sábado, 26 de septiembre de 2026

188) EL INFIERNO DE BRUNETE

 

La batalla de Brunete, acontecida en el abrasador mes de julio de 1937, ha pasado a la historia como la “Batalla de la Sed”.

A lo largo de los combates, tanto las guarniciones que defendían las posiciones, como las unidades de choque que trataban de conquistarlas, padecieron en muchas ocasiones la tortura que supone la escasez o falta total de agua.

En sus memorias, los combatientes que participaron en aquella batalla hablan de escasas raciones de agua, de bocas resecas, labios con grietas, gargantas cuarteadas, insolaciones, calor infernal…

Todo ello, unido a la crudeza de la lucha, a la intensidad de los bombardeos y al elevadísimo número de bajas, hizo que entre muchos de aquellos soldados y oficiales se popularizase la expresión “el infierno de Brunete” para referirse a esta batalla.

Muchos años después, en 1972, José Manuel Martínez Bande, en una serie de artículos que sobre las grandes batallas de la Guerra Civil escribió para la revista Historia y Vida, recuperó esa expresión para dar título al artículo que dedicó a la batalla de Brunete, donde se refería a esta como “una de las más duras y sangrientas de la Guerra Civil, librada bajo un sol abrasador”, señalando que, al fuego de las armas, se unió el fuego del sol de julio de la meseta, con una sed implacable y una tensión moral insufrible para los combatientes.

Ese mismo año, la Editorial San Martín publicaba el tomo nº 7 de las monografías de la Guerra de España del Servicio Histórico Militar, escritas también por Martínez Bande. Este tomo estaba dedicado a la ofensiva sobre Segovia y a la batalla de Brunete. En la parte final de este trabajo, el autor insistía en la dureza extraordinaria que había supuesto la lucha, con unas condiciones meteorológicas muy adversas:

“Brunete es la batalla de la sed. Al calor terrible de los días interminables se unían las dificultades para llevar agua a las posiciones. Los soldados padecieron bajo el fuego abrasador de un sol implacable, cuyos ardores apenas sí se podían combatir (…) A estos sufrimientos había que añadir las penalidades propias de la guerra: el cansancio y el fuego de las armas, con su inevitable tributo de sangre y de tensión moral y psicológica. Puede decirse que, en general, las fuerzas se batieron con indiferencia estoica ante el dolor (…) Ardían los rastrojos, el escaso arbolado; los pueblos caían destruidos. Pero se resistía, muchas veces hasta la muerte. La desolación se instaló en la bolsa de Brunete.”

Imposible no pensar en todo aquello al excavar arqueológicamente la reseca tierra de El Olivar, en Brunete, bajo la canícula de los meses de junio, julio y agosto de 2026.


Fotografía 1: el sol de julio sobre los campos de Brunete

Fotografía 2: Excavando arqueológicamente en El Olivar, en el municipio de Brunete (junio 2026)

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