martes, 6 de octubre de 2009

52) Duelo de blindados





DUELO DE BLINDADOS

(Información procedente de: Salas Larrazabal, R. “Hª del Ejército Popular de la República”, La Esfera de los Libros, Madrid, 2006. //Manrique García, J. M. y Molina Franco, L. “Las armas de la guerra civil española”, La Esfera de los Libros, Madrid, 2006. //“Blindados autóctonos en la guerra civil española”, Mata Duaso, J. M y Marín Gutiérrez, F. Galland Books, Valladolid, 2008. //Mazarrasa, J. “Los carros de combate en la guerra de España. 1936-1939” Quirón Editores)


La Guerra Civil supuso el contexto idóneo en el que probar y desarrollar diferentes experiencias que hasta la fecha no se habían practicado o se habían practicado muy poco. Encontramos interesantes ejemplos en campos tales como la medicina, el periodismo, la propaganda, etc.

Sin ninguna duda, fue en los aspectos bélicos en donde se produjeron las mayores novedades. Preámbulo de la Segunda Guerra Mundial, la contienda desarrollada en España supuso un laboratorio ideal para probar nuevas armas y experimentar técnicas y estrategias novedosas:

El primer puente aéreo de la Historia, que sirvió para que el Ejército de África, con aviones proporcionados por Alemania e Italia, pudiera sortear el bloque impuesto por la Armada republicana en el Estrecho de Gibraltar; los bombardeos masivos contra la población civil, encaminados a minar la moral de la retaguardia; las primeras experiencias de lo que años más tarde se conocería como Blitzkrieg (“guerra relámpago”), con la que se intentaba sacar el mayor provecho ofensivo de los medios aéreos y mecánicos; o la utilización de nuevas armas e ingenios militares, son algunos buenos ejemplos

El uso masivo de carros de combate fue una de estas novedades. Este arma había aparecido por sorpresa durante la Primera Guerra Mundial. Sus inventores fueron los ingleses que, para mantenerlo en secreto, confiaron la construcción de sus diferentes elementos a distintos fabricantes. Una vez montados, para pasar desapercibidos a los ojos del enemigo, los blindados fueron trasladados como si se tratasen de tanques de agua, de donde procede su denominación más popular: tanques.

La primera acción bélica en la que se intentó el uso de carros de combate se produjo en julio de 1916, en la sangrienta batalla del Somme (norte de Francia), pero la experiencia fue muy limitada a causa del abundante barro. Sería en la batalla de Cambrai (también al norte de Francia), desarrollada entre el 20 de noviembre y el 17 de diciembre de 1917, donde un contingente de ellos (360 tanques) desbordó fulgurantemente la Línea Hindemburg (un vasto sistema defensivo con unos 160 kilómetros de trincheras, fortines de cemento y alambradas de espino), permitiendo a los atacantes un avance de unos 8 kilómetros de profundidad en algunos puntos.

El resto de países (Francia, Alemania, EEUU, la URSS, Italia…) tomaron buena nota de la nueva máquina de guerra y pronto comenzaron a desarrollar prototipos propios. Estos primeros modelos consistían en auténticos monstruos mecánicos, muy pesados y lentos, cuyo uso poco más que consistía en apoyar a la infantería en su avance.

El primer carro de combate que adquirió el Ejército Español fue el Renault FT -17 (Renault Faible Tonnage 1917). Finalizada la Primera Guerra Mundial y tras varias gestiones diplomáticas, el gobierno francés accedió a vender a España excedentes de este modelo. De esta manera, el 23 de junio de 1919 llegaba a España el primer ejemplar. Los buenos resultados obtenidos en las numerosas pruebas a las que fue sometido por el Ejército español animaron a las autoridades a adquirir más carros. En 1921, tras el desastre del Annual, los franceses dieron luz verde a la exportación. En total llegaron diez carros de combate de este modelo armado con ametralladora, junto a uno denominado TSH (siglas de “Telegrafía Sin Hilos”) que actuaría como carro de mando en la compañía que inmediatamente se organizó en la Escuela de Aplicación de Infantería. Junto a los Renault FT-17 se recibieron otros seis fabricados por la casa Schneider de un modelo más pesado, armado con cañón de 75 mm, y cuya denominación en España fue “carro de artillería Schneider CA-1”.

Las unidades de carros fueron utilizados ya en la campaña marroquí de marzo de 1922. Los que superaron la guerra en el norte de África, y otros ejemplares adquiridos en 1925, regresaron a la península. Todos ellos se trasladaron a la Escuela Central de Tiro de Carabanchel y pasaron a depender de la 3 ª Sección del citado centro de enseñanza. Los carros Schneider permanecieron en Marruecos hasta 1929, año en el que serían repatriados, quedando dos de ellos en el Parque de Artillería de Madrid y otros cuatro en la Escuela de Automóviles Pesados de Artillería.

Los buenos resultados obtenidos con los carros en la guerra de Marruecos, animó a un equipo de militares de la Fábrica de Trubia (Asturias) a diseñar y construir un prototipo de carro de combate inspirado en el modelo francés, pero con ciertas innovaciones que mejoraban, e incluso superaban, las prestaciones del ingenio galo. En 1926 se fabricaron cuatro unidades del carro “Mod. Trubia 75 HP tipo Rápido Serie A-4” que, en 1934, serían utilizados para sofocar la insurrección proletaria de Asturias.

La situación el 18 de julio de 1936, por lo que respecta a carros de combate y vehículos blindados, resultó favorable para las fuerzas gubernamentales, al quedar la mayor parte de las unidades en zonas donde fracasó la sublevación. Además, en la zona republicana, multitud de talleres y fábricas se lanzaron a una intensa campaña de producción de todo tipo de ingenios blindados. De una manera más o menos artesanal se blindaron con grandes planchas de hierro multitud de camiones, coches o tractores. Verdaderos armatostes mecánicos, la mayoría de ellos inútiles amasijos de hierro que no llegaban a las zonas de operaciones, ya que sus vulnerables motores no resistían el sobrepeso del blindaje.

La situación de clara precariedad en medios blindados y acorazados era tan evidente en la España de 1936 que Alemania, Italia y la URSS, los tres grandes suministradores de material bélico en la Guerra Civil española, decidieron desde un principio el envío de estos medios de combate para apoyar el esfuerzo bélico de los contendientes.

Por lo que respecta a carros de combate, mientras Alemania e Italia mandaron a los sublevados los ligeros Panzerkampfwagen I y Fiat-Ansaldo CV.33/35, pobres en prestaciones y bastante vulnerables frente a muchas de las armas empleadas en el conflicto, los soviéticos remitieron a los republicanos los carros más modernos y efectivos de sus arsenales: el T-26 B y el BT-5.

En un principio, la superioridad en carros de combates de los gubernamentales fue clara, pero el Ejército Popular de la República no supo sacar todo el partido necesario a este tipo de vehículos para que fueran realmente decisivos en la contienda. Hay que tener en cuenta que en España se prueban por primera vez tácticas, estrategias y armamento que poco después, en la Segunda Guerra Mundial, darían grandes resultados, pero que en 1936 todavía se encuentran en fase de experimentación, utilizándolos muchas veces de manera inadecuada, ya que, normalmente, los carros se utilizaban como un simple apoyo a la infantería, a modo de artillería de campaña. En líneas generales, la infantería no estaba preparada para combatir en coordinación con los tanques, lo que provocó el desaprovechamiento del potencial bélico que después demostraron tener los vehículos blindados en la guerra mundial.

Para mediados de octubre de 1936 ya se encontraban en la base de Archena (Murcia) del orden de cincuenta tanques T-26, unos veinticuatro blindados con cañón y alrededor de seis blindados ametralladora, enviados por la URSS. Todas estas fuerzas se establecieron en el balneario de Archena, en el que Sánchez Paredes (Comandante Militar de Archena) había organizado tres centros que en conjunto constituían la base: el cuartel de la agrupación de tanques, la escuela de tanquistas y el hospital militar de las unidades blindadas. El cuartel y la escuela se situaron en los edificios del balneario de aguas termales y en el hospital.

A Archena llegó un nutrido personal español reclutado en su casi totalidad entre transportistas y conductores de taxis, a los que, al parecer, se les había dicho que iban a hacerlos conductores del tren de transporte de la unidad, por lo que se llevaron un duro desengaño cuando el Mando les dijo que su misión sería la de conductores de tanques de combate. A su vez, con Krivosheín (coronel designado por Stalin para organizar y supervisar el envío de tanques) llegó un grupo de oficiales y personal especialista soviético a los que se había hecho creer que su misión en España no sería la de combatir sino la de instruir en el manejo y mantenimiento del material blindado al personal español que se haría cargo de él, y, según cuentan, no recibieron con especial entusiasmo la noticia, que para ellos fue una orden, de que tenían que combatir.

Posiblemente, en la intención inicial de la misión soviética no estuviera la participación activa en el combate, aunque no parece verosímil que el mando soviético quisiera desaprovechar la oportunidad que se le ofrecía de comprobar el rendimiento de su material y el grado de instrucción de sus hombres, además de desconfiar de que los españoles fueran capaces de sacar el rendimiento debido al material que se les entregaba. Sea como fuera, el caso es que la agrupación Krivosheín acudió al combate constituida casi exclusivamente por personal soviético, pues parece ser que sólo una compañía, mandada por el capitán Fauríe, estuvo tripulada por españoles. La agrupación se dividió en dos grupos: uno de ellos alcanzó el frente de Madrid el día 28 de octubre, al mando del comandante Paul Arman (oficial del Ejército soviético que en España se hacía llamar Greisser). Días más tarde llegaba al frente el otro grupo que estaba mandado por el español Arana, aunque siempre actuó a las órdenes directas de Krivosheín. La primera actuación relevante de tanques en la Guerra Civil se produce en Seseña. Los resultados no fueron demasiado buenos, mostrándose los pros y los contras que el manejo de este arma conllevaba.

Durante la Batalla de Madrid los tanques jugaron un papel muy importante, especialmente durante los combates de la carretera de La Coruña. De hecho sería en Pozuelo en donde se produciría el que está considerado el primer combate entre blindados de la Historia. Los hechos se produjeron el 29 de noviembre de 1936, justo al inicio del primer intento de los rebeldes de cortar la carretera. En el impetuoso avance sobre Pozuelo, los Panzer KW de la Legión Cóndor (conocidos durante la guerra como “Negrillos”) se toparon de frente con los T-26 soviéticos. Los carros alemanes, armados con dos ametralladoras de 7,92 mm, se encontraban en clara desventaja frente a sus oponentes, dotados de cañón de 45 mm y dos ametralladoras 7,62 mm. No está claro si los carros alemanes no quisieron o no pudieron eludir el choque, lo cierto es que ambas fuerzas se enfrentaron, lo que supuso una aplastante victoria de los carros soviéticos que dejaron fuera de combate a más de un tercio de los Panzers y causaron enormes bajas a las fuerzas atacantes.

La superioridad de los T-26 quedó clara y durante toda la guerra se convirtieron en un verdadero problema para las tropas franquistas y sus aliados, hasta el punto de que se ofreció una recompensa de 500 pesetas por cada ejemplar capturado (que fueron muchos a lo largo de la contienda). Una superioridad que poco a poco fue compensada por una aplastante y efectiva acción de la artillería y la aviación. A medida que la guerra avanzaba, el Ejército Popular de la República fue viendo más limitadas sus posibilidades armamentísticas, llegando a una casi indigencia de medios y recursos en los compases finales del conflicto. En lo referido a tanques, al terminar la guerra el Ejército franquista tenía, entre autos y carros blindados, la cifra de 651 unidades, siendo mayoría los carros alemanes e italianos que quedaron en España tras la marcha de la Legión Cóndor y del CTV, pudiendo evaluarse el número de T-26 operativos con los que contaba la República en menos de 50.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía 1: Carro Panzerkampfwagen I alemán.
Fotografía 2: Carro T-26 soviético.

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