miércoles, 1 de febrero de 2012

111) El padre Huidobro





EL PADRE HUIDOBRO

No todo el mundo lo sabe, pero la actual carretera de La Coruña, desde Puerta de Hierro hasta el kilómetro 15, donde comienza el término municipal de Las Rozas, recibe el nombre de Avenida del Padre Huidobro. Esta denominación, que data de finales de los años cincuenta, está íntimamente relacionada con la guerra civil, y la historia que hay detrás del personaje que da nombre a este tramo de la A-6, bien merece que nos detengamos un poco en ella.


Fernando Huidobro Polanco nació en Santander un 10 de marzo de 1903, en el seno de una familia de profundas convicciones católicas.  Su infancia y adolescencia van a estar marcadas por diferentes traslados. El primero de ellos se produce en 1908, cuando Fernando junto a sus padres y sus ocho hermanos, se trasladó a Melilla, ya que su padre, José Huidobro y Ortiz de la Torre, ingeniero de caminos, canales y puertos, fue elegido por la Compañía Transatlántica para dirigir la construcción del nuevo puerto de aquella ciudad. El segundo traslado familiar se produce en 1911, en esta ocasión a Madrid, donde Fernando completará su formación escolar e iniciará el Bachillerato.


En su última etapa de bachiller, Fernando Huidobro decide ingresar en la Compañía de Jesús, iniciando así su carrera sacerdotal, la cual, compaginará con una intensa formación académica y universitaria en diferentes centros, tanto de España como del extranjero, destacando por sus excelentes calificaciones y resultados académicos.


Pero la década de los años treinta va a empezar mal para los jesuitas, ya que el 23 de enero de 1932 el Gobierno de la Segunda República Española decreta la disolución de la Compañía, así como la incautación de sus bienes. Fernando Huidobro se instala en Bélgica y en abril de 1933 sube al diaconado en Holanda,  celebrando su primera misa en agosto de ese mismo año. Como puede suponerse, durante aquellos años, el padre Huidobro manifestó un claro rechazo a la República Española, escandalizado, como tantos otros católicos de su época, por las políticas de carácter laico y las reformas puestas en marcha por el nuevo régimen, así como por las explosiones de anticlericalismo que se manifestaron en diferentes puntos del país.


El inicio de la guerra civil en julio de 1936, sorprenderá al padre Huidobro en Bélgica, que verá con buenos ojos la sublevación protagonizada por parte del ejército, planteándose seriamente, el trasladarse a España para asistir espiritualmente a los soldados que combatían contra la República.


A finales de agosto de 1936 recibe autorización de los superiores de su orden para regresar a España y, tras una breve estancia en Pamplona y Valladolid, llega al cuartel general de los rebeldes en Cáceres, consiguiendo, tras entrevistarse directamente con Franco y con Yagüe, ser aceptado como capellán del Tercio, ingresando el 8 de septiembre de 1936 en la 4ª Bandera de la Legión, que en aquellos momentos se encontraba en Talavera de la Reina.


No es difícil imaginar la sensación que el padre Huidobro, sacerdote, idealista e intelectual, debió  de causar entre los aguerridos y rudos legionarios. Sobre este aspecto se ha escrito ya bastante literatura, por lo que no me extenderé demasiado en ello. Baste decir, que los principios no fueron nada sencillos para un jesuita preocupado por los aspectos espirituales y morales de unas tropas de choque que progresaban a marchas forzadas y sin dejar de combatir hacia Madrid.


No todos los “novios de lamuerte” aceptaban de buena gana los sermones morales que el capellán les dirigía contra el juego, la bebida, las blasfemias, las prostitutas o sobre la necesidad de que confesaran sus pecados y faltas, pero el padre Huidobro no se desanimó, e intentó desarrollar su labor de capellán castrense a pesar de todo y de todos. Poco a poco, su perseverancia y el compartir las mismas penurias y peligros que soportaban los soldados (por ejemplo, en noviembre del 36 sería herido de gravedad en el frente de la Casa de Campo), fueron dando sus frutos, ganándose cierto respeto y consideración entre la tropa.


Pero, más allá de estas dificultades, lo que más intensamente preocupó al padre Huidobro como capellán de una unidad de combate, fueron las atrocidades que, muchas veces, las columnas rebeldes cometían con los prisioneros de guerra y la población civil en su avance hacia Madrid. Desde el primer momento, el capellán de la Legión comenzó a manifestar su rechazo y preocupación por unas prácticas que consideraba innecesarias y contrarias al verdadero espíritu que debía de inspirar la causa de los sublevados. Esta postura de Huidobro contrastaba con la que había mantenido unos meses antes, cuando aun se encontraba en Bélgica, respecto a episodios tales como la matanza de Badajoz, los cuales, vistos desde la distancia,  le habían parecido un hecho aislado impulsado por las atrocidades cometidas previamente por los republicanos.


En España, convertido en observador directo de lo que suponía realmente una guerra, el padre Huidobro procuró mantener una postura activa y decidida frente a muchas de las atrocidades que cometían sus soldados. Más de una vez, intentó evitar fusilamientos arbitrarios y se esforzó por frenar los diferentes abusos que, muchas veces, recibían los prisioneros y heridos, teniéndose que encarar en ocasiones con soldados y oficiales. Por supuesto, esa actitud del capellán no fue entendida ni bien recibida por todos, lo que generó ciertas tensiones y le ocasionó algunas enemistades.


A principios de octubre de 1936, al poco de ser tomado Toledo por las tropas de Franco, el padre Huidobro decide transmitir sus preocupaciones a las autoridades militares y al Cuerpo Jurídico Militar a través de dos escritos. En uno de ellos, titulado “Sobre la aplicación de la pena de muerte en las actuales circunstancias. Normas de conciencia.”, se manifestaba abiertamente contrario a “la guerra de exterminio que algunos  preconizaban”, considerando que:


“Toda condenación en globo, sin discernir si hay inocentes o no en el montón de prisioneros, es hacer asesinatos, no actos de justicia… El rematar al que arroja armas o se rinde, es siempre un acto criminal… Los excesos que personas subalternas hayan podido ejecutar están en contradicción manifiesta con las decisiones del Alto Mando, que ha declarado  muchas veces querer el castigo de los dirigentes, y reservar a las masas seducidas para un juicio posterior, en el que habrá lugar a la gracia.”
(Reproducido en Preston, P. “El holocausto español”, Debate, Barcelona, 2011, p.455.)


En otro de sus escritos, Huidobro escribía:


“El procedimiento que se sigue está deformando a España y haciendo que en lugar de ser pueblo caballeroso y generoso, seamos un pueblo de verdugos y soplones. Tales cosas van sucediendo que a los que hemos sido siempre españoles por encima de todo, nos va dando ya vergüenza de haber nacido en esta tierra de crueldad implacable y de odios sin fin.”
(Ibíd.)


Huidobro distribuyó estos escritos y otros similares entre numerosos oficiales y capellanes, lo que generó un fuerte revuelo, no exento de indignación, rechazo y enojo por las denuncias del capellán, pero éste, no desistió de su empeño y a mediados de noviembre de 1936, en plena batalla de Madrid, hizo llegar sus críticas a Castejón, Yagüe y Varela, de los que solo obtendría, en el mejor de los casos, algunas buenas palabras, y, no satisfecho con esto, decidió dirigirse directa mente a Franco, a través de una carta en la que podía leerse:


“Así, se procede a fusilar sobre el campo de batalla todo prisionero de guerra, sin considerar si fue tal vez engañado o forzado y si tiene el discernimiento suficiente para conocer la maldad de la causa que defiende. Es ésta en muchos días una guerra sin heridos ni prisioneros. Se fusila a los prisioneros por el mero hecho de ser milicianos, sin oírlos ni preguntarles nada. Así están cayendo sin duda  muchos que no merecen pena tan grave y que podrían enmendarse y ese es el convencimiento de los mejores soldados.”
(Ibíd. p. 456.)


El valor, coraje, convicción o ingenuidad del padre Huidobro (quizás un poco de todo ello), continuaron manifestándose en diferentes escritos y documentos que el capellán intentó hacer llegar a las más altas autoridades militares, sin que sus denuncias recibieran apenas atención, hasta el 11 de abril de 1937, cuando el padre Huidobro pierde la vida en el sector de la Cuesta de las Perdices, en el transcurso de la ofensiva republicana conocida como “Operación Garabitas”.


El padre Huidobro, incómodo personaje para unos, abnegado y querido capellán de la Legión para otros, al morir en la primera línea de fuego mientras cumplía con su deber, terminó siendo honrado por todos sus compañeros de armas, que lo convirtieron en un símbolo y ejemplo de compromiso y sacrificio. Este es el motivo por el que un tramo de la actual carretera de La Coruña recibe su nombre, existiendo un monolito de granito con lápida levantado en su memoria en el kilómetro 8,6. Se supone que este monumento se encuentra en el lugar exacto en el que murió el capellán, pero dudo mucho de la veracidad de este dato, puesto que no se ajusta adecuadamente con la disposición exacta que tenía el frente en este sector en abril de 1937. Por otra parte, es casi seguro que alguna de las diferentes ampliaciones y reformas que ha experimentado la A-6, haya obligado a cambiar la ubicación originaria del monolito. Sea como sea, todos los años se realiza un pequeño acto de homenaje en el que se coloca una corona de laureles en dicho lugar.


Pero la historia no termina aquí, porque en 1947 la Compañía de Jesús, a la que Huidobro había pertenecido, decidió iniciar el proceso para su canonización y beatificación. La causa se puso en marcha, pero en el transcurso de la misma, los investigadores del Vaticano llegaron a algunas sorprendentes averiguaciones sobre las circunstancias en las que había fallecido el Padre Huidobro, que hicieron archivar el proceso.


Oficialmente, el capellán de la Legión había muerto por la explosión de un proyectil ruso del calibre 12, 40 (llama la atención la precisión del dato) mientras intentaba asistir a los soldados de su unidad en medio del fragor de la batalla. Pero las conclusiones a las que llegaron las investigaciones emprendidas por el Vaticano,  llevaron a la conclusión de que el capellán no había muerto por efecto de la metralla enemiga, sino a causa de un disparo por la espalda efectuado por un soldado de su propia unidad. Esta información la recoge Paul Preston en su libro “El holocausto español”, al que ya hemos hecho referencia anteriormente. Según indica el historiador británico en la página 760 del libro, estos datos figuran en la documentación que sobre el proceso de beatificación de Huidobro existe en los Archivos de la Compañía de Jesús.


Sea cual sea la verdadera causa de la muerte del padre Huidobro, no termino de entender porque se paralizó su proceso de beatificación. Al margen de que uno sea creyente o no, desde un punto de vista objetivo, las circunstancias de la muerte del padre Huidobro, en cualquiera de sus dos versiones, no deberían de desmerecer los supuestos méritos del personaje…

… o sí.


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fotografía 1: Fernando Huidobro Polanco.
Fotografías 2 y 3: Monumento del Padre Huidobro en la A-6 (JMCM)


8 comentarios:

  1. He pasado innumerables veces por delante del monolito, y aunque ahora ya no se llama así, la calle donde esta el que fue mi colegio era la avenida del padre huidobro (siempre me costo escribir el nombre) sin numero, y sin embargo hasta hoy no había sabido la historia de este hombre ni el porque se había decidido nombrar asi a este trozo de tierra en que pasé gran parte de mi infancia y juventud. Ahora que lo sé tengo la sensación de haber descubierto algo que pertenecía, de alguna manera, a mi historia personal. Es curioso como la historia es más nuestra de lo que nos parece. Gracias por desvelarnosla

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  2. Contrariamente a lo que muchas personas creen y a lo que los malos profesores de la disciplina enseñan en las aulas, la Historia es algo vivo, activo, latente en el propio seno de la naturaleza humana.

    Aunque no todos lo perciban, la Historia permanece, se manifiesta, se muestra, se proyecta… en el aquí y en el ahora, de mil formas y maneras diferentes, y cada cual, debe de encontrar las claves que le permitan descodificar sus códigos.

    Siempre he creído que la Historia es mucho más que una simple asignatura o materia académica, por ello, creo comprender tu comentario perfectamente.

    Un saludo.

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  3. " La Historia es algo vivo, activo...la Historia permanece, se manifiesta, se muestra, se proyecta… en el aquí y en el ahora, de mil formas y maneras diferentes."
    Eso mismo les explicaba ayer a mis alumnos de 1º y 2º de ESO, mientras les iba pasando una serie de objetos históricos de diferentes periodos, ¡hay mucha Historia fuera de los libros de texto!.

    Saludos.

    P.D. Muy bueno el artículo.

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  4. La asignatura de Historia tiene un enrome potencial. Es una pena que habitualmente se enseñe como algo estático, estéril, poco práctico y aburrido.

    En la asignatura de Historia pueden fundirse el resto de disciplinas: Filosofía, Geografía, Literatura, Sociología, Arte, Música, Idiomas, Ciencias…. Lo que multiplica sus posibilidades hasta límites insospechados.

    Pero además, y esto es quizás lo más importante, la Historia, bien planteada, es una de las asignaturas que más pueden contribuir a que educar deje de ser una forma de adoctrinar, homogenizar, “domesticar”, “domar”, “adiestrar”…

    La Historia, y las Humanidades en general, permiten contrarrestar los nefastos efectos del, tan asentado y extendido, Pensamiento Único, y contribuyen a que las personas y las sociedades puedan ser más libres, críticas e independientes.

    Utilizando libremente los versos de Gabriel Celaya, podría decirse que la Historia (que también tiene mucho de Poesía), “es un arma cargada de futuro.”

    Un saludo y muchas gracias por tu comentario.

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  5. Leyendo el libro de Paul Preston he descubierto a este personaje histórico, del que tan poco se sabe. Gracias a internet encuentro información sobre el padre Huidobro, una figura histórica apasionante que merecería una profunda investigación y ¿por qué no? un libro monográfico sobre su vida. La Historia sirve para comprenderlo casi todo, y desde luego sirve para observar el mundo de una forma más clara, para entender lo que pasa, quiénes somos, qué somos. Gracias también por los comentarios expuestos.

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  6. El libro sobre su vida existe y seguramente más de uno. Yo conozco, he leído y tengo el que escribió otro capellán militar y publicó hace pocos años Fuerza Nueva.
    No se dice que muriera por un disparo por la espalda, sino por un proyectil, pero justo cuando estaba junto al puesto de mando, después de haber obedecido la orden de retirarse de la primera línea de fuego. No murió en la línea de fuego, sino más atrás.

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  7. Por cierto, su sepulcro está en la entrada principal de la iglesia de los jesuitas en la calle Serrano de Madrid.

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  8. Si es cierta la afirmación de los investigadores del Vaticano, me parece una falsificación muy burda, porque es muy fácil comprobar si un cadáver ha muerto a causa de una bala o por la explosión de un proyectil de artillería.
    Lo que está muy claro es que la Iglesia nunca fue buscando las conductas propias de un santo entre los clérigos muertos en la guerra civil, sino las muertes "gloriosas" y que los hubiera matado el bando republicano.
    Los curas muertos por el bando nacional no les valen para la causa, aunque fueran también asesinados.
    Desde luego, los escritos del padre Huidobro seguro que serían un quebradero de cabeza para más de uno y podrían haberle quitado apoyos internacionales al bando nacional entre los católicos de todo el mundo, si este asunto se hubiera conocido en el Vaticano.
    Saludos y enhorabuena por la entrada.

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