jueves, 1 de octubre de 2009

51) Combates en el sector de Las Rozas



COMBATES EN EL SECTOR DE LAS ROZAS

En anteriores apartados de este blog, tales como “CONTRAATAQUE EN LA NIEBLA” o JORNADAS DE CONTRAOFENSIVA”, hemos hablado de los intentos que tras la potente ofensiva franquista desarrollaron los republicanos por intentar recuperar parte del terreno perdido. Esta contraofensiva tuvo en el sector de Las Rozas uno de sus principales escenarios. La idea consistía en intentar reconquistar éste pueblo, Villanueva del Pardillo y Majadahonda, para presionar la retaguardia de las columnas enemigas que habían progresado hacia Madrid y ocupado la Cuesta de las Perdices.

El día 11 de enero de 1937, con fuerzas locales y otras que llegaron de otros frentes, el Ejército Republicano inicia los ataques con unos 9.000 hombres, cañones y varios tanques. Las Rozas fue atacada desde Galapagar y el Monte del Pardo. Se logró tomar el Vértice Cumbre y se presionó sobre El Pardillo y Majadahonda. El pueblo de Las Rozas quedó rodeado y aislado en diferentes momentos. En éste último pueblo la lucha fue especialmente dura. Los tanques republicanos, los temidos T-26, penetraron en el caserío seguidos por la infantería, produciéndose una sangrienta lucha callejera con cruentos combates cuerpo a cuerpo.

Los choques continuaron durante varias jornadas de frío invierno, hasta que el día 16 de enero, las tropas franquistas al mando de Asensio consiguieron reestablecer la situación, poniéndose así fin a la batalla de la carretera de La Coruña, con los dos Ejércitos exhaustos y con sus respectivas reservas prácticamente agotadas.

Uno de los protagonistas de aquellas duras jornadas recordaba años después su experiencia:

“Yo era capitán del Segundo Tabor de Regulares de Tetuán, mandado por el comandante Serrano Montaner. Pozuelo ya había sido tomado. También algunos pueblos colindantes. Mi Tabor fue enviado a la Casa de Vacas, en la Casa de Campo. Más tarde, hacia el doce de enero de mil novecientos treinta y siete, se le enviaría a Majadahonda, donde había un contraataque enemigo. Todo discurría entre la carretera de El Escorial-Las Rozas y la línea recién tomada de Las Rozas-Majadahonda. Grandes cantidades de artillería, carros de combate y un gran número de soldados de Infantería enemigos operaban en aquel terreno. El Vértice Cumbre, vital para la defensa de Las Rozas, se había perdido.

El día doce fue herido el general Bartoméu. Sus heridas fueron de consideración. Por la tarde de dicho día, mi Tabor fue enviado como refuerzo. Al día siguiente volvía a atacar el Ejército republicano, pero mi unidad se supo mantener en Las Rozas a pesar del tremendo desnivel existente entre las armas y número que uno y otro poseíamos. El capitán Botella, del Grupo de Escuadrones de Numancia, murió atropellado por un carro ruso T-26 cuando intentaba lanzar una granada de mano. Posteriormente le concederían la Laureada Individual a título póstumo.

Más tarde, el Vértice Cumbre sería tomado por el general Asensio. Era el día quince de enero. El Ejército enemigo cesó en su contraofensiva. Todos nos quedamos tranquilos esperando la nueva lucha que se acercaba. Es una evidencia de lo que significa cada acción de guerra.”


En aquellos días se sucedieron episodios de gran violencia y crueldad, todo envuelto de una enorme confusión. La lucha, en muchos puntos, fue salvaje y despiadada. Del libro “Islam y guerra civil. Moros con Franco y con la República”, escrito por Francisco Sánchez Ruano, extraemos el siguiente fragmento del capítulo “Árabes y bereberes con la II República”, que también los hubo en el Ejército Popular, aunque en una proporción prácticamente anecdótica si la comparamos con las tropas del mismo origen que sirvieron bajo las órdenes de Franco.

“Oussidhoum fue designado jefe de la sección de ametralladoras, del 11 de enero al 5 de febrero de 1937, y “Walter” ordenó a su 12º Batallón ir a Las Rozas. Oussidhoum y el francés Schmidt (con escudo y caja de municiones), en furioso ataque, pasaron dos líneas enemigas, tomaron una ametralladora Hotchkiss y la volvieron contra el enemigo que huyó en la niebla ante los tiros. Si el beréber no hizo ningún disparo al desconocerla de noche, el belga Tonneau disparó 30 veces y luego Ossidhoum se rió del viejo Tutur y su ametralladora al final de su columna. De castigo se prohibió el coñac a su unidad. Algunos soldados de la XIV se perdieron en la niebla y desaparecieron; otros como Ossidhhoum, que perdió a su sección de ametralladoras, reaparecieron al levantarse la niebla. Los tanques rusos que entraron en Las Rozas aplastando a su guarnición se retiraron para aprovisionarse de gasolina y fueron seguidos por los hombres de la XIV, que creyeron era orden de retirada; al ver su error intentaron ocupar Las Rozas al otro día, pero estaba ya erizada de cañones y ametralladoras.

Desde El Pardo, la I Brigada de Líster atacó el edificio del Telégrafo, fuertemente defendido pues estaba entre Las Rozas y Majadahonda y ocuparlo era facilitar la conquista de las otras. El 12 de enero de 1937, los tanques de la XIV y la infantería ocuparon el Telégrafo e hicieron muchos prisioneros, pero al comunista Miguel (antes lo cogieron vivo) le cortaron pies y manos, y su novia, Francisca, mató a tres moros antes de ser abatida. Pronto vino el ataque franquista con aviones, cañones y tanques seguidos de moros que se acercaron al Telégrafo; los moros iban según A. Rodimtsev, “con los fusiles terciados al brazo, en tres filas, derechos con toda su talla (…) Avanzaban al descubierto, como en un desfile.” Era un ataque psicológico para demostrar al enemigo su valor y desprecio de la muerte, hasta que empezaron el fuego que no fue contestado por los republicanos cuando ya estaban más cerca. Los tanques rusos les provocaron gran mortandad y los moros se lanzaron al Telégrafo: “Rabiosos, fanáticos (…) corrían ya hacia la entrada principal (…) Los republicanos hacían salidas del edificio y disparaban a quemarropa a los moros, pero una parte (…) penetró en el edificio”. Como dos de sus tanques les siguieron, los moros se hicieron fuertes en las plantas bajas del edificio y los republicanos en las superiores; pero la llegada de tanques y tropas republicanas decidió la lucha, ya que mataron a la mayor parte de los moros y el resto se rindió: “Aquí y allá yacían a los pies los cortos cuchillos ensangrentados (…) Todo estaba sembrado de cadáveres de los moros”.

El mando republicano careció de unidad en la dirección de las operaciones y hasta la agrupación, donde estaban la XII y la XIV, que llevaron el ataque principal, se dividió en dos mandos. El mando republicano mandó pasar a la defensiva en los sectores ocupados, el 14 de enero de 1937, pues se desvió el ataque enemigo a Madrid, y las pérdidas republicanas también fueron muy altas.”


Fueron días de terribles ataques y contraataques. Días de sangre, destrucción y muerte. Triste inicio de la desgracia en la que se había sumergido España.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografías: Edificios de Las Rozas tras los desastres de la guerra, 1939 (AGA)

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