Hay gente que considera que su
derecho a divertirse practicando una de sus aficiones favoritas esta por encima
de cualquier otro derecho o consideración. Una especie de ¡Viva yo! o “porque
yo lo valgo” al que le resbalan otras cuestiones.
Eso sucede con algunos
(evidentemente, no todos) aficionados a las motos de campo en sus diversas
variantes.
Les da igual que la
legislación prohíba circular con estos vehículos campo a través.
Se pasan por el arco del
triunfo hacerlo por un área natural protegida.
No reparan en el efecto
negativo que ello pueda tener para la flora y la fauna silvestres.
Minimizan el potencial riesgo
que esa actividad supone para quienes pasean por esos mismos lugares.
Y son completamente ajenos a
los daños que pueden ocasionar en un yacimiento arqueológico.
Esto es exactamente lo que
sucede todos los fines de semana y festivos (e incluso algún día entre semana)
en el entorno del arroyo de La Puentecilla, a caballo de los términos municipales
de Las Rozas y de Majadahonda.
Aunque el problema viene de
lejos, en los últimos tiempos ha alcanzado ya unos niveles escandalosos.
Toda la zona está incluida en
el área protegida del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno.
El lugar constituye un pequeño
refugio natural para multitud de animales y plantas autóctonas.
Toda la margen derecha del
arroyo de La Puentecilla, y no pocos puntos de su margen izquierda, están clasificadas
como yacimientos arqueológicos documentados, por la gran cantidad de
fortificaciones de la Guerra Civil que se conservan.
Sin embargo, todo esto no
impide que, de manera reiterada, algunos utilicen este espacio protegido como una
especie de circuito para motos todoterreno, ocasionando serios daños en el
entorno.
Sirva como ejemplo estas fotos en las que se aprecia el destrozo
que las motos provocan con sus rodadas en las trincheras que, junto a un
considerable número de fortificaciones de la Guerra Civil, se conservan en este
peculiar paraje histórico y natural.
Ni Parque Regional, ni Yacimiento Arqueológico Documentado, ni leches... ¡Viva yo! y ¡Viva mi moto!


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