sábado, 19 de septiembre de 2026

187) LOCALIZANDO TRINCHERAS

 


Desde hace ya muchos meses, los enormes desarrollos urbanísticos de Brunete y Villanueva de la Cañada avanzan a buen ritmo.

El seguimiento arqueológico en la mayoría de los sectores es escaso o inexistente, por lo que buena parte del campo de batalla va desapareciendo sin posibilidad de documentar su registro arqueológico.

A partir de un informe presentado en el mes de mayo por el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA), la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid (DGPC) estimó conveniente que se realizasen una serie de intervenciones arqueológicas en el El Olivar del Veliso, situado en el municipio de Brunete.

Estos trabajos fueron encargados a Urquiaga Arqueología, comenzando desde finales de mayo una serie de actuaciones que comprenden:

Control de movimientos de tierra.

Desbroces para la localización de estructuras defensivas.

Excavación arqueológica en el caso de localizarse elementos.

Y, en la medida de lo posible, ya que debe realizarse al mismo tiempo que unas obras en curso y ya muy avanzadas, una prospección total del sector.

El seguimiento arqueológico se mantendrá, al menos, mientras continúen los movimientos de tierra, lo que permitirá documentar el mayor número posible de elementos relacionados con la batalla de Brunete y la posterior estabilización que experimentó el frente de guerra antes de que este sector quede completamente urbanizado.

Pensamos que algo similar debería estar realizándose en la totalidad de los sectores urbanísticos proyectados, en los que la intervención de diversos equipos de arqueólogos permitiría recopilar interesante información histórica y arqueológica, no solo de la batalla de Brunete, sino, en general, de cualquier otro aspecto relacionado con el pasado de estos municipios cuyas huellas y vestigios puedan permanecer soterrados u ocultos en el terreno. Lamentablemente, no está siendo así.

En el caso concreto de El Olivar, en Brunete, creemos importante resaltar varias cosas: por una parte, el papel que pueden jugar las asociaciones culturales, en este caso ha sido GEFREMA, en lo referente al seguimiento de los múltiples factores que pueden afectar negativamente al patrimonio, informando oportunamente a los organismos con competencias en  materia de protección para que  estos actúen; por otra parte, la rápida reacción de la DGPC que, una vez recibido el informe de GEFREMA, emitió un requerimiento para que se tomasen las medidas que se estimaron oportunas; y, por último, la comprensión mostrada por la propiedad y los responsables de obra que, a pesar de las múltiples molestias y retrasos que las intervenciones arqueológicas pueden suponer en el desarrollo de los trabajos proyectados, han ofrecido todas las facilidades y colaborado en todo lo que se les ha solicitado.

Por último, mostrar una vez más nuestro asombro por la aparente falta de interés que, en general, muestran los ayuntamientos respecto a la protección y estudio de su patrimonio. Deberían ser las propias administraciones locales las primeras en preocuparse de que los desarrollos urbanísticos proyectados en sus respectivos términos municipales contasen con el correspondiente seguimiento arqueológico, sin embargo, no está siendo así, perdiéndose para siempre una buena parte de las huellas que la historia y el pasado han dejado en estos municipios.

En las fotografías que encabezan esta entrada aparecen algunas de las referencias marcadas por los topógrafos, basadas en el estudio e interpretación de documentación y fotografías de época, respecto a la posible ubicación de trincheras de la Guerra Civil en el subsuelo de El Olivar, en Brunete, para la posterior realización de desbroces que confirmen, o descarten, la existencia de vestigios históricos en esos puntos (junio, 2026).

miércoles, 26 de agosto de 2026

186) ¿QUÉ HACEMOS CON LOS CAMPOS DE BATALLA?

 

Carros de combate T-26 avanzando en dirección a Villanueva de la Cañada durante la batalla de Brunete, en julio de 1937

 Aproximadamente, la misma zona en la actualidad. En ambas imágenes podemos ver, al fondo, el antiguo cementerio de Villanueva de la Cañada, ubicado junto a la M-600


La Ley 3/2013 de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, y la posterior Ley 8/2023, consideraron por primera vez las fortificaciones de la Guerra Civil como Bienes de Interés Patrimonial, dotándolas de una protección específica como elementos patrimoniales y yacimientos arqueológicos

Desde su aprobación, ambas leyes han proporcionado el soporte legal necesario para la catalogación, protección y gestión de las estructuras defensivas del periodo bélico 1936-1939.

Sin embargo, esta misma legislación ha pasado por alto un aspecto que nosotros consideramos fundamental: la condición que, desde nuestro punto de vista, tienen los campos de batalla como paisajes histórico-culturales y espacios de memoria.

Independientemente de las fortificaciones y otros elementos constructivos que puedan existir en ellos, los campos de batalla deberían ser considerados yacimientos arqueológicos en sí mismos, a pesar de que hasta la fecha no exista una legislación específica en este sentido.

Esta situación provoca un constante deterioro, destrucción y desaparición de los lugares en los que se desarrollaron batallas.

Evidentemente, no se trata de que no se pueda hacer nada en estos espacios, que en ocasiones llegan a abarcar enormes extensiones, pero creemos que, como mínimo, deberían aplicarse medidas e intervenciones específicas a la hora de realizar en ellos cualquier tipo de actuación urbanística o de infraestructuras que pueda suponer alteraciones o destrucciones en su registro arqueológico.

Los enormes desarrollos urbanísticos que actualmente se están llevando a cabo en Brunete y Villanueva de la Cañada son buena muestra de la falta de consideración que tienen los campos de batalla. El seguimiento arqueológico que se está realizando en cada uno de los sectores proyectados es desigual (en muchos de ellos ni siquiera existe) y no responde a un plan general sino, más bien, a la existencia (o posible existencia) de fortificaciones en esos lugares, fortificaciones que, por otra parte, no corresponden al momento en el que tuvo lugar la batalla de Brunete, en julio de 1937, sino que son consecuencia de la posterior estabilización que experimentó el frente al concluir los combates.

Hasta donde sabemos, solo en dos de los sectores proyectados en Brunete se está llevando a cabo algún tipo de seguimiento arqueológico. Creemos imprescindible extender estas actuaciones a la totalidad de las obras programadas, tanto en Brunete como en Villanueva de la Cañada.

De esta manera, al menos, se podrá documentar y recupera antes de su total desaparición parte del registro arqueológico correspondiente a la batalla de Brunete, sin duda, el episodio histórico más relevante acontecido en estos municipios del oeste madrileño.


lunes, 27 de julio de 2026

185) ANTE LA DESTRUCCIÓN DE UN PAISAJE HISTÓRICO

Aspecto que hoy en día ofrece lo que fue campo de batalla en el municipio de Brunete

El 26 de julio de 1937, tras 20 días de encarnizados combates, la lucha en la bolsa de Brunete languidece, produciéndose los últimos avances y repliegues que acabarán definiendo una nueva línea de frente entre los ríos Perales y Guadarrama. A partir del día 27, hace ahora justo 89 años, los contendientes pasaban definitivamente a la defensiva, tratando de organizar y consolidar sus respectivas posiciones y recuperarse del enorme desgaste sufrido.

Terminaba así la mayor batalla acontecida en Madrid a lo largo de toda su historia. Se calcula que, entre los dos ejércitos, participaron en la lucha unos 100.000 soldados, en torno a 250 piezas de artillería, más de 200 carros de combate y cientos de aviones, con un coste humano que se estima podría alcanzar las 40.000 bajas, entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos.

Hoy en día, buena parte de ese campo de batalla está desapareciendo a marchas forzadas a base de enormes movimientos de tierra, deslomes de cerros, colmatación de vaguadas y extensos desbroces que marcan el inicio de un impresionante desarrollo urbanístico en los municipios de Brunete y Villanueva de la Cañada.


El campo de batalla en el término de Villanueva de la Cañada


Lamentablemente, en estos proyectos apenas se han tenido en cuenta los aspectos históricos. Solo en aquellos lugares en los que existen vestigios catalogados de fortificaciones, poquísimos en esta zona, se ha realizado (o se está realizando) algún tipo de intervención o seguimiento arqueológico acorde a los mínimos que, en este sentido, recoge la Ley de Patrimonio de 2023.

El resto del paisaje histórico, cultural y de memoria que supone este campo de batalla va siendo destruido, día a día, sin que a nadie parezca importarle lo más mínimo. Cuesta entender la aparente falta de interés y sensibilidad en estas cuestiones por parte de los ayuntamientos implicados, que se supone deberían velar por los bienes y valores patrimoniales, históricos y culturales de sus respectivos municipios.

Que sepamos, hasta la fecha, solo el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA) ha tenido la iniciativa de presentar en la Dirección General de Patrimonio un informe que, de momento, ha dado lugar a que en uno de los Sectores del municipio de Brunete, el que se está desarrollando en el Olivar del Veliso, se realice un seguimiento que conllevará prospección, desbroces y, en su caso, excavación arqueológica, además de un control de los movimientos de tierra.

Una intervención que cuenta con la problemática y dificultad de realizarse sobre la marcha de unos trabajos ya iniciados, pero que, al menos, permitirá documentar algo esta pequeña parte de lo que fue campo de batalla y línea de frente antes de su total desaparición.


El campo de batalla en el término de Brunete

Creemos que, ante la ya inevitable destrucción de este paisaje histórico, las administraciones locales y regionales deberían, como mínimo, tratar de recuperar y salvaguardar la mayor cantidad posible de vestigios e información referente a la terrible batalla que, en el verano de 1937, se desarrolló en estos mismos parajes, así como documentar lo mejor posible las características que tuvo la organización defensiva de este frente a partir de su estabilización. Todo ello, a través de adecuadas intervenciones arqueológicas en cada uno de los sectores que conforman los grandes desarrollos urbanísticos proyectados.



Restos de munición aflorando en terrenos afectados por los desarrollos urbanísticos


Entendemos que, como sociedad, es un compromiso ineludible que tenemos con nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.


Carlos Deza


sábado, 23 de mayo de 2026

184) ¡VIVA YO!

Destrozos en una trinchera de La Puentecilla, en Las Rozas de Madrid, causados por la circulación ilegal de motos de campo
 

Hay gente que considera que su derecho a divertirse practicando una de sus aficiones favoritas esta por encima de cualquier otro derecho o consideración. Una especie de ¡Viva yo! o “porque yo lo valgo” al que le resbalan otras cuestiones.

Eso sucede con algunos (evidentemente son minoría) aficionados a las motos de campo en sus diversas variantes.

Les da igual que la legislación prohíba circular con estos vehículos campo a través.

Se pasan por el arco del triunfo hacerlo por un área natural protegida.

No reparan en el efecto negativo que ello pueda tener para la flora y la fauna silvestres.

Minimizan el potencial riesgo que esa actividad supone para quienes pasean por esos mismos lugares.

Y son completamente ajenos a los daños que pueden ocasionar en un yacimiento arqueológico.

Esto es exactamente lo que sucede todos los fines de semana y festivos (e incluso algún día entre semana) en el entorno del arroyo de La Puentecilla, a caballo de los términos municipales de Las Rozas y de Majadahonda.


Motos en La Puentecilla, dentro del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entrono

Aunque el problema viene de lejos, en los últimos tiempos ha alcanzado ya unos niveles escandalosos.

Toda la zona está incluida en el área protegida del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno.

El lugar constituye un pequeño refugio natural para multitud de animales y plantas autóctonas.

Toda la margen derecha del arroyo de La Puentecilla, y no pocos puntos de su margen izquierda, están clasificadas como yacimientos arqueológicos documentados, por la gran cantidad de fortificaciones de la Guerra Civil que se conservan.

Sin embargo, todo esto no impide que, de manera reiterada, algunos utilicen este espacio protegido como una especie de circuito para motos todoterreno, ocasionando serios daños en el entorno.

Sirvan como ejemplo estas fotos en las que se aprecia el destrozo que las motos están provocando con sus rodadas en esta trinchera que enlaza con un nido de ametralladoras.

Trinchera que enlazan con un nido de ametralladoras antes de que alguien decidiera convertirla en un circuito de motos


La misma trinchera con los destrozos causados por las rodadas de las motos

Ni Parque Regional, ni Yacimiento Arqueológico Documentado, ni leches... ¡Viva yo! y ¡Viva mi moto!

miércoles, 20 de mayo de 2026

183) NUEVA PUBLICACIÓN DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMONIO CULTURAL SOBRE FORTIFICACIONES


 

Ayer recibí el libro “Inventario de fortificaciones de la Guerra Civil (1936-1939) del municipio de Madrid”, editado por la Dirección General de Patrimonio Cultural, dentro de su Plan Regional de Fortificaciones.

Este trabajo fue encargado por la DGPC al Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA), asociación cultural a la que pertenezco desde 2008.

Estoy muy contento de haber podido participar en este proyecto escribiendo el capítulo “Fortificar Madrid: los preparativos de la defensa”, y tengo muchas ganas de leer las aportaciones del resto de compañeros y compañeras que han participado en este libro:

Isabel Baquedano, Francisco Javier Pastor, Javier M. Calvo, José Antonio Zarza, Carlos Iriarte, Fernando Atienza, Juan Javier Egido, Antonio García, Antonio Morcillo, Jacinto M. Arévalo, Guillermo Poza, Pablo Schnell, Ainhoa Campos, Beatriz de las Heras y Eulalia Ramírez.

Mi agradecimiento a los coordinadores científicos del proyecto, Isabel Baquedano y Francisco Javier Pastor; a las responsables de la coordinación editorial, Macarena Calderón y Mariela Beltrán y al encargado de maquetación Miguel Ángel Camón.

Y un agradecimiento muy especial a Francisco Javier Pastor Muñoz por haber contado conmigo en este proyecto.

Más información sobre este libro pinchando aquí


Javier M. Calvo Martínez

lunes, 11 de mayo de 2026

182) AMAPOLAS TRAS LA BATALLA

 

Amapolas en las ruinas de una fortificación del vértice Cumbre, en Las Rozas de Madrid


Hace ya algunos años, allá por el 2017, en una de las visitas guiadas que organiza la Asociación Histórico-Cultural Cierzo a la posición Vértice Cumbre, en Las Rozas de Madrid, Andy Coney, amigo de la asociación y habitual participante en sus actividades, me comentó la vinculación que existe en Reino Unido, y por extensión en otros países de lengua inglesa como Canadá, Australia o Nueva Zelanda, entre las amapolas y los campos de batalla.

Se trataba de un típico día de primavera, y las rojas amapolas destacaban vivamente entre el conjunto vegetal que se expandía por todo el contorno, creciendo incluso entre las ruinas de las fortificaciones. Durante aquella visita, explicamos los duros combates que habían tenido lugar en el vértice Cumbre, tanto en enero de 1937, durante la batalla de la carretera de La Coruña, como en julio de aquel mismo año, en los compases finales de la batalla de Brunete. Combates que supusieron un elevado número de bajas entre los atacantes y los defensores de la posición.

Inevitablemente, todo aquello trajo a la memoria de Andy el símbolo de la Amapola del Recuerdo, que desde 1921 se utiliza en su país para conmemorar a los soldados muertos en combate. La verdad es que yo apenas conocía esta historia, que me resultó especialmente alegórica y emotiva.

Andy me habló del Remembrance Day, también llamado Poppy Day, que en Reino Unido se celebra el 11 de noviembre, día en el que finalizó la Primera Guerra Mundial, y en el que es costumbre que los participantes prendan en sus ropas amapolas artificiales y guarden un minuto de silencio a las 11:00 h, momento en el que entró en vigor el armisticio: la undécima hora, del undécimo día, del undécimo mes de 1918.

También me dijo que el origen de esta tradición se encontraba en el poema de John McCrae titulado In Flanders Fields, uno de los poemas más famosos en lengua inglesa. Interesado por el tema, busqué información sobre este autor:

John McCrae se alistó como oficial médico en una unidad de artillería del Cuerpo Expedicionario Canadiense desplegado en Flandes durante la Primera Guerra Mundial. Participó en la segunda batalla de Ypres (22 abril-25 de mayo de 1915), donde fue testigo de la muerte de miles de soldados, muchos de ellos víctimas de los terribles efectos del gas cloro. Entre los fallecidos se encontraba uno de sus más íntimos amigos, el teniente Aleix Helmer, que fue enterrado en una improvisada tumba marcada con una sencilla cruz de madera. Se cuenta que McCrae, que presidía el funeral de su amigo, se inspiró para sus versos en las numerosas amapolas silvestres que, al igual que sucedía en la removida tierra del campo de batalla, florecían en torno a las sepulturas de los compañeros caídos.


El teniente coronel John McCrae

Parece que las características botánicas de la amapola favorecían que sus semillas germinasen con facilidad en los terrenos afectados por los intensos bombardeos. Evidentemente, otras plantas lograban crecer también en estos mismos espacios, pero ninguna de ellas conseguía destacar tan llamativamente como lo hacían las amapolas florecidas, cuyos tallos, que pueden alcanzar hasta 30 cm de altura, salpicaban de vivo rojo escarlata los devastados y tristes campos de batalla. Este fuerte contraste visual y cromático que suponían las vistosas amapolas en unos paisajes de tintes apocalípticos, inevitablemente, tenía que generar fuertes emociones en aquellos que lo contemplaban, convirtiendo a esta humilde flor en un símbolo con potentes connotaciones sentimentales.


Flores de amapola en antiguos campos de batalla del noroeste madrileño


Algo así debió sentir John McCrae al contemplar las amapolas que crecían en el desolado campo de batalla de Ypres y junto a las modestas tumbas de los soldados muertos en combate, animándole a escribir su mencionado poema In Flanders Fields, que fue publicado en diciembre de 1915 en la revista británica Punch, convirtiéndose desde el primer momento en uno de los más populares poemas de guerra, llegando a ser traducido a varios idiomas. La edición de 1919 de las obras de McCrae recoge el poema de la siguiente manera:

 

In Flanders fields the poppies blow

Between the crosses, row on row,

That mark our place; and in the sky

The larks, still bravely singing, fly

Scarce heard amid the guns below.

 

We are the Dead. Short days ago

We lived, felt dawn, saw sunset glow,

Loved and were loved, and now we lie

In Flanders fields.

 

Take up our quarrel with the foe:

To you from failing hands we throw

The torch; be yours to hold it high.

If ye break faith with us who die

We shall not sleep, though poppies grow

In Flanders fields.

 

Cuya traducción al español podría ser algo así como:

 

En los campos de Flandes

crecen las amapolas.

Fila tras fila

entre las cruces que marcan nuestras tumbas.

Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,

su voz apagada por el fragor de los cañones.

 

Somos los muertos.

Hace pocos días vivíamos,

cantábamos auroras, veíamos el rojo del crepúsculo,

amábamos, éramos amados.

Ahora yacemos, en los campos de Flandes.

 

Contra el enemigo proseguid nuestra lucha.

Tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos exangües.

Mantenedla bien en alto.

Si faltáis a la fe de los que hemos muerto,

jamás descansaremos,

aunque florezcan

en los campos de Flandes,

las amapolas.

 

John McCrae fallecería antes de finalizar la contienda, en enero de 1918, víctima de la meningitis. Fue enterrado en el cementerio de Wimereux, al norte de Francia.


El poema In Flnaders Fields en una edición especial de 1918


En aquella visita de 2017 al vértice Cumbre, Andy Coney me habló de las amapolas que crecen en los lugares que fueron campos de batalla, de su simbología y vinculación con los soldados muertos en combate y de la tradición de portar estas flores como recuerdo de la tragedia que suponen los conflictos armados. También me habló de John McCrae y de otros poetas de la Primera Guerra Mundial en lengua inglesa, como Siegfried Sassoon.


Versos del poema In Flanders Fields en la ilustración de un cartel canadiense para la venta de bonos de guerra

Desde entonces, siempre que en las viejas posiciones de guerra y en los olvidados campos de batalla veo florecer las humildes amapolas, tan abundantes en las primaveras del oeste y noroeste madrileño, recuerdo el poema escrito por McCrae y la emotiva tradición a la que dieron origen aquellos versos, y pienso en el terrible sinsentido que suponen las guerras y en todos esos soldados, la mayoría anónimos y desconocidos, que combatieron en esos mismos lugares durante batallas como la de la carretera de La Coruña o la de Brunete. Lugares por los que hoy podemos pasear despreocupadamente, muchas veces, desconociendo por completo el trágico pasado bélico que en ellos se vivió.


Javier M. Calvo Martínez

lunes, 10 de noviembre de 2025

181) DIBUJO ARQUEOLÓGICO DE FORTIFICACIONES



Durante las intervenciones arqueológicas se documentan gráficamente los materiales y estructuras.

Aquí publicamos algunos ejemplos de dibujos realizados durante las excavaciones arqueológicas de las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón y el Parque Empresarial en Las Rozas de Madrid. Año 2017.

Equipo formado por:

Lourdes Morales García
David Urquiaga Cela
Raúl Flores Fernández
Javier M. Calvo Martínez


Nido de ametralladoras en la Dehesa de Navalcarbón, en Las Rozas de Madrid.


Asentamiento para fusil ametrallador en la Dehesa de Navalcarbón, en Las Rozas de Madrid


Asentamiento para fusil ametrallador en la Dehesa de Navalcarbón, en Las Rozas de Madrid


Asentamiento para fusil ametrallador en la Dehesa de Navalcarbón, en Las Rozas de Madrid



Nido de ametralladoras en el Parque Empresarial de Las Rozas de Madrid




Dibujando en el interior de una fortificación en el Parque Empresarial de Las Rozas de Madrid (jul. 2017)