miércoles, 26 de agosto de 2026

186) ¿QUÉ HACEMOS CON LOS CAMPOS DE BATALLA?

 

Carros de combate T-26 avanzando en dirección a Villanueva de la Cañada durante la batalla de Brunete, en julio de 1937

 Aproximadamente, la misma zona en la actualidad. En ambas imágenes podemos ver, al fondo, el antiguo cementerio de Villanueva de la Cañada, ubicado junto a la M-600


La Ley 3/2013 de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, y la posterior Ley 8/2023, consideraron por primera vez las fortificaciones de la Guerra Civil como Bienes de Interés Patrimonial, dotándolas de una protección específica como elementos patrimoniales y yacimientos arqueológicos

Desde su aprobación, ambas leyes han proporcionado el soporte legal necesario para la catalogación, protección y gestión de las estructuras defensivas del periodo bélico 1936-1939.

Sin embargo, esta misma legislación ha pasado por alto un aspecto que nosotros consideramos fundamental: la condición que, desde nuestro punto de vista, tienen los campos de batalla como paisajes histórico-culturales y espacios de memoria.

Independientemente de las fortificaciones y otros elementos constructivos que puedan existir en ellos, los campos de batalla deberían ser considerados yacimientos arqueológicos en sí mismos, a pesar de que hasta la fecha no exista una legislación específica en este sentido.

Esta situación provoca un constante deterioro, destrucción y desaparición de los lugares en los que se desarrollaron batallas.

Evidentemente, no se trata de que no se pueda hacer nada en estos espacios, que en ocasiones llegan a abarcar enormes extensiones, pero creemos que, como mínimo, deberían aplicarse medidas e intervenciones específicas a la hora de realizar en ellos cualquier tipo de actuación urbanística o de infraestructuras que pueda suponer alteraciones o destrucciones en su registro arqueológico.

Los enormes desarrollos urbanísticos que actualmente se están llevando a cabo en Brunete y Villanueva de la Cañada son buena muestra de la falta de consideración que tienen los campos de batalla. El seguimiento arqueológico que se está realizando en cada uno de los sectores proyectados es desigual (en muchos de ellos ni siquiera existe) y no responde a un plan general sino, más bien, a la existencia (o posible existencia) de fortificaciones en esos lugares, fortificaciones que, por otra parte, no corresponden al momento en el que tuvo lugar la batalla de Brunete, en julio de 1937, sino que son consecuencia de la posterior estabilización que experimentó el frente al concluir los combates.

Hasta donde sabemos, solo en dos de los sectores proyectados en Brunete se está llevando a cabo algún tipo de seguimiento arqueológico. Creemos imprescindible extender estas actuaciones a la totalidad de las obras programadas, tanto en Brunete como en Villanueva de la Cañada.

De esta manera, al menos, se podrá documentar y recupera antes de su total desaparición parte del registro arqueológico correspondiente a la batalla de Brunete, sin duda, el episodio histórico más relevante acontecido en estos municipios del oeste madrileño.