viernes, 15 de enero de 2010

66) Dehesa de Navalcarbón


DEHESA DE NAVALCARBÓN

A unos tres kilómetros al noroeste del pueblo de Las Rozas, en el kilómetro 21 de la carretera de La Coruña, se encuentra la Dehesa de Navalcarbón. Aunque muy alterada y deformada, sigue constituyendo un pequeño recuerdo de las dehesas y montes poblados por robustas encinas, así como otras especies vegetales (quejidos, enebros, jaras, majuelos, retamas…) típicas de esta zona y que, en la actualidad, prácticamente han desaparecido por la utilización que se ha hecho del suelo, principalmente con fines urbanísticos.

Este bosquecillo, que figura en multitud de mapas antiguos con el nombre de Dehesa de Las Rozas, es mencionada ya en el capítulo 24 de las “Relaciones” de Felipe II (1576) y en el Catastro del marqués de la Ensenada (1749), donde recibe el nombre de Dehesa Vieja. Su nombre de Navalcarbón, como el ya en desuso de Valdeastillas con el que se conocía la zona que se extendía por el sur de la dehesa, hacen referencia a la existencia, en un tiempo ya remoto, de carboneras para la obtención de carbón vegetal. Una actividad que daría lugar a la pérdida de buena parte de las viejas encinas que en la antigüedad poblaban la dehesa.

Desde un punto de vista orográfico, la Dehesa de Las Rozas estaba integrada en una amplia zona denominada “Altos de la Carrascosa” (en Castilla, carrascosa se denomina a las zonas en las que abundan las carrascas, es decir, las encinas  jóvenes o de pequeño tamaño en su fase arbustiva), que se extendía, más o menos, desde la propia Dehesa hasta el Arroyo del Lazarejo, y que en la actualidad ha experimentado un espectacular impacto urbanístico.

A lo largo del tiempo, pero muy especialmente a partir de los años 40 del siglo pasado, en la Dehesa de Navalcarbón se han realizado diversas repoblaciones forestales, basadas principalmente en el pino piñonero, que han permitido que este bosquecillo se haya mantenido hasta nuestros días, aunque reconvertido en pinar, generalizándose por ello el uso del topónimo “Pinar de Las Rozas” para referirse a este lugar.

En los últimos años los planes de urbanismo han llegado hasta sus linderos, convirtiendo los alrededores en urbanizaciones, centros comerciales, carreteras, recinto ferial y polígono empresarial, lo que ha provocado que la Dehesa haya pasado de sus aires de pequeño bosque a los de una especie de parque grande semi-vallado, donde los vecinos de la zona acuden para realizar deporte, pasear o realizar meriendas (especialmente durante la tradicional romería de la Virgen del Retamar, patrona de Las Rozas, el primer domingo de mayo).

Otra actuación que ha supuesto un fuerte impacto para este viejo encinar ha sido la construcción de un canal navegable con fines deportivos. La idea se ha basado en la existencia de restos de un canal, el cual formaba parte de un ambicioso proyecto de finales del siglo XVIII por el que se pretendía, nada más y nada menos, que unir Madrid con el océano Atlántico a través de una vía navegable. De los 771 kilómetros que iba a tener este canal solo se construyeron los 25 primeros (correspondientes al Canal del Guadarrama), en concreto, los que iban desde la Presa del Gasco (cuyas ruinas se conservan en Molino de la Hoz, en los límites de los términos de Las Rozas, Galapagar y Torrelodones) hasta las proximidades del pueblo de Las Rozas. Tras años de múltiples dificultades, el proyecto quedó suspendido, y las obras fueron cayendo en el olvido y el abandono, pudiendo encontrarse hoy en día diversos restos del canal en diferentes puntos del municipio.
Por lo que se refiere a vestigios de la Guerra Civil, la Dehesa de Navalcarbón constituye un espacio privilegiado para los interesados en el estudio de la arquitectura militar. En su interior se han conservado numerosos restos de aquellos tiempos, convirtiendo el lugar en un magnífico conjunto histórico y arqueológico. Hasta la fecha se han podido catalogar un total de doce estructuras en muy diferentes estados de conservación. Además de estas construcciones, podemos encontrar numerosos trazados de atrincheramientos y otras huellas que señalan lo que fueron posiciones defensivas, alojamiento de tropas, almacenamientos, refugios, etc.

Todos estos elementos defensivos (la mayoría realizados por el Batallón de Zapadores del II Cuerpo y por la I ª Compañía del 55 Batallón de Obras y Fortificaciones) formaban parte de la denominada “Línea de Detención”, que el Ejército Popular de la República construyó en este Subsector del frente desde mediados/finales de 1938, y cuya defens, en aquel momento correspondía a la 111 ª Brigada Mixta, adscrita a la 8ª División.

Como ya explicamos en otra ocasión, esta “Línea de Detención” consistía en un complejo entramado defensivo que se extendía a retaguardia de la primera línea del frente o línea principal de resistencia. Su función era frenar una posible rotura del frente por parte del enemigo. Para ello, se desarrollaba un intenso plan de obras y fortificaciones en un lugar estratégico en el que pudiera trabajarse con más eficacia y seguridad, lejos del constante hostigamiento enemigo de las primeras líneas que, lógicamente, intentaba dificultar e impedir el fortalecimiento del adversario.

Según un documento de la 8 ª División Republicana, fechado el 21 de febrero de 1939 (cerca de un mes antes de que terminase la guerra), esta “Línea de Detención” se extendía por:

“Ocho Hermanas-Palacio de Zarzuela-Portillera de Las Rozas-Casa de Castrejón-Casa Próculo-Alto de la Carrascosa-Vértice Lazarejo”

Y estaba constituida por ocho Centros de Resistencia, siendo el Centro de Resistencia n º 7, en el que estaban integradas, además de las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón, las que en la actualidad existen en Fuente del Cura y Nava los Santos (de las que hablaremos en otra ocasión).

Según este informe:

Desde el Alto de la Carrascosa hasta el Arroyo de la Retorna, hay construidos bastantes nidos de ametralladoras, en hormigón y en mampostería, así como otros en mampostería para fusil ametrallador. También existen trincheras en condiciones de ser ocupadas y algunos refugios, aunque insuficientes. Desde el Arroyo de la Retorna, hasta el Río Guadarrama, también existen ligeras organizaciones que actualmente se completan”.

Efectivamente, la mayor parte de las construcciones que hoy en día encontramos en la Dehesa de Navalcarbón son fortines de mampostería, variando su tamaño en función de que su uso fuera para ametralladora o para fusil ametrallador. Éstas fortificaciones están construidas principalmente con piedra granítica (también encontramos algunos sillares de caliza), hormigón y ladrillo macizo. La planta suele ser cuadrada con un frontal semicircular (tienen forma de D) en el que se abren entre una y tres troneras de tamaño variable.

Todos los fortines de este estilo han perdido total o parcialmente su gran cubierta con forma de caparazón y construidas en hormigón reforzado con cascajo de piedra. La causa principal de este deterioro está en la actividad chatarrera que tras la guerra se desarrolló en la casi totalidad de los frentes. La estructura interior metálica de muchas de estas construcciones suponía una sugerente fuente de ingresos en los penosos años de la posguerra, siendo ésta, la principal causa de su destrucción. La erosión, el abandono y el paso del tiempo han hecho el resto. Esta misma tipología de fortificación de mampostería la podemos encontrar en otros muchos puntos de Las Rozas, y puede decirse que constituye el modelo de fortín más característico de la 8ª División republicana.

También se conserva, muy deteriorada, una construcción en cuyos muros se combina la mampostería de granito con el hormigón armado, cuya tipología se diferencia claramente del resto. Se trata de un observatorio blindado, elemento muy importante en la organización del frente. Muy próxima al observatorio encontramos una pequeña y curiosa construcción de grandes sillares de caliza y planta cuadrada, correspondiente al puesto de mando de la posición

Pero sin duda, los fortines más emblemáticos de la Dehesa de Navalcarbón son, precisamente, los que se encuentran en mejor estado de conservación. Se trata de dos nidos de ametralladora de estructura cilíndrica, con la planta en forma de “ojo de cerradura”, construidos en hormigón armado. Tienen tres grandes troneras frontales y una más pequeña en un lateral trasero, frente a la entrada. En su interior se conserva una estructura de hormigón para la colocación de un arma automática. De éstos, el que se encuentra junto a la residencia tiene en su cubierta una inscripción grabada en el cemento fresco difícil de descifrar, pero en la que puede verse perfectamente “1938”. De esta misma tipología existe una construcción similar y en buen estado de conservación en Monte Rozas, en el lugar conocido como “Nava los Santos” (actuales terrenos de la UNED). Hay otra más en “Fuente del Cura”, pero este fortín, al contrario que sus compañeros, se encuentra totalmente destruido. Otro de estos fortines de hormigón aramado desapareció al construirse el centro comercial Rozas Village.

Junto a estas construcciones, que suelen resultar los restos más atractivos, podemos encontrar interesantes trazados de trincheras y otras huellas de donde debieron de ubicarse diversos parapetos y puestos excavados y reforzados con sacos terreros y otros elementos que no han soportado el paso del tiempo. Todas las fortificaciones estaban unidas por túneles, trincheras cubiertas y otros elementos que hoy sólo se conservan parcialmente.

Cortada la carretera de La Coruña tras los combates de enero de 1937, los republicaos tuvieron que buscar alternativas para mantener las comunicaciones entre la sierra y la capital y para abastecer los diferentes puntos del frente en este sector. Por ello, esta “Línea de Detención” tenía una gran importancia puesto que, además de constituir una segunda línea defensiva, aseguraba las vías de comunicación utilizadas por el II Cuerpo de Ejército. Dentro de este sistema de comunicación, los restos del viejo Canal del Guadarrama, convenientemente acondicionados como pistas militares, fueron muy útiles para el traslado de hombres y materiales a zonas muy próximas al frente.

No todas las posiciones de esta “Línea de Detención” (algunas bastantes kilómetros alejadas del frente) estaban permanentemente ocupadas por la tropa. Muchos puntos permanecían desguarnecidos, pero procurando mantenerlos en buenas condiciones de conservación por si las circunstancias hacían necesario su utilización.

Respecto a las fortificaciones de la actual Dehesa de Navalcarbón (muy próximas a lo que fue el frente), y según el mismo documento que mencionábamos antes, dos de los Batallones de la 111 ª Brigada Mixta que acostumbraban a permanecer en reserva, tenían destacados en el “Alto de la Carrascosa” dos Compañías cada uno, al objeto de ayudar al personal de Ingenieros en los trabajos de fortificación. El resto de la tropa de reserva permanecía en sus acantonamientos pero preparados para poder ocupar la “Línea de Detención” entre la carretera de La Coruña y el Vértice Lazarejo en un máximo de 15 minutos.

Los restos de la Dehesa de Navalcarbón, unidos a los existentes en Las Ceudas, Fuente del Cura y Nava los Santos, constituyen un impresionante conjunto de fortificaciones de la Guerra Civil. En un espacio relativamente pequeño y de agradable paseo, se conservan muchos elementos de lo que fue la “Línea de Detención” republicana en este sector del frente. Es una pena el poco interés que las diferentes administraciones e instituciones han mostrado hasta la fecha por este patrimonio histórico que, junto a otros muchos restos, convierte a Las Rozas en uno de los municipios madrileños más interesantes para el estudio de la arquitectura militar de la Guerra Civil.

Esperamos que este desinterés e indiferencia generalizada cambie lo antes posible y los importantes y numerosos restos que aun se conservan (posiblemente el patrimonio histórico más importante de los pueblos del noroeste madrileño) reciban la atención y consideración que se merecen.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografías: Algunas de las construcciones existentes en la Dehesa de Navalcarbón (JMCM)

Documentación procedente del AGMA

9 comentarios:

  1. Por primera vez, defiendo la iniciativa de un ayuntamiento, que aun sin saverlo, han recuperado parte del Canal del Guadarrama.
    El trazado de este tramo es el mismo que hace cientos de años y por tanto un resto arqueologico, con el añadido de su utilización durante la G.C

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  2. No estoy de acuerdo Güil.

    El trazado no es exactamente el mismo. Han aprovechado algo de las excavaciones realizadas en su época, para luego hacer lo que les ha dado la gana. No han recuperado nada, puesto que el trazado ya existía y se conservaba. De hecho, aun hay trazados y otros restos del canal en otros puntos de la Dehesa de Navalcarbón. Han utilizado la historia del canal como excusa para poder realizar una obra cara, innecesaria y agresiva con el entorno.

    Construir metros y metros de hormigón, instalar sistemas eléctricos, motores, etc. no tiene nada de arqueológico, sino más bien todo lo contrario. Supone sepultar y destruir los auténticos vestigios histórico-arqueológicos para crear un sucedáneo del canal, con fines de todo tipo, pero no de estudio y conservación del patrimonio.

    ¿Dónde están los estudios arqueológicos del canal? En ningún sitio porque eso no era lo que interesaba. ¿Piensas en serio que el canal proyectado en el siglo XVIII tenía algo que ver con lo que ha hecho el Ayuntamiento de Las Rozas en la Dehesa de Navalcarbón?

    Si hubiera un verdadero interés en recuperar, estudiar y conservar el patrimonio histórico del municipio, ¿por qué los fortines y otros restos de la guerra civil, no sólo no se cuidan y conservan, sino que se destruyen sin ningún miramiento por intereses urbanísticos o económicos de cualquier tipo? (tengo decenas de ejemplos).

    Con respecto al uso del canal durante la guerra civil, que como bien sabes se convirtió en pista militar por el Ejército Popular de la República, es evidente que fue así porque el canal no se terminó y nunca llevó agua, de lo contrario, habría sido imposible.

    Que no te engañen Güil. En obras y proyectos como el del canal de la Dehesa de Navalcarbón no prima el interés histórico y cultural, sino la forma de justificar gastos y hacer ver que se hacen cosas, aunque lo que se hace (como para mi, es el caso del asunto que nos ocupa), sea absurdo, feo, caro y agresivo con el entorno y el patrimonio histórico. Una verdadera chapuza.

    Luego, habrá a gente que le gustará más o le gustará menos. Sobre gustos los colores, pero lo que se ha hecho con el canal del Guadarrama en la Dehesa de Navalcarbón es todo lo contrario a lo que Arqueología significa.

    Un saludo.

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  3. Lo realizado en la dehesa es chapucero, sucio y con un mantenimiento escaso que lo convierte en un foco de mosquitos para el entorno.

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  4. Es triste ver el poco respeto que tenemos por nuestra Historia. Y aunque soy un afortunado usuario de la Dehesa (es un placer ver de vez en cuando a las "orejudas", azulones, urracas, bravías,...) también me pregunto si será capaz de soportar la inmensa presión humana (cualquier finde está peor que El Retiro). En fin,...

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  5. Es normal que la gente quiera disfrutar de lugares como este, pero sí, la Dehesa de Navalcarbón, a la que tengo un gran cariño, se ha ido quedando pequeña. Lamentablemente, la enorme expansión urbanística ha ido reduciendo los espacios en los que poder disfrutar del aire libre y la naturaleza. Dependiendo de lo que te apetezca encontrar (o de cómo te encuentres) conviene elegir bien la hora y el día de visita.

    Un saludo

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  6. Hola,

    recientemente he empezado a descubrir la cantidad de restos que la guerra civil ha dejado olvidados y que pasan desapercibidos.

    He paseado la dehesa viendo muchas fortificaciones, sin embargo no entiendo muy bien su utilidad en el frente. Yo pensaba que eran fortines nacionales. Si como comentas, era una línea defensiva de la República por qué están orientadas todas hacia el sur? En la casa del campo existen varios fortines de granito exactamente iguales a los que hay aquí, y del mismo modo están orientados hacía la capital, aunque en la casa de campo es verdad que protegen cerros.

    Por favor, podrías explicármelo? muchas gracias y enhorabuena por el blog

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  7. La explicación a tus dudas está en las características que tuvo el frente una vez que terminaron las grandes operaciones militares.
    A finales de noviembre de 1936 las tropas de Franco fracasan en su intento de conquistar la ciudad por ataque frontal, y a mediados de enero de 1937 finaliza la batalla de la Carretera de La Coruña. Desde entonces, el frente en el sector de Las Rozas queda definido, a grandes rasgos, por la línea Villanueva del Pardillo-carretera desde este pueblo a Las Rozas-carretera de El Escorial-pueblo de Las Rozas-carretera de La Coruña-Cuesta de las Perdices-Cerro del Águila-Ciudad Universitaria-Parque del Oeste-Casa de Campo.
    Los fortines que hay en la Casa de Campo, a los que tú haces alusión, pertenecen al Ejército Nacional. Los de la Dehesa de Navalcarbón, son fortificaciones de segunda línea del Ejército Popular de la República. La tipología y características de unas construcciones y otras son muy diferentes, aunque, al tener una función similar, puestos para armas automáticas, puedan encontrarse algunas similitudes entre ellas. Todas estas construcciones se construyeron en la etapa final de la guerra y respondieron a planes de fortificación bien estudiados y planificados por ambos ejércitos.
    Creo que en los diferentes contenidos de este blog, puedes encontrar abundante información para aclarar tus dudas.
    Un saludo.

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  8. Muchas gracias Gerión, me has servido de gran ayuda.
    Saludos.

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  9. LA ASOCIACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL CIERZO ORGANIZA RUTAS GUIADAS POR LA DEHESA DE NAVALCARBÓN Y POR OTRAS POSICIONES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. INTERESADOS CONSULTAR SU WEB:

    http://asociacioncierzo.net/

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