miércoles, 14 de octubre de 2026

189) DESBROCES Y EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL OLIVAR DEL VELISO, EN BRUNETE


El informe que en mayo de 2026 presentó el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA) a la Dirección General de Patrimonio Cultural (DGPC) sobre la posible existencia de restos de la Guerra Civil en las obras que se estaban desarrollando en el Olivar del Veliso, en el término municipal de Brunete, iba acompañado de un  estudio con la superposición sobre plano actual de las trincheras que aparecían en la documentación de época.

Teniendo en cuenta esta información, la DGPC realizó un requerimiento para que en aquellas  zonas que se iban a ver afectadas por los movimientos de tierra, en las que según el estudio de GEFREMA podía existir algún tipo de vestigio en el subsuelo, se realizase una intervención arqueológica para comprobar si efectivamente se conservaba algo.

Esta primera intervención consistió en prospección y desbroces mecánicos, que en varios puntos dieron un resultado positivo, apareciendo trincheras y otras estructuras excavadas en el terreno.




Una vez comprobada la existencia de restos, la DGPC pidió la excavación arqueológica de los elementos que se iban a ver directamente afectados por movimientos de tierras, con el objetivo de documentarlos lo mejor posible.

De esta manera, a lo largo de los meses de junio, julio y agosto, se han venido realizando desbroces mecánicos y manuales en diferentes puntos del Olivar del Veliso y, en caso de aparecer algún vestigio, se ha procedido a su excavación arqueológica, lo que ha permitido obtener interesante información sobre algunas de las posiciones de primera y segunda línea que formaron parte del frente que surgió tras la batalla de Brunete.




Estos trabajos han sido realizados por Urquiaga Arqueología, y promocionados por la propiedad que, junto a la dirección de obra, han ofrecido su colaboración y apoyo en todo lo que se les ha solicitado.

sábado, 26 de septiembre de 2026

188) EL INFIERNO DE BRUNETE

 

La batalla de Brunete, acontecida en el abrasador mes de julio de 1937, ha pasado a la historia como la “Batalla de la Sed”.

A lo largo de los combates, tanto las guarniciones que defendían las posiciones, como las unidades de choque que trataban de conquistarlas, padecieron en muchas ocasiones la tortura que supone la escasez o falta total de agua.

En sus memorias, los combatientes que participaron en aquella batalla hablan de escasas raciones de agua, de bocas resecas, labios con grietas, gargantas cuarteadas, insolaciones, calor infernal…

Todo ello, unido a la crudeza de la lucha, a la intensidad de los bombardeos y al elevadísimo número de bajas, hizo que entre muchos de aquellos soldados y oficiales se popularizase la expresión “el infierno de Brunete” para referirse a esta batalla.

Muchos años después, en 1972, José Manuel Martínez Bande, en una serie de artículos que sobre las grandes batallas de la Guerra Civil escribió para la revista Historia y Vida, recuperó esa expresión para dar título al artículo que dedicó a la batalla de Brunete, donde se refería a esta como “una de las más duras y sangrientas de la Guerra Civil, librada bajo un sol abrasador”, señalando que, al fuego de las armas, se unió el fuego del sol de julio de la meseta, con una sed implacable y una tensión moral insufrible para los combatientes.

Ese mismo año, la Editorial San Martín publicaba el tomo nº 7 de las monografías de la Guerra de España del Servicio Histórico Militar, escritas también por Martínez Bande. Este tomo estaba dedicado a la ofensiva sobre Segovia y a la batalla de Brunete. En la parte final de este trabajo, el autor insistía en la dureza extraordinaria que había supuesto la lucha, con unas condiciones meteorológicas muy adversas:

“Brunete es la batalla de la sed. Al calor terrible de los días interminables se unían las dificultades para llevar agua a las posiciones. Los soldados padecieron bajo el fuego abrasador de un sol implacable, cuyos ardores apenas sí se podían combatir (…) A estos sufrimientos había que añadir las penalidades propias de la guerra: el cansancio y el fuego de las armas, con su inevitable tributo de sangre y de tensión moral y psicológica. Puede decirse que, en general, las fuerzas se batieron con indiferencia estoica ante el dolor (…) Ardían los rastrojos, el escaso arbolado; los pueblos caían destruidos. Pero se resistía, muchas veces hasta la muerte. La desolación se instaló en la bolsa de Brunete.”

Imposible no pensar en todo aquello al excavar arqueológicamente la reseca tierra de El Olivar, en Brunete, bajo la canícula de los meses de junio, julio y agosto de 2026.


Fotografía 1: el sol de julio sobre los campos de Brunete

Fotografía 2: Excavando arqueológicamente en El Olivar, en el municipio de Brunete (junio 2026)

sábado, 19 de septiembre de 2026

187) LOCALIZANDO TRINCHERAS

 


Desde hace ya muchos meses, los enormes desarrollos urbanísticos de Brunete y Villanueva de la Cañada avanzan a buen ritmo.

El seguimiento arqueológico en la mayoría de los sectores es escaso o inexistente, por lo que buena parte del campo de batalla va desapareciendo sin posibilidad de documentar su registro arqueológico.

A partir de un informe presentado en el mes de mayo por el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA), la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid (DGPC) estimó conveniente que se realizasen una serie de intervenciones arqueológicas en el El Olivar del Veliso, situado en el municipio de Brunete.

Estos trabajos fueron encargados a Urquiaga Arqueología, comenzando desde finales de mayo una serie de actuaciones que comprenden:

Control de movimientos de tierra.

Desbroces para la localización de estructuras defensivas.

Excavación arqueológica en el caso de localizarse elementos.

Y, en la medida de lo posible, ya que debe realizarse al mismo tiempo que unas obras en curso y ya muy avanzadas, una prospección total del sector.

El seguimiento arqueológico se mantendrá, al menos, mientras continúen los movimientos de tierra, lo que permitirá documentar el mayor número posible de elementos relacionados con la batalla de Brunete y la posterior estabilización que experimentó el frente de guerra antes de que este sector quede completamente urbanizado.

Pensamos que algo similar debería estar realizándose en la totalidad de los sectores urbanísticos proyectados, en los que la intervención de diversos equipos de arqueólogos permitiría recopilar interesante información histórica y arqueológica, no solo de la batalla de Brunete, sino, en general, de cualquier otro aspecto relacionado con el pasado de estos municipios cuyas huellas y vestigios puedan permanecer soterrados u ocultos en el terreno. Lamentablemente, no está siendo así.

En el caso concreto de El Olivar, en Brunete, creemos importante resaltar varias cosas: por una parte, el papel que pueden jugar las asociaciones culturales, en este caso ha sido GEFREMA, en lo referente al seguimiento de los múltiples factores que pueden afectar negativamente al patrimonio, informando oportunamente a los organismos con competencias en  materia de protección para que  estos actúen; por otra parte, la rápida reacción de la DGPC que, una vez recibido el informe de GEFREMA, emitió un requerimiento para que se tomasen las medidas que se estimaron oportunas; y, por último, la comprensión mostrada por la propiedad y los responsables de obra que, a pesar de las múltiples molestias y retrasos que las intervenciones arqueológicas pueden suponer en el desarrollo de los trabajos proyectados, han ofrecido todas las facilidades y colaborado en todo lo que se les ha solicitado.

Por último, mostrar una vez más nuestro asombro por la aparente falta de interés que, en general, muestran los ayuntamientos respecto a la protección y estudio de su patrimonio. Deberían ser las propias administraciones locales las primeras en preocuparse de que los desarrollos urbanísticos proyectados en sus respectivos términos municipales contasen con el correspondiente seguimiento arqueológico, sin embargo, no está siendo así, perdiéndose para siempre una buena parte de las huellas que la historia y el pasado han dejado en estos municipios.

En las fotografías que encabezan esta entrada aparecen algunas de las referencias marcadas por los topógrafos, basadas en el estudio e interpretación de documentación y fotografías de época, respecto a la posible ubicación de trincheras de la Guerra Civil en el subsuelo de El Olivar, en Brunete, para la posterior realización de desbroces que confirmen, o descarten, la existencia de vestigios históricos en esos puntos (junio, 2026).

miércoles, 26 de agosto de 2026

186) ¿QUÉ HACEMOS CON LOS CAMPOS DE BATALLA?

 

Carros de combate T-26 avanzando en dirección a Villanueva de la Cañada durante la batalla de Brunete, en julio de 1937

 Aproximadamente, la misma zona en la actualidad. En ambas imágenes podemos ver, al fondo, el antiguo cementerio de Villanueva de la Cañada, ubicado junto a la M-600


La Ley 3/2013 de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, y la posterior Ley 8/2023, consideraron por primera vez las fortificaciones de la Guerra Civil como Bienes de Interés Patrimonial, dotándolas de una protección específica como elementos patrimoniales y yacimientos arqueológicos

Desde su aprobación, ambas leyes han proporcionado el soporte legal necesario para la catalogación, protección y gestión de las estructuras defensivas del periodo bélico 1936-1939.

Sin embargo, esta misma legislación ha pasado por alto un aspecto que nosotros consideramos fundamental: la condición que, desde nuestro punto de vista, tienen los campos de batalla como paisajes histórico-culturales y espacios de memoria.

Independientemente de las fortificaciones y otros elementos constructivos que puedan existir en ellos, los campos de batalla deberían ser considerados yacimientos arqueológicos en sí mismos, a pesar de que hasta la fecha no exista una legislación específica en este sentido.

Esta situación provoca un constante deterioro, destrucción y desaparición de los lugares en los que se desarrollaron batallas.

Evidentemente, no se trata de que no se pueda hacer nada en estos espacios, que en ocasiones llegan a abarcar enormes extensiones, pero creemos que, como mínimo, deberían aplicarse medidas e intervenciones específicas a la hora de realizar en ellos cualquier tipo de actuación urbanística o de infraestructuras que pueda suponer alteraciones o destrucciones en su registro arqueológico.

Los enormes desarrollos urbanísticos que actualmente se están llevando a cabo en Brunete y Villanueva de la Cañada son buena muestra de la falta de consideración que tienen los campos de batalla. El seguimiento arqueológico que se está realizando en cada uno de los sectores proyectados es desigual (en muchos de ellos ni siquiera existe) y no responde a un plan general sino, más bien, a la existencia (o posible existencia) de fortificaciones en esos lugares, fortificaciones que, por otra parte, no corresponden al momento en el que tuvo lugar la batalla de Brunete, en julio de 1937, sino que son consecuencia de la posterior estabilización que experimentó el frente al concluir los combates.

Hasta donde sabemos, solo en dos de los sectores proyectados en Brunete se está llevando a cabo algún tipo de seguimiento arqueológico. Creemos imprescindible extender estas actuaciones a la totalidad de las obras programadas, tanto en Brunete como en Villanueva de la Cañada.

De esta manera, al menos, se podrá documentar y recupera antes de su total desaparición parte del registro arqueológico correspondiente a la batalla de Brunete, sin duda, el episodio histórico más relevante acontecido en estos municipios del oeste madrileño.


lunes, 27 de julio de 2026

185) ANTE LA DESTRUCCIÓN DE UN PAISAJE HISTÓRICO

Aspecto que hoy en día ofrece lo que fue campo de batalla en el municipio de Brunete

El 26 de julio de 1937, tras 20 días de encarnizados combates, la lucha en la bolsa de Brunete languidece, produciéndose los últimos avances y repliegues que acabarán definiendo una nueva línea de frente entre los ríos Perales y Guadarrama. A partir del día 27, hace ahora justo 89 años, los contendientes pasaban definitivamente a la defensiva, tratando de organizar y consolidar sus respectivas posiciones y recuperarse del enorme desgaste sufrido.

Terminaba así la mayor batalla acontecida en Madrid a lo largo de toda su historia. Se calcula que, entre los dos ejércitos, participaron en la lucha unos 100.000 soldados, en torno a 250 piezas de artillería, más de 200 carros de combate y cientos de aviones, con un coste humano que se estima podría alcanzar las 40.000 bajas, entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos.

Hoy en día, buena parte de ese campo de batalla está desapareciendo a marchas forzadas a base de enormes movimientos de tierra, deslomes de cerros, colmatación de vaguadas y extensos desbroces que marcan el inicio de un impresionante desarrollo urbanístico en los municipios de Brunete y Villanueva de la Cañada.


El campo de batalla en el término de Villanueva de la Cañada


Lamentablemente, en estos proyectos apenas se han tenido en cuenta los aspectos históricos. Solo en aquellos lugares en los que existen vestigios catalogados de fortificaciones, poquísimos en esta zona, se ha realizado (o se está realizando) algún tipo de intervención o seguimiento arqueológico acorde a los mínimos que, en este sentido, recoge la Ley de Patrimonio de 2023.

El resto del paisaje histórico, cultural y de memoria que supone este campo de batalla va siendo destruido, día a día, sin que a nadie parezca importarle lo más mínimo. Cuesta entender la aparente falta de interés y sensibilidad en estas cuestiones por parte de los ayuntamientos implicados, que se supone deberían velar por los bienes y valores patrimoniales, históricos y culturales de sus respectivos municipios.

Que sepamos, hasta la fecha, solo el Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA) ha tenido la iniciativa de presentar en la Dirección General de Patrimonio un informe que, de momento, ha dado lugar a que en uno de los Sectores del municipio de Brunete, el que se está desarrollando en el Olivar del Veliso, se realice un seguimiento que conllevará prospección, desbroces y, en su caso, excavación arqueológica, además de un control de los movimientos de tierra.

Una intervención que cuenta con la problemática y dificultad de realizarse sobre la marcha de unos trabajos ya iniciados, pero que, al menos, permitirá documentar algo esta pequeña parte de lo que fue campo de batalla y línea de frente antes de su total desaparición.


El campo de batalla en el término de Brunete

Creemos que, ante la ya inevitable destrucción de este paisaje histórico, las administraciones locales y regionales deberían, como mínimo, tratar de recuperar y salvaguardar la mayor cantidad posible de vestigios e información referente a la terrible batalla que, en el verano de 1937, se desarrolló en estos mismos parajes, así como documentar lo mejor posible las características que tuvo la organización defensiva de este frente a partir de su estabilización. Todo ello, a través de adecuadas intervenciones arqueológicas en cada uno de los sectores que conforman los grandes desarrollos urbanísticos proyectados.



Restos de munición aflorando en terrenos afectados por los desarrollos urbanísticos


Entendemos que, como sociedad, es un compromiso ineludible que tenemos con nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.


Carlos Deza


sábado, 23 de mayo de 2026

184) ¡VIVA YO!

Destrozos en una trinchera de La Puentecilla, en Las Rozas de Madrid, causados por la circulación ilegal de motos de campo
 

Hay gente que considera que su derecho a divertirse practicando una de sus aficiones favoritas esta por encima de cualquier otro derecho o consideración. Una especie de ¡Viva yo! o “porque yo lo valgo” al que le resbalan otras cuestiones.

Eso sucede con algunos (evidentemente son minoría) aficionados a las motos de campo en sus diversas variantes.

Les da igual que la legislación prohíba circular con estos vehículos campo a través.

Se pasan por el arco del triunfo hacerlo por un área natural protegida.

No reparan en el efecto negativo que ello pueda tener para la flora y la fauna silvestres.

Minimizan el potencial riesgo que esa actividad supone para quienes pasean por esos mismos lugares.

Y son completamente ajenos a los daños que pueden ocasionar en un yacimiento arqueológico.

Esto es exactamente lo que sucede todos los fines de semana y festivos (e incluso algún día entre semana) en el entorno del arroyo de La Puentecilla, a caballo de los términos municipales de Las Rozas y de Majadahonda.


Motos en La Puentecilla, dentro del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entrono

Aunque el problema viene de lejos, en los últimos tiempos ha alcanzado ya unos niveles escandalosos.

Toda la zona está incluida en el área protegida del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno.

El lugar constituye un pequeño refugio natural para multitud de animales y plantas autóctonas.

Toda la margen derecha del arroyo de La Puentecilla, y no pocos puntos de su margen izquierda, están clasificadas como yacimientos arqueológicos documentados, por la gran cantidad de fortificaciones de la Guerra Civil que se conservan.

Sin embargo, todo esto no impide que, de manera reiterada, algunos utilicen este espacio protegido como una especie de circuito para motos todoterreno, ocasionando serios daños en el entorno.

Sirvan como ejemplo estas fotos en las que se aprecia el destrozo que las motos están provocando con sus rodadas en esta trinchera que enlaza con un nido de ametralladoras.

Trinchera que enlazan con un nido de ametralladoras antes de que alguien decidiera convertirla en un circuito de motos


La misma trinchera con los destrozos causados por las rodadas de las motos

Ni Parque Regional, ni Yacimiento Arqueológico Documentado, ni leches... ¡Viva yo! y ¡Viva mi moto!

miércoles, 20 de mayo de 2026

183) NUEVA PUBLICACIÓN DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE PATRIMONIO CULTURAL SOBRE FORTIFICACIONES


 

Ayer recibí el libro “Inventario de fortificaciones de la Guerra Civil (1936-1939) del municipio de Madrid”, editado por la Dirección General de Patrimonio Cultural, dentro de su Plan Regional de Fortificaciones.

Este trabajo fue encargado por la DGPC al Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA), asociación cultural a la que pertenezco desde 2008.

Estoy muy contento de haber podido participar en este proyecto escribiendo el capítulo “Fortificar Madrid: los preparativos de la defensa”, y tengo muchas ganas de leer las aportaciones del resto de compañeros y compañeras que han participado en este libro:

Isabel Baquedano, Francisco Javier Pastor, Javier M. Calvo, José Antonio Zarza, Carlos Iriarte, Fernando Atienza, Juan Javier Egido, Antonio García, Antonio Morcillo, Jacinto M. Arévalo, Guillermo Poza, Pablo Schnell, Ainhoa Campos, Beatriz de las Heras y Eulalia Ramírez.

Mi agradecimiento a los coordinadores científicos del proyecto, Isabel Baquedano y Francisco Javier Pastor; a las responsables de la coordinación editorial, Macarena Calderón y Mariela Beltrán y al encargado de maquetación Miguel Ángel Camón.

Y un agradecimiento muy especial a Francisco Javier Pastor Muñoz por haber contado conmigo en este proyecto.

Más información sobre este libro pinchando aquí


Javier M. Calvo Martínez