que ganar la iniciativa, evitar que el enemigo se crezca. Neutralizar los golpes recibidos y reaccionar con contundencia. Así se combatía en Madrid en los últimos días de 1936, sin pausa, sin tregua y sin piedad.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía: Restos del antiguo Cementerio de Empleados (Casa de Campo) en la actualidad (JMCM)

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