El 26 de julio de 1937, tras
20 días de encarnizados combates, la lucha en la bolsa de Brunete languidece,
produciéndose los últimos avances y repliegues que acabarán definiendo una
nueva línea de frente entre los ríos Perales y Guadarrama. A partir del día 27,
hace ahora justo 89 años, los contendientes pasaban definitivamente a la
defensiva, tratando de organizar y consolidar sus respectivas posiciones y recuperarse
del enorme desgaste sufrido.
Terminaba así la mayor batalla
acontecida en Madrid a lo largo de toda su historia. Se calcula que, entre los
dos ejércitos, participaron en la lucha unos 100.000 soldados, en torno a 250
piezas de artillería, más de 200 carros de combate y cientos de aviones, con un
coste humano que se estima podría alcanzar las 40.000 bajas, entre muertos,
heridos, prisioneros y desaparecidos.
Hoy en día, buena parte de ese campo de batalla está desapareciendo a marchas forzadas a base de enormes movimientos de tierra, deslomes de cerros, colmatación de vaguadas y extensos desbroces que marcan el inicio de un impresionante desarrollo urbanístico en los municipios de Brunete y Villanueva de la Cañada.
El resto del paisaje
histórico, cultural y de memoria que supone este campo de batalla va siendo
destruido, día a día, sin que a nadie parezca importarle lo más mínimo. Cuesta
entender la aparente falta de interés y sensibilidad en estas cuestiones por
parte de los ayuntamientos implicados, que se supone deberían velar por los bienes y valores patrimoniales, históricos y culturales de sus respectivos municipios.
Que sepamos, hasta la fecha, solo
el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA) ha tenido la iniciativa de
presentar en la Dirección General de Patrimonio un informe que, de momento, ha
dado lugar a que en uno de los Sectores del municipio de Brunete, el que se
está desarrollando en el Olivar del Veliso, se realice un seguimiento que
conllevará prospección, desbroces y, en su caso, excavación arqueológica,
además de un control de los movimientos de tierra.
Una intervención que cuenta
con la problemática y dificultad de realizarse sobre la marcha de unos trabajos
ya iniciados, pero que, al menos, permitirá documentar algo esta pequeña parte
de lo que fue campo de batalla y línea de frente antes de su total
desaparición.
Creemos que, ante la ya
inevitable destrucción de este paisaje histórico, las administraciones locales
y regionales deberían, como mínimo, tratar de recuperar y salvaguardar la mayor
cantidad posible de vestigios e información referente a la terrible batalla que, en el verano de 1937, se desarrolló en estos mismos parajes, así como documentar lo
mejor posible las características que tuvo la organización defensiva de este
frente a partir de su estabilización. Todo ello, a través de adecuadas
intervenciones arqueológicas en cada uno de los sectores que conforman los grandes
desarrollos urbanísticos proyectados.
Entendemos que, como sociedad,
es un compromiso ineludible que tenemos con nuestro pasado, nuestro presente y
nuestro futuro.
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