domingo, 13 de julio de 2014

143) HALLAZGO DOMINICAL


HALLAZGO DOMINICAL


La Guerra Civil Española dejó impregnados los paisajes del noroeste y oeste madrileño con su huella. A pesar de las más de siete décadas transcurridas desde el final de la contienda, aún es posible toparse con evidencias y vestigios de aquellos tiempos bélicos. Desde fortines y trincheras, a pequeños restos bélicos que aparecen  aquí y allá, desapercibidos para la mayoría de las personas, muchas veces ajenas a los episodios que tuvieron lugar en los mismos lugares por los que hoy pasean o transitan, pero que no pasan inadvertidos para aquellos que recorremos los olvidados campos de batalla y las  viejas líneas de frente atentos a los diferentes elementos que conforman el paisaje y observándolos con otra mirada.


En el transcurso de un paseo dominical, por los alrededores de Villanueva del Pardillo, pueblo que fue duramente castigado por los combates que tuvieron lugar en julio de 1937, durante la batalla de Brunete, me topé con un proyectil de artillería sin explosionar de 75 mm, seguramente, desenterrado por las palas de un tractor al arar la tierra.


El artefacto no era muy grande, tendría unos 30 cm de largo, pero conservaba intacta su espoleta y, por tanto, todo su potencial destructivo. En un proyectil de estas características, los efectos de su explosión pueden alcanzar un radio aproximado de unos 50 metros. 

Proyectil artillero de 75 mm.

Tomando las precauciones básicas, me limité a fotografiar el oxidado artefacto y llamar por teléfono al 112 para dar notificación del hallazgo. A partir de aquí, los acontecimientos se desarrollaron de la siguiente manera: llegada de la policía Local de Villanueva del Pardillo, un poco después, llegada de la Guardia Civil, que son quienes tienen competencia para retirar este tipo de artefactos. Posteriormente, aparición de una patrulla de bomberos, como medida de prevención por si fuera necesaria su presencia y, finalmente, los especialistas en desactivación de la Guardia Civil, quienes valoran el peligro del artefacto, procediendo rápidamente a su recogida y traslado a una cantera próxima para su detonación.


 Guardia Civil, Policía Municipal y bomberos desplazados al lugar del hallazgo.


Este ha sido el final de un proyectil lanzado hace más de setenta años que, por algún motivo, seguramente un fallo técnico, no llegó a explosionar, siendo destruido de manera controlada en un lugar seguro. Este tipo de hallazgos son más frecuente de lo que podría pensarse y en las conversaciones que he podido mantener con los agentes desplazados al lugar, solo en los últimos meses han aparecido varios artefactos más en la zona, entre los que destacan un proyectil artillero de 12 kg en las obras de ampliación y desdoblamiento de la M-509, y tres bombas de mano en los desmontes que se vienen realizando desde hace bastante tiempo en la entrada de Villanueva del Pardillo.


 En canteras abandonadas como esta, ubicada en las cercanías de Villanueva del Pardillo, suelen ser detonados los artefactos de la guerra civil.


Como indicaba al inicio de esta entrada, la guerra civil sigue teniendo su presencia en la zona noroeste y oeste de Madrid. 

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

martes, 24 de junio de 2014

142) Ruta Vértice Cumbre


RUTA VÉRTICE CUMBRE

El domingo 29 de junio, la Asociación Histórico-Cultural Cierzo organiza una ruta guiada a la posición Vértice Cumbre, una de las posiciones más emblemáticas y disputadas de lo que fue el frente de Las Rozas.


El recorrido de esta ruta se iniciará en el arroyo de La Puentecilla, lo que permitirá a los asistentes contemplar un par de fortificaciones republicanas antes de dirigirse al vértice Cumbre, y así, poder hacerse una idea de la separación que había entre las líneas de uno y otro ejército en este punto del frente, y las diferencias y semejanzas que existían entre las organizaciones defensivas republicanas y las franquistas. 


Tras recorrer lo que fue la tierra de nadie, se visitarán los restos de fortificaciones del ejército franquista que todavía existen en torno al vértice geodésico. Además de las explicaciones necesarias para poder interpretar adecuadamente estos restos y conocer interesantes aspectos, tales como la organización que tenía el frente, el tipo de armamento y guarnición que ocupó la posición, etc., el guía proporcionará datos sobre algunos de los combates que se desarrollaron en el vértice Cumbre, principalmente, en el transcurso de la batalla de la carretera de La Coruña, en enero de 1937 (con intervención de la XIV Brigada Internacional), y durante la batalla de Brunete, en julio de 1937, momento en el que la lucha por el control de esta posición alcanzó una gran intensidad.


Las explicaciones del guía se complementarán con la lectura de pequeños fragmentos de documentación militar de los dos ejércitos enfrentados, testimonios de algunos combatientes, etc., que servirán para ilustrar y enriquecer los contenidos de la ruta.


Sin duda, una buena ocasión para conocer esta emblemática posición de la guerra civil y los episodios bélicos que en ella tuvieron lugar.


Los interesados pueden consultar toda  la información de esta actividad en la web de la Asociación Histórico-Cultural Cierzo. Pinchar aquí para consultar las carcterísticas de esta ruta.


Más información sobre la posición Vértice Cumbre en el artículo publicado en este blog en abril de 2010. Pinchar aquí para leer el artículo del vértice Cumbre.
  

viernes, 13 de junio de 2014

141) Soldaditos


SOLDADITOS

Entre los días 1 y 9 de agosto de 1907, el entonces coronel del ejército británico, Robert Baden-Powell, organizó en la isla de Brownsea (costa sur de Inglaterra) un campamento con 24 muchachos pertenecientes a diferentes clases sociales. Con esta experiencia, Baden-Powell quería poner en práctica un modelo educativo encaminado a formar ciudadanos responsables y autosuficientes a través del contacto con la naturaleza, el compañerismo y el compromiso, todo ello, dentro de unos estrictos  postulados patrióticos y religiosos.


Un año después, en 1908, Baden-Powell publicaba el libro “Escultismo para muchachos”, traducido en pocos meses a diferentes idiomas y que se convirtió en el iniciador de un amplio movimiento internacional de carácter juvenil, cuyo máximo y más conocido exponente fue, y sigue siendo, la organización Boys-Scouts.

 Boys-Scouts ingleses (1912)


El Diccionario de la Real Academia Española define el escultismo como: “Movimiento de juventud que pretende la educación integral del individuo por medio de la autoformación y el contacto con la naturaleza”. Actualmente, el fin principal que dice perseguir el escultismo es “contribuir al desarrollo integral de los niños, niñas y jóvenes ayudándoles a realizar plenamente sus posibilidades físicas, sociales, emocionales, intelectuales y espirituales como personas y ciudadanos responsables, miembros activos de su comunidad y partícipes de la misma.”


Las doctrinas escultistas no tardaron mucho tiempo en llegar también a España, siendo sus principales promotores en nuestro país el capitán de caballería Teodoro Iradier y Herrero y el escritor Arturo Cuyás. En 1912 fueron aprobados los primeros estatutos y reglamentos de la “Institución de los Exploradores de España”. El 2º Artículo de estos estatutos declaraba expresamente: “Esta Asociación tendrá por objeto estimular y fomentar la creación de Agrupaciones de boys-scouts españoles, con el objeto de desarrollar en la juventud el amor a Dios y a la Patria, el respeto al jefe del Estado y a las leyes de la nación, el culto al honor, la iniciativa, el sentimiento del deber y de la responsabilidad, la disciplina, la solidaridad, el vigor y las energías físicas.” Con estos principios, no resulta extraño que la “Institución de los Exploradores de España” contase desde sus orígenes con el respaldo y la protección del mismísimo rey, Alfonso XIII.

 El capitán de caballería Teodoro Iradier en un acto de los Exploradores de España (1913)

Alfonso XIII presencia un simulacro de cura realizado por los Exploradores de España (1913)

 Exploradores de España, Granada (1916)


Los Exploradores de España fueron, sin duda, la organización más importante y numerosa de cuantas se desarrollaron en nuestro país bajo los postulados del escultismo, pero no fue la única. Siguiendo el mismo ejemplo, y enlazando con experiencias parecidas que venían dándose en España desde finales del siglo XIX, fueron surgiendo diferentes grupos infantiles y juveniles de carácter patriótico, vinculados, la mayoría de las veces, a colegios y escuelas católicas e instituciones benéficas, tales como asilos, orfanatos y casas de caridad. Como animadores y organizadores de estas agrupaciones solían encontrarse militares, maestros y sacerdotes, que contaban con el apoyo y el respaldo económico de importantes sectores de las clases pudientes, desde adinerados personajes de las clases medias, a miembros de la aristocracia. La prensa de la época se hizo eco de este tipo de iniciativas, y las presentaba como modelos para crear una juventud sana, patriótica y útil al desarrollo de la nación. He aquí algunos ejemplos de lo que podía leerse sobre los grupos escultistas en los periódicos de aquellos días:


 “…resolver los problemas más fundamentales que respecto a nuestras juventudes pueden plantearse, en cuanto a educación física, moral, patriótica y práctica, preparando generaciones de hombres en condiciones de llevar a la vida de nuestra nación energías y actividades totalmente desconocidas y capaces de transformarla satisfactoriamente.” (Por Esos Mundos, abril de 1913).


“Sumamente laudable el fin de esta nueva institución, que ha de tener grande influencia, no solo en la salud física de la juventud, sino en la salud moral de España, que necesita respirar a pleno pulmón los aires puros del patriotismo y de la disciplina.” (Revista general de enseñanza y bellas artes, abril de 1913).


“El gran éxito de los boys-scouts en los países latinos nos sirve de enseñanza, haciéndonos ver que es quizá algo aventurada la afirmación de la superioridad de la raza anglo-sajona. Nuestra raza, en las mismas condiciones de desenvolvimiento y educación que la raza germánica puede llegar hasta donde ella ha llegado y hasta donde aún pueda llegar. Si en los momentos actuales es cierta la inferioridad latina, puede dejar de serlo algún día, si en las generaciones nuevas se entierra la semilla adecuada.” (España Médica, febrero de 1913)

 Batallón Infantil Colegio Reina Victoria de Sevilla (1912)
  
 Batallón Infantil, Jaen (1916)

Tampoco faltaron en la prensa de entonces las opiniones contrarias a este tipo de educación, mayoritariamente centradas en criticar los aspectos excesivamente militares que tenían estas organizaciones juveniles:


“Los batallones infantiles, creados a la sombra de un patriotismo sincero, no responden, no pueden responder al fin para que se organizan y educan. Paradójicamente, son contraproducentes. El ejército, como la religión, no admite parodias, aunque sea muy otra la intención que guie a los educadores de niños. Parodia y bufa es vestir a chicuelos con el marcial uniforme de soldado, poner en sus inhábiles manecitas un arma de juguete, enseñarles a ejecutar, no la gimnasia vivificadora que fortifica el músculo, sino la sincronía en movimientos inútiles para los muchachos, figuras de un carrusel pedestre, de vistosidad teatral. Yo he visto a esos niños con galones de hipotética subalternería o con sable de figurado oficial, ejercitar el mando despótico sobre sus camaradas, reprenderlos por torpeza en su movimiento. ¿Dónde está la utilidad de esta falsa enseñanza del mando? A más de ridículo, es peligroso para sus tan tiernas inteligencias lo que en las despiertas de hombres con práctica de vida constituye problema no siempre soluble.” (Mundo Gráfico, enero de 1913)


“Aunque expresamente se declara en su reglamento que no tiene  carácter militar, quizás por el gran número de militares que hay en su elemento director, nos ha parecido demasiado militarizada y netamente militares casi todas sus prácticas. Además, y no sabemos si por consecuencia lógica de lo afirmado antes, se nos ha presentado con un ligero tinte de relumbrón, el gran número de vivas, el sinnúmero de banderas desplegadas al viento, , la formación por las mismas calles de Madrid, etc., son cosas que cuanto menos se prodigaran mejor efecto producirán.” (España Médica, febrero de 1913)

 Batallón Infantil de los Salesianos, Santander (1914)

 Batallón Infantil del Colegio de San Bernardino, Madrid (1913)


Otras críticas se centraron en el hecho de que estas prácticas educativas excluyeran a las niñas, aspecto que se intentó corregir en parte, creando agrupaciones infantiles femeninas, en las que, además de alentar los sentimientos patrióticos y la moralidad cristiana, se enseñaban actividades consideradas acordes con la condición femenina.  Por supuesto, en ningún momento se planteó la posibilidad de constituir agrupaciones infantiles mixtas, algo que, en aquellos tiempos, solo se atrevían a proponer y poner en práctica las corrientes pedagógicas más transgresoras, como era el caso de los ateneos libertarios o de las escuelas racionalistas basadas en los postulados de Francisco Ferrer i Guardia y su Escuela Moderna.


Aunque pueda sorprender, tampoco faltaron las críticas de ciertos sectores que consideraban que la religiosidad, el patriotismo y los valores que se ofrecía a los niños en estas instituciones, no eran lo suficientemente intensos, reclamando mayor firmeza por parte de los instructores y quejándose de aspectos tales como la posibilidad de que las excursiones dominicales imposibilitasen que los niños pudieran ir a misa en el día del Señor, que en algunos grupos se mezclasen niños de diferentes clases sociales, o que detrás de todo esta pedagogía pudiera existir algún tipo de doble intención camuflada (masonería, influencia de corrientes de pensamiento extranjeras, etc.).

 Batallón Infantil del Colegio de Santa Ana de Huesca (1914)

Batallón Infantil, Melilla (1913)


Sea como fuere, lo cierto es que los grupos basados en los principios escultistas, aunque a un nivel muy inferior al que experimentaron en otros países como Inglaterra, Estados Unidos o Alemania, tuvieron cierto éxito en las primeras décadas del siglo XX en nuestro país. Un buen ejemplo de todo ello lo constituye la enorme cantidad de batallones infantiles que fueron surgiendo por todo el territorio nacional en aquellos años. Sin ir más lejos, hace ya algún tiempo encontré referencias a la actividad de este tipo grupos en el noroeste de Madrid. Por ejemplo, en el municipio de  Las Rozas, en la población de Las Matas, donde, en el verano de 1912, el Batallón Infantil del Asilo de Santa Cristina realizó prácticas de campaña en la finca de Maximiliano Spiegelberg.


En aquella época, la población de Las Matas prácticamente se reducía al barrio ferroviario y a una serie de grandes fincas particulares entre las que cabe destacar la perteneciente al conde de Romanones, y posteriormente a su hijo, Álvaro de Figueroa y Alonso Martínez, marqués de Villabrágina (que ocupaba, aproximadamente, las actuales urbanizaciones de El Golf, Punta Galea y Parque Rozas); a Gabriel Enríquez de la Orden (Los Peñascales), y a Maximiliano  Spiegelberg  (la finca de Los Alemanes, parcialmente urbanizada hoy en día). Precisamente, este último, fue uno de los protectores y padrinos del Batallón Infantil del Asilo de Santa Cristina.

 El Asilo de Santa Cristina a principios del siglo XX.


El Asilo de Santa Cristina se fundó en el año 1895 por iniciativa del Gobernador de Madrid, Alberto Aguilera y Velasco, como lugar de acogida, residencia y servicios para niños, personas mayores, pobres, y dependientes en general. Su construcción se encomendó al arquitecto Julián Marín. Como ubicación se eligieron unos terrenos situados a las afueras de la ciudad, cercanos a La Moncloa y muy próximos a la zona en la que en 1927 se iniciaría la construcción de la Ciudad Universitaria.


El Asilo de Santa Cristina se componía de varios pabellones (en el proyecto original se incluían más de 20 pabellones, pero nunca llegaron a construirse todos) y una pequeña iglesia. Como es sabido, en noviembre de 1936, durante el ataque directo de las columnas franquistas a Madrid, toda la zona fue escenario de duros combates, convirtiéndose en primera línea de frente hasta el final de la guerra. Precisamente, sería en las ruinas del Asilo de Santa Cristina donde el día 28 de marzo de 1939 el coronel del Ejército Popular de la República, Adolfo Prada Vaquero, entregó la plaza de Madrid al coronel Eduardo Losas Camaña (ver el artículo de José Mª Sánchez publicado en el blog “El Hotel de Sundance”).

 Ruinas de la iglesia del Asilo de Santa Cristina (1939).


Tras la guerra, el asilo no fue  reconstruido y en la actualidad, el único vestigio que queda del mismo, es la escultura de una Inmaculada Concepción (conocida como la Virgen Blanca) que los soldados franquistas rescataron de las ruinas de la iglesia, erigiéndola un templete entre las trincheras de primera línea en el que permanecería la imagen durante los años de guerra, en un lugar muy cercano (si no es el mismo) al que se encuentra la virgen en la actualidad. Hoy en día, el espacio que aproximadamente ocupó el Asilo de Santa Cristina, es el que se extiende entre el Museo de América y el Hospital Clínico.

 Escultura de la Virgen de la Concepción, único vestigio del asilo (JMCM, 2011)

Inscripción que actualmente puede leerse a los pies de la virgen (JMCM, 2011)


Pero volvamos al tema central de este artículo.


Mucho antes de que estallase la guerra, el Asilo de Santa Cristina era una de esas instituciones que contaba con su propio batallón infantil. Entre sus patrocinadores se encontraba, como ya hemos indicado anteriormente, Maximiliano Spiegelberg. Por este motivo, y con ocasión del ingreso de sus hijos, Federico y Arturo, como alumnos libres de la escuela del asilo (una forma simbólica de apoyar a la institución), se celebró en su finca de Las Matas una jornada de actividades en la que los muchachos del batallón infantil, perfectamente uniformados y pertrechados, se dedicaron a realizar ejercicios de exploración, tiro, telegrafía óptica, y simulacros de ataques, todo ello dirigido y supervisado por el comandante Adolfo Díaz Enríquez, y los profesores Alonso Pérez, Marcelo Sanz, Romualdo García y Rogelio Ferreras. 


El diario ABC se hacía eco de esta jornada en los siguientes términos:


“Hoy jueves, a las siete de la mañana, saldrá de Madrid, en tren especial, con dirección a Las Matas, la compañía infantil del Asilo de santa Cristina, para verificar prácticas de campaña en una finca propiedad de Maximiliano Spiegelberg (…) Esta compañía infantil, ya bien conocida del público, trata de hacer verdaderos trabajos de Boy-Scouts, que se propone implantar en España. Su objeto es contrarrestar los efectos debilitantes de la civilización refinada que abate y destruye el carácter; y muy especialmente educar al individuo para tenerle preparado a todo evento o contingencia incierta que se le presente en la vida (…) En síntesis, su misión principal es la de preparar ciudadanos útiles a la patria, sin olvidar  el más amplio humanitarismo.” (ABC, 25-7-1912)


Entre las personalidades invitadas a presenciar las prácticas infantiles se encontraba el ex gobernador y antiguo alcalde de Madrid, Alberto Aguilera (que había sido el impulsor del Asilo de Santa Cristina), Carlos Padrós (uno de los fundadores del Real Madrid), las autoridades municipales y párrocos de Las Rozas y Las Matas, miembros de la colonia alemana de la capital y diferentes veraneantes de la zona.




El Batallón Infantil de Santa Cristina en la finca de M. Spiegelberg, en Las Matas (25-7-1912)

El día transcurrió sin incidentes y en un ambiente festivo. Los chicos pasaron el día realizando maniobras, gimnasia y juegos, y comieron un rancho preparado por ellos mismos. Entre los momentos centrales de la jornada destacaron  la celebración de una misa de campaña y el acto solemne por el que fueron admitidos los hijos de M. Spiegelberg como soldados del batallón infantil, donde no faltaron los juramentos, los himnos, y los ¡hurra!. Al atardecer, el batallón infantil regresó en tren a la capital.

 Misa de campaña del Bon Infantil del Asilo de Santa Cristina en Las Matas (25-7-1912)

M. Spiegelberg acompaña a sus hijos, Federico y Arturo, en el momento de ser admitidos como soldados del Batallón Infantil de Santa Cristina, en Las Matas (25-7-1912)


La finca de Los Alemanes en la que se realizaron las maniobras del batallón infantil de Santa Cristina sigue existiendo en la actualidad, si bien es cierto que algunas zonas han sido urbanizadas y que el entorno que la rodea ha experimentado profundas transformaciones, como por ejemplo, la calle que recibe el nombre de Paseo de los Alemanes (claro recuerdo a sus antiguos dueños), convertida desde hace años en una de las principales vías de Las Matas y que, originariamente, era el camino de entrada a la propiedad de los Spiegelberg. 

Fotografía aérea de 1946 en la que se puede apreciar el Paseo de los Alemanes antes de ser urbanizada esta parte de la finca.

La misma zona en la actualidad.

Actual placa en la calle Paseo de Los Alemanes, Las Matas (JMCM, 2014)

A pesar de los cambios, esta finca sigue constituyendo un  bonito paraje natural entre Las Matas y el Monte de El Pardo en el que, junto a zonas de pastizal, en las que no es raro ver pastar un pequeño rebaño de cabras, se conserva un paisaje de monte bajo con la característica vegetación de esta zona (encinas, jaras, enebros, tomillos…), que ha sido explotado durante muchos años como coto de caza (principalmente de conejo). 

 Camino que discurre por la finca de Los Alemanes (JMCM, 2014)

Ruinas de la antigua casa del guarda en la finca de Los Alemanes (JMCM, 2014)

Puente de piedra sobre el arroyo de Valcaminero (JMCM, 2014)


Por lo que respecta al escultismo (en sus diferentes variantes de boys-scouts, batallones infantiles, jóvenes exploradores, etc.) se mantuvo con sus altibajos en España hasta el estallido de la guerra civil. Finalizada ésta, la dictadura franquista prohibió todas las asociaciones de este tipo, e impuso el Frente de Juventudes, dependiente de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, como organización juvenil obligatoria, a la que se sumarían otras de menor relevancia y de carácter voluntario como las denominadas “Falanges Juveniles de Franco”. En 1960, la Delegación Nacional de Juventud impulsó la creación de la OJE (Organización Juvenil Española), que absorbió al Frente de Juventudes y al resto de asociaciones juveniles del Movimiento, para convertirse en una nueva organización de carácter voluntario, y que, con la llegada de la Transición política, fue poco a poco desideologizándose  e independizándose de la retórica y los símbolos falangista para convertirse en una organización juvenil independiente e inscrita en el registro nacional de asociaciones.


Junto a estas organizaciones juveniles creadas por el Movimiento, convivieron durante el franquismo otras vinculadas a la iglesia católica que desarrollaron lo que podríamos llamar un escultismo diocesano. A finales de la década de los 50, algunas personas que antes de la guerra habían pertenecido a la organización “Jóvenes Exploradores de España”, comenzaron a reconstruir los Boys-Scouts  Españoles, poniendo las bases sobre las que actualmente se asienta esta organización en nuestro país. 


Respecto a los batallones infantiles, que tanto apoyo institucional habían  recibido durante las primeras décadas del siglo XX y tanta popularidad habían alcanzado en la sociedad de la época, desaparecieron por completo de la historia. Nunca más volvieron a verse compañías de soldaditos vistosamente uniformados con los diferentes colores, insignias y banderas de sus respectivos centros educativos desfilando por las calles. 


Echando cuentas, uno no puede dejar de pensar en que aquellos mismos niños que marcaban el paso y jugaban a ser soldados con sus respectivos batallones infantiles, terminarían viéndose inmersos en una guerra real, en la que muchos de ellos, adultos ya en 1936, se convertirían en soldados de verdad, combatiendo de verdad y matando y muriendo de verdad. La guerra había dejado de ser un juego para mostrar toda su crudeza y crueldad.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía de cabecera: Batallón Infantil del Asilo de Santa Cristina, Madrid, 1913.

viernes, 2 de mayo de 2014

140) Carlos Hipólito Serrano, alcalde de Villanueva del Pardillo



CARLOS HIPÓLITO SERRANO, ALCALDE DE VILLANUEVA DEL PARDILLO


Hace algunos meses, escribíamos en este blog un artículo titulado “CONTROL DE CARRETERAS”. En aquél artículo veíamos como la sublevación militar de julio de 1936, entre otras cosas, había supuesto un colapso para la autoridad del Gobierno de la República, el cual, se vio desbordado por la iniciativa popular que se vivía en las calles de numerosos pueblos y ciudades, provocando un vacío de poder que, en muchos lugares, fue ocupado por nuevas fórmulas políticas, sociales y económicas de tipo revolucionario.


Durante los primeros meses de guerra, en los pueblos del noroeste madrileño, al igual que sucedía en otros muchos lugares de la zona republicana, surgieron un sinfín de comités, consejos, juntas y otros organismos que asumieron el control de la situación en sus respectivas áreas.


En general, estos comités locales estaban formados por las diferentes fuerzas políticas y sindicales con representación en el municipio y se articularon en torno a los propios ayuntamientos existentes en el momento de la sublevación militar, la inmensa mayoría de los cuales, estaban formados por representantes de organizaciones afines al Frente Popular.


Como ya indicábamos en aquél artículo


“Fueron estos comités locales los que en sus respectivos términos municipales procedieron a las incautaciones de fincas, edificios, vehículos y otras propiedades; los que se encargaron del abastecimiento y la distribución de bienes y alimentos; los que atendieron a las poblaciones evacuadas de zonas de combates; los que procuraron asegurar los  servicios; organizaron las labores agrícolas y ganaderas;  intentaron colaborar y dar apoyo en todo lo necesario a las columnas de milicianos que combatían en la Sierra, etc., etc., etc.


Los comités locales asumieron también las labores de orden público en sus respectivos pueblos, practicando detenciones, registros e incautaciones, o colaborando con los diferentes organismos que realizaban estas actuaciones, aunque también hay que decir que, en no pocas ocasiones, intentaron oponerse a ellas. Fueron estos comités locales los que dentro de sus posibilidades se enfrentaron a los numerosos grupos de incontrolados que en aquellas primeras jornadas de guerra actuaron a su libre albedrío por los pueblos de la provincia. También es verdad que otras veces hicieron la vista gorda o consintieron abusos y tropelías.”


Muchas veces, estos comités locales estuvieron encabezados por las autoridades municipales, más o menos mediatizadas y condicionadas por las presiones que constantemente recibían de diferentes grupos, tanto del pueblo, como de fuera del mismo. Los primeros meses de guerra (el periodo que va de julio a octubre de 1936) fueron extremadamente complicados y confusos, y aunque puede hablarse de unas pautas generales, lo cierto es que cada municipio constituyó un caso aparte que debe de ser estudiado y analizado por separado.


La violencia, extendida de forma incontrolada por todo el país, tuvo su reflejo también en los pueblos madrileños. En muchos lugares, las personas que ocupaban cargos de responsabilidad no quisieron, no supieron o no pudieron evitar esa violencia, produciéndose multitud de lamentables y trágicos episodios. Sin embargo, en otros lugares, algunos de aquellos responsables políticos, muchas veces asumiendo grandes riesgos, quisieron, supieron y pudieron poner coto a los abusos, tropelías, atropellos, desmanes y brutalidades que el contexto de guerra alentaba y generalizaba.


Entre estas personas que, dentro de las enormes complicaciones del momento que les tocó vivir, intentaron mantener la serenidad y asumieron un compromiso de respeto hacia la vida y la integridad física de las personas, independientemente de sus ideas políticas, parece encontrarse Carlos Hipólito Serrano, alcalde de Villanueva del Pardillo en el momento de estallar la guerra.


Poco se sabe de la vida de esta persona. No se conoce con exactitud la fecha de su nacimiento, que se sitúa entre 1904 y 1905, y no he sido capaz de localizar el año de su fallecimiento, que posiblemente aconteció en Valencia pocos años después de terminada la guerra. Sí se sabe que este pardillano fue labrador de profesión, militante de la UGT y, entre el 14 de mayo y el 3 de octubre de 1936, alcalde de Villanueva del Pardillo por la formación política Izquierda Republicana. 


Según el “Diccionario Biográfico del Socialismo Español” (Fundación Pablo Iglesias), desde octubre de 1936, Carlos Hipólito Serrano “se incorporó al Cuerpo de Seguridad siendo destinado al 7º Cuerpo de Asalto donde permaneció hasta julio de 1937 que marchó al 31 Grupo donde continuó hasta marzo de 1939. Finalizada la guerra civil fue detenido resultando absuelto en Consejo de Guerra celebrado en Madrid el 5 de febrero de 1940 aunque quedó a disposición de la Inspección de Campos de Concentración. Estuvo internado en la prisión de Cisne hasta que ingresó en el Depósito de Prisioneros de Unamuno (Madrid) el 6 de marzo de 1940.”


De la actuación de Carlos Hipólito Serrano en defensa de la vida de sus convecinos en los meses que ejerció como alcalde de Villanueva del Pardillo, da fe la carta escrita y firmada una vez finalizada la contienda por 43 vecinos del pueblo, entre los que se encontraban el propio alcalde y el secretario del nuevo ayuntamiento franquista (Demetrio Serrano e Ignacio Rubio), y que fue enviada al Gobierno de Franco en noviembre de 1939 solicitando la liberación de su antiguo alcalde.


Teniendo en cuenta que dicha carta fue escrita a finales de 1939 (uno de los periodos en los que la represión del nuevo régimen franquista fue más masiva e intensa), que fue firmada por más de 40 de los 237 vecinos que pudieron regresar al pueblo al finalizar la guerra (al iniciarse el conflicto Villanueva del Pardillo tenía unos 600 vecinos), que entre los firmantes se encontraban las nuevas autoridades municipales, y que el exalcalde republicano fue finalmente absuelto de la pena capital en el Consejo de Guerra celebrado contra él, el 5 de febrero de 1940, en Madrid (aunque sería condenado a cumplir pena en el penal de Miranda del Ebro y en un batallón disciplinario de trabajos forzados), cabría suponer que, efectivamente, Carlos Hipólito Serrano, en la medida de sus posibilidades, evitó el derramamiento de sangre en el pueblo del que era alcalde y se enfrentó a los grupos de incontrolados (y no tan incontrolados) que en aquellas dramáticas jornadas pasaron por Villanueva del Pardillo.


A continuación, reproducimos el contenido de la carta en defensa del exalcalde para que cada uno saque sus propias conclusiones:


CARTA A FAVOR DE CARLOS HIPÓLITO, ENVIADA AL GOBIERNO EL 28-11-1939


"Sabido es, por todos los que vivimos aquellos momentos, el peligro que corría, por cualquier pueblo de la zona dominada por el Gobierno rojo, toda persona que tuviera significación de derechas o estuviera considerada como católica, no solo por las organizaciones de los pueblos, sino por las hordas, que de otros pueblos y de la Capital, pasaban constantemente en coches, con los fusiles asomando por las ventanillas de los mismos. En estos apurados momentos y siendo alcalde de este pueblo, el detenido Carlos Hipólito Serrano, que aunque por sus ideas estaba sumado a la causa roja, demostró, antes y durante el Movimiento, tener buen corazón y buenos sentimientos; supo imponerse, en tan terribles momentos, a cuantas insinuaciones de los que pasaban en opulentos coches, buscando víctimas, preguntando si había personas de derechas en aquel pueblo. En todo momento se le vio decidido, no solo a evitar derramamiento de sangre de cualquier persona del término, sino a que fuera detenida ni una sola de ellas. A tal objeto, y entre otras medidas, advirtió a las mujeres, que según costumbre, se reunían a coser en corrillos, a las puertas de sus casas que tuvieran mucho cuidado con la lengua, que si los que pasaban en los coches preguntaban por las personas de derechas del pueblo, les enviasen al Ayuntamiento donde les informarían de lo que preguntaban. En otras ocasiones se le oyó decir que antes de sacar a cualquier persona del pueblo, tendrían que sacar su cadáver arrastrado, pues no lo consentiría en lo que tuviera vida.


Gracias a estas medidas y las energías, con que despachaba a cuantos extraños trataban de mezclarse en asuntos del pueblo contamos hoy, los que suscribimos con nuestros padres, maridos, hijos o hermanos.


Por todo ello, a V. S. suplicamos que sean tenidas en consideración estas manifestaciones que pueden atestiguar todas las personas de orden del pueblo, y dentro de las normas de Justicia, que V. S. con tanta rectitud observa, haga que puedan servir de paliativo en el sumario de referencia, pues en circunstancias tales, contadísimas personas de las que figuraban a la cabeza de los pueblos, han tenido un comportamiento semejante.
Villanueva del Pardillo, 28 de noviembre de 1939. Año de la Victoria"

 Documentos del Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo fechados en marzo de 1940, informando de las pesquisas seguidas para conocer el paradero de Carlos Hipólito (AHN).


El nombre de Carlos Hipólito Serrano, que como el de tantas otras personas que vivieron y sufrieron la tragedia de la guerra civil, permanecía prácticamente olvidado en las sombras del pasado, ha vuelto a aparecer en los últimos tiempos a raíz de una polémica surgida en el Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo entre el equipo de gobierno y algunos grupos de la oposición. La polémica, similar a la vivida en infinidad de municipios españoles desde el final del régimen franquista, pero muy especialmente, desde la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica, que obliga a la retirada de los símbolos relacionados con la dictadura de los espacios y edificios públicos, ha generado cierta controversia que los interesados pueden seguir a través de la prensa (pinchar aquí), y que puede resumirse en la propuesta de homenajear al que fuera alcalde republicano dedicándole el nombre de una de las calles del municipio pardillano. El asunto, polémico de por sí (ya sabemos lo que cuesta en este país este tipo de cosas), se complica aún más porque la calle propuesta para dedicar a Carlos Hipólito no sería una de las futuras vías que puedan construirse en el pueblo, sino una de las ya existentes y que, desde que la población fuese reconstruida tras la guerra por el Organismo de Regiones Devastadas, ostenta el nombre de García-Morato (1904-1939), as de la aviación franquista durante la guerra civil.

 Joaquín García-Morato, piloto del ejército franquista al que está dedicada una calle
 en Villanueva del Pardillo.

No es la única calle con claras reminiscencias al bando vencedor en Villanueva del Pardillo, donde, por ejemplo, existe una calle dedicada al general Mola y otra que lleva el nombre de Los Mártires (no hace falta aclarar a que “mártires” se refiere). Tampoco Villanueva del Pardillo es una excepción en este aspecto, cualquiera que se dé un paseo por otros pueblos de la zona, como Brunete, Villanueva de la Cañada, Quijorna o Boadilla del Monte, podrá toparse con un buen número de calles, plazas y monumentos dedicados a personalidades, episodios y unidades militares vinculadas a la sublevación y el régimen franquista.


 Algunas de las calles de la polémica en Villanueva del Pardillo (JMCM, 2013)

Este tipo de polémicas se han convertido en un tema recurrente en los plenos municipales de muchas localidades españolas y la cuestión parece estar muy lejos de solucionarse. En todo ello se entremezclan una consciente falta de voluntad política, un amplio desconocimiento de la historia de los municipios, y una generalizada pasividad por buena parte de las poblaciones locales, que acostumbran a mostrar un nulo interés por todo lo relacionado con el pasado, el presente y el futuro de los espacios, entornos y paisajes por los que cotidianamente se mueven. 

En este blog no tenemos la solución al problema, y no entraremos en una polémica cuya forma de ser tratada y presentada nos hastía y deprime. Pero en nuestro empeño de rastrear el pasado de nuestros municipios, y conocer su historia para poder comprender mejor nuestro presente, nos ha parecido interesante recuperar el nombre de Carlos Hipólito Serrano, alcalde republicano de Villanueva del Pardillo en 1936 que, por lo que parece, fue capaz de mantener una comprometida y valiente postura moral y humana en medio de la locura de aquellos terribles días de 1936.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ