La Ley 3/2013 de Patrimonio
Cultural de la Comunidad de Madrid, y la posterior Ley 8/2023, consideraron por
primera vez las fortificaciones de la Guerra Civil como Bienes de Interés
Patrimonial, dotándolas de una protección específica como elementos
patrimoniales y yacimientos arqueológicos
Desde su aprobación, ambas
leyes han proporcionado el soporte legal necesario para la catalogación,
protección y gestión de las estructuras defensivas del periodo bélico
1936-1939.
Sin embargo, esta misma
legislación ha pasado por alto un aspecto que nosotros consideramos
fundamental: la condición que, desde nuestro punto de vista, tienen los campos
de batalla como paisajes histórico-culturales y espacios de memoria.
Independientemente de las
fortificaciones y otros elementos constructivos que puedan existir en ellos,
los campos de batalla deberían ser considerados yacimientos arqueológicos en sí mismos, a pesar de que hasta la fecha no exista una legislación específica
en este sentido.
Esta situación provoca un
constante deterioro, destrucción y desaparición de los lugares en los que se
desarrollaron batallas.
Evidentemente, no se trata de
que no se pueda hacer nada en estos espacios, que en ocasiones llegan a abarcar
enormes extensiones, pero creemos que, como mínimo, deberían aplicarse medidas e
intervenciones específicas a la hora de realizar en ellos cualquier tipo de
actuación urbanística o de infraestructuras que pueda suponer alteraciones o destrucciones
en su registro arqueológico.
Los enormes desarrollos
urbanísticos que actualmente se están llevando a cabo en Brunete y Villanueva
de la Cañada son buena muestra de la falta de consideración que tienen los
campos de batalla. El seguimiento arqueológico que se está realizando en cada
uno de los sectores proyectados es desigual (en muchos de ellos ni siquiera existe)
y no responde a un plan general sino, más bien, a la existencia (o posible
existencia) de fortificaciones en esos lugares, fortificaciones que, por otra
parte, no corresponden al momento en el que tuvo lugar la batalla de Brunete,
en julio de 1937, sino que son consecuencia de la posterior estabilización que
experimentó el frente al concluir los combates.
Hasta donde sabemos, solo en
dos de los sectores proyectados en Brunete se está llevando a cabo algún tipo
de seguimiento arqueológico. Creemos imprescindible extender estas actuaciones
a la totalidad de las obras programadas, tanto en Brunete como en Villanueva de
la Cañada.
De esta manera, al menos, se podrá
documentar y recupera antes de su total desaparición parte del registro
arqueológico correspondiente a la batalla de Brunete, sin duda, el episodio histórico más relevante acontecido en estos municipios del oeste madrileño.

.jpeg)