lunes, 31 de marzo de 2014

139) Arroyo de La Puentecilla


ARROYO DE LA PUENTECILLA

Antes de nada, quisiera empezar este artículo deteniéndome un poco en el topónimo "La Puentecilla", un nombre que hoy en día, al sonar raro, ha originado cierto confusionismo a la hora de denominar a este arroyo y la zona por la que discurre. Todas las referencias antiguas que he tenido ocasión de consultar (especialmente referencias cartográficas) recogen el topónimo "La Puentecilla", sin embargo, en las últimas décadas se ha ido extendiendo y generalizando el de "La Fuentecilla" para referirse a este lugar, y así es como aparece en muchos planos modernos, e incluso, en trabajos y escritos elaborados por los propios ayuntamientos de la zona. La documentación histórico-militar procedente de la Guerra Civil hace también un uso generalizado del nombre "La Fuentecilla" frente al de "La Puentecilla", lo que demostraría que la confusión, como mínimo, se viene dando desde las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, en los mapas elaborados por el Instituto Geográfico Nacional permanece el topónimo "La Puentecilla" en todas sus ediciones, desde las más antiguas a las más actuales (la última del 2006).

Todo ello me llevo hace ya bastante tiempo a investigar un poco sobre esta cuestión, y ver si era capaz de aclarar las cosas. La respuesta me la dio “El Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española”. Un servicio digitalizado de la Real Academia Española (RAE), en el que se pueden consultar todos los diccionarios de nuestro idioma desde 1737 hasta 1992. Es realmente fantástico comprender el significado antiguo de ciertas palabras y expresiones, así como descubrir otras muchas que ya no se utilizan. Para todos los que manejamos libros y documentos antiguos, el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la RAE es una herramienta imprescindible para entender correctamente lo que estamos leyendo, pues, muchas veces, el significado actual de una palabra, no tiene nada que ver con el que tuvo en el pasado (aunque pueda parecer mentira).


Mapas actuales, uno de ellos con el topónimo "La Fuentecilla" y el otro con el de" La Puentecilla".

Volviendo a la polémica sobre el topónimo “Puentecilla” o “Fuentecilla”, y una vez consultados los viejos diccionarios, puedo asegurar que, sin ninguna duda, la denominación correcta es “La Puentecilla”, tal y como aparece en todos los mapas antiguos. Poco a poco, muchas personas lo van transformando en “Fuentecilla”, porque actualmente les suena mejor, pero es un error. Vamos a argumentar esta afirmación:

Según el actual Diccionario de la Lengua Española, “Puentecilla” (en femenino) es: “Puente o cordal de la parte interior de los instrumentos de cuerda que sujeta las cuerdas”. Pero en los diccionarios del siglo XVIII, además de esta definición de “Puentecilla”, nos encontramos con que la palabra “Puente” se utilizaba en femenino. Y así, encontramos términos y expresiones que hoy nos suenan raras, pero que en la época eran habituales. Por ejemplo:

“La puente levadiza”, para hablar de la compuerta que salvaba el foso de los castillo. O expresiones y frases hechas como: “Hacer la puente de plata” (facilitar las cosas); “Por la puente que está seco” (evitar riesgos), etc. Estos ejemplos y otros más, los encontramos en el Diccionario de la Real Academia de 1783.

Es a finales del siglo XIX cuando en los diccionarios comienza a aparecer la palabra “puente” como masculino, perdiéndose el uso de su forma femenina, pero permaneciendo en algunos topónimos como el que nos ocupa.

Posiblemente, poco a poco, el nombre original de “La Puentecilla” (que evidentemente hace alusión a algún antiguo puentecillo que servía para cruzar el arroyo), será transformado por el de “La Fuentecilla”, desvirtuando el sentido del topónimo. Por ello, reivindico usar el correcto nombre de “La Puentecilla”, que aunque hoy nos pueda sonar raro, es el original y, como todos los topónimos, nos está dando información sobre el pasado del lugar.

Y, una vez aclarada esta cuestión, pasamos al tema principal de este artículo: el arroyo de La Puentecilla y los restos de la Guerra Civil que se conservan en esta zona.

El arroyo de La Puentecilla nace en la zona que antaño recibía el nombre de Altos de la Carrascosa, una meseta bien definida que en los últimos años ha experimentado profundas transformaciones por la actividad urbanística y la construcción de infraestructuras. Las aguas de este arroyo, que puede permanecer seco buena parte del año, recorren unos 4 kilómetros hasta desembocar en el río Guadarrama, actuando parte de su tramo final como linde entre los términos municipales de Las Rozas y Majadahonda.

Buena parte del arroyo de La Puentecilla se encuentra dentro del “Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno”, por lo que algunas de las zonas por las que discurre cuentan con algún tipo de protección medioambiental que, sin embargo, no impide que este peculiar entorno natural sea objeto de diferentes agresiones de manera habitual (practica de enduro y motocrós, vertidos de escombros, basuras y otros residuos, por no hablar de la contaminación que sufren las aguas del propio arroyo). 

 Panorámica del arroyo de La Puentecilla (JMCM, 2010)

A lo largo de su recorrido, el arroyo de La Puentecilla, en época de lluvias, va recibiendo las aguas de otros arroyos menores que, comenzando en torrenteras en las partes altas, terminan conformando llamativas barrancas, cárcavas, cerros y cortados. Esta especial orografía fue aprovechada durante la guerra por los republicanos para establecer su línea de frente en este sector, una línea que experimentaría diversas modificaciones hasta el final de la contienda. Uno de los principales problemas con los que tuvieron que enfrentarse los republicanos en esta zona fue la superioridad táctica con la que contaban los franquistas desde sus posiciones de La Cumbre (que discurrían en paralelo a la actual M-851). El control y dominio de esas alturas  suponía una clara ventaja, tanto en lo referido a la visibilidad, como en lo concerniente al campo de tiro, lo que proporcionó a las guarniciones franquistas un excelente plan de fuegos contra las posiciones republicanas del sector (ver artículos “VÉRTICE CUMBRE” y “POSICIÓN 38 ORIENTAL GUADARRAMA”)

La batalla de Brunete (julio de 1937) supuso importantes modificaciones en las posiciones que los republicanos tenían en torno al arroyo de La Puentecilla, ya que consiguieron avanzar sus líneas y ocupar algunas cotas y lomas estratégicas que les permitieron establecer en esta zona un sistema defensivo más sólido y eficaz, minimizando en parte la ventaja con la que contaban las posiciones franquistas de La Cumbre. Es a partir de ese momento cuando los republicanos comienzan a desarrollar en la zona de La Puentecilla una intensa actividad fortificadora que se alargará hasta el final de la contienda.

La primera medida que se toma es la de mejorar las fortificaciones antiguas, las cuales, como podemos comprobar en un informe fechado en agosto de 1937, se consideran insuficientes y muy defectuosas:

“La construcción de las trincheras es sumamente defectuosa, pues tienen muy poca profundidad y faltan aspilleras para tiradores y aquellas que están construidas, (lo están) de forma muy deficiente, imposibilitando que el tirador pueda efectuar un tiro seguro y continuado. Así mismo, la mayor parte de la zanja es sumamente estrecha, notándose que las de evacuación tienen un zig-zag tan pronunciado, que imposibilita la evacuación en camilla desde la primera línea.”

También se considera prioritario sustituir los antiguos fortines de rollizos, por otros de mampostería y cemento, construyendo nuevos emplazamientos y modificando todo el sistema de fuegos, ya que se considera que los existentes, además de insuficientes, están mal ubicados y no permiten establecer una línea defensiva en profundidad.


Ejemplos de  fortines existentes en La Puentecilla. (JMCM, 2010)

Desde ese momento, en las posiciones que discurren en torno al arroyo de La Puentecilla, las compañías de zapadores iban a trabajar intensamente, siendo capaces de resolver buena  parte de los problemas que la especial topografía y orografía del lugar presentaba, y, todo ello, bajo el constante hostigamiento que las cercanas guarniciones franquistas ofrecían, lo que no deja de tener su mérito.

En julio de 1938, está zona del frente, cubierta ya por la 111ª B. M., se encontraba integrada en el Centro de Resistencia nº 6. Un informe de esta Brigada daba cuenta de los trabajos realizados entre mayo y diciembre de 1938. Según dicho documento, a lo largo de esos meses se habían realizado la mayor parte de los atrincheramientos y se habían colocado más de 1.500 m de alambrada. También se habían construido varios emplazamientos de mampostería para arma automática, y se informaba del arreglo, reforzamiento y entibamiento de puentes y pasarelas en diferentes barrancas y vaguadas para facilitar el enlace y la comunicación entre las posiciones.

En un “Plan de fortificaciones del Subsector de esta Brigada”, fechado en julio de 1938, podemos leer que la Línea Principal de Resistencia establecida en La Puentecilla se encontraba ya “en condiciones aceptables con gran cantidad de refugios ligeros y algunos, muy pocos, construidos contra artillería mediana y gruesa, con puestos de tirador diversos (escuadra, individuales o dobles), puestos mixtos de tiradores y granaderos, puestos de granaderos, emplazamientos para lanzabombas, fusiles ametralladores y ametralladoras con capacidad de resistencia, por lo menos, contra morteros del 81 y alguno de ellos, contra artillería de mediano calibre” , además de contar con una línea de obstáculos compuesta de alambradas y minas.


Más restos de fortines existentes en La Puentecilla. (JMCM, 2010)

A pesar de todo ello, los mismos informes de ingenieros y zapadores siguen haciendo reiteradas menciones y alusiones a la complejidad de la orografía para establecer un completo y eficaz sistema defensivo, y al permanente riesgo que supone la ventajosa posición que ocupan las guarniciones enemigas en la zona, por lo que los trabajos de fortificación, comunicación y enlace, así como la organización y reorganización defensiva del frente a base de Centros de Resistencia, Línea Principal de Resistencia y Línea de Sostenes, serán constantes durante toda la contienda.

En febrero de 1939, poco antes de concluir la guerra, en la zona de La Puentecilla se situaban parte de los Centros de Resistencia nº 3 y nº 2 del III Subsector del frente, posiciones defendidas cada una de ellas por un batallón de la 111.ª Brigada Mixta, de la 8.ª División, perteneciente al II Cuerpo de Ejército.


 Restos de inscripciones existentes en algunos fortines de La Puentecilla. (JMCM, 2010)

En la actualidad, en torno al arroyo de La Puentecilla se conservan numerosas fortificaciones y atrincheramientos en diverso estado de conservación, muchas de ellas, poco o nada conocidas. El “Anuario de Actuaciones Arqueológicas y Paleontológicas de la Comunidad de Madrid”, del 2006, solo incluye 2 de las 21 fortificaciones que se recogen en el “CATÁLOGO FOTOGRÁFICO DE FORTIFICACIONES” de este blog, a las que habría que sumar 1 fortificación más, destruida en los últimos años, pero incluida en el "INVENTARIO DE RESTOS DEL FRENTE DE LAS ROZAS DE MADRID" (J. M. Calvo Martínez, GEFREMA, 2012).

Creo que tanto el entorno natural, como el rico patrimonio relacionado con la Guerra Civil que se conserva en el arroyo de La Puentecilla, convierte a esta zona en un lugar único y especial para poder disfrutar de la Historia y la Naturaleza. Confío en que, tanto las diferentes administraciones con competencias en estos temas, como todas las personas que por uno u otro motivo se acercan a este espacio tan peculiar, muestren una especial sensibilidad y cuidado por todo lo que en él se engloba.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía de cabezera: Trazado de trinchera y fortín en el arroyo de La Puentecilla (JMCM, 2010).

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