sábado, 30 de septiembre de 2017

151) ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL EN LAS ROZAS DE MADRID




En fechas recientes, la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid (DGP) ha hecho pública su decisión de desarrollar un Plan Regional para la rehabilitación, promoción y musealización de las fortificaciones de la Guerra Civil existentes en la región (pinchar aquí para ver noticia). Entre los primeros lugares en los que se va a actuar se encuentra Las Rozas de Madrid, en donde, de manera inminente, se va a realizar una importante actuación arqueológica en la Dehesa de Navalcarbón, lugar de especial relevancia en lo que se refiere a arquitectura defensiva por el gran número de restos que se conservan y en el que historia y naturaleza se combinan de manera equilibrada y armónica.


Desde Frente de Batalla, que a través  de diversas labores de estudio y catalogación, así como de numerosas actividades divulgativas (rutas, publicaciones, conferencias, etc.), llevamos muchos años intentando hacer ver la importancia que tiene este singular patrimonio, el plan de la DGP nos parece una buena noticia que, además de suponer un cambio muy significativo respecto a la consideración que, hasta tiempos recientes y en líneas generales, han recibido estos vestigios históricos, supone también un claro reconocimiento a la relevancia y al enorme potencial que tienen las fortificaciones existentes en Las Rozas de Madrid.



 Algunas de las fortificaciones que se conservan en la Dehesa de Navalcarbón.


Por todo ello, nos parece un momento oportuno para hacer memoria y recordar algunas de las principales actuaciones de tipo arqueológico e historiográfico llevadas a cabo en el municipio en los últimos años, y que, poco a poco, han contribuido al conocimiento, estudio, preservación y divulgación de la arquitectura militar de la Guerra Civil.


Pero primero, situemos en su contexto histórico las fortificaciones que se conservan en el municipio roceño.


CONTEXTO HISTÓRICO DE LAS FORTIFICACIONES EXISTENTES EN LAS ROZAS DE MADRID


A principios de 1937, durante la fase final de la batalla de la carretera de La Coruña, el municipio de Las Rozas de Madrid se convirtió en un cruento campo de batalla que obligó a la evacuación de toda su población. Los vecinos pasarían el resto de la guerra como desplazados y refugiados en pueblos alejados de las zonas de combate, tales como Torrelodones y, sobre todo, Hoyo de Manzanares. El 4 de enero, tras intensa lucha, las tropas de Franco ocupaban la población y se establecían en plan defensivo, siendo capaces de resistir los duros contraataques republicanos que se desarrollaron hasta mediados de ese mismo mes. Como consecuencia de esta batalla quedó perfilada una línea de frente en la que el caserío de Las Rozas se convirtió en primerísima línea de fuego. La estabilización de ese frente dio paso a una guerra de trincheras que se alargaría hasta el final de la contienda, y en la que ambos ejércitos seguirían protagonizando pequeñas acciones de combate (golpes de mano, guerra de minas, operaciones locales…) y continuas labores de fortificación encaminadas a mejorar y consolidar sus respectivas posiciones. Los trabajos de fortificación alcanzarían su máxima expresión a partir de mediados de 1938, momento en el que las comandancias de ingenieros desarrollaron sistemas defensivos meticulosamente estudiados y planificados. A este periodo pertenecen la práctica totalidad de las fortificaciones que se conservan  en Las Rozas. 

Tras la guerra, comenzaron las labores de reconstrucción del pueblo, llevadas a cabo principalmente por el organismo denominado Regiones Devastadas. En los primeros años de posguerra, las numerosas fortificaciones y demás obras defensivas sufrieron una intensa actividad chatarrera encaminada a recuperar todos los elementos metálicos de sus estructuras, lo que supuso la destrucción parcial de muchas de estas construcciones. Durante décadas, estas fortificaciones quedaron a merced del paso del tiempo y del olvido.


 Aspecto que ofrecían las calles de Las Rozas de Madrid al finalizar la guerra.

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS

Se tardaría mucho tiempo en comenzar a ver estas construcciones como vestigios históricos que debían ser conservados. La falta de medidas de protección supuso, hasta tiempos muy recientes, la desaparición de numerosos restos, especialmente, como consecuencia de la intensa actividad urbanística desarrollada en los últimos años. En este sentido, resulta significativo que el Plan General de Ordenación Urbana de Las Rozas, vigente desde el año 1994, no incluyese un Catálogo de Bienes Protegidos; también, el hecho de que en los trabajos arqueológicos de prospección  que puntualmente se desarrollaban en el municipio, las fortificaciones de la Guerra Civil nunca fueran tenidas en cuenta, lo que impedía que éstas pudieran ser inventariadas e incluidas en la Carta Arqueológica de la Comunidad de Madrid, posibilitando de esa manera su destrucción. La Marazuela, El Montecillo, El Cantizal, El Lazarejo, Rozas Village, Parque Empresarial… son algunos de los nombres que componen la larga lista de lugares en los que las actuaciones urbanísticas y de infraestructuras de los últimos años se han llevado por delante un gran número de fortificaciones de la Guerra Civil en el municipio roceño.

Serían primero unas pocas personas a título personal y, algo después, asociaciones de tipo cultural, las que iniciasen una ardua y, muchas veces, frustrante labor de catalogación, estudio y reivindicación de la importancia histórica de estas construcciones que, de manera reiterada, seguían desapareciendo al compás de la intensa actividad urbanística y de la apatía que acostumbraban a mantener las administraciones con competencias en la materia.



Miembros del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA) visitando las fortificaciones del Arroyo de La Retorna, en Las Rozas de Madrid (enero de 2009) 

Visita de GEFREMA a las fortificaciones del Arroyo de La Puentecilla, en Las Rozas de Madrid (enero de 2010)


Habría que esperar hasta el 2006 para que en Las Rozas de Madrid se realizasen las primeras peritaciones arqueológicas de carácter oficial que documentasen este tipo de vestigios. En abril de aquél año se elaboraba el Anteproyecto de cierre de la M-50 (El Pardo), que contaba con una prospección arqueo-paleontológica en la que, aunque de una manera muy superficial e incompleta, figuraban por primera vez algunos de los fortines y trincheras que se conservan en el municipio.  En octubre de ese mismo año, el arqueólogo David Urquiaga Cela dirigía el informe titulado  Prospecciones en las zonas afectadas por la revisión-adaptación del PGOU del término municipal de Las Rozas (Madrid), en donde las fortificaciones de la Guerra Civil tenían ya una destacada presencia. Ambos trabajos fueron presentados en las IV Jornadas de Patrimonio Arqueológico de la CAM, que se celebraron en noviembre de 2007 en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares.


 Actas de las IV Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la CAM (2007) en las que se recogían las prospecciones realizadas en Las Rozas que incluían, por primera vez, algunos de los restos de fortificaciones existentes en el municipio.


Con anterioridad a estas actuaciones oficiales, Javier M. Calvo Martínez, historiador, vecino de Las Rozas y miembro del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (GEFREMA), ante la sistemática destrucción que venía sufriendo el patrimonio vinculado a la Guerra Civil, había comenzado a realizar una catalogación lo más completa posible de los restos que se conservaban en el municipio. Este trabajo de catalogación se basaba en un exhaustivo trabajo de campo y en un profundo estudio documental en los fondos de diversos archivos históricos. Desde el año 2008, parte de los resultados de estas investigaciones comenzaron a ser publicadas en el blog Frente de Batalla, y en 2012 quedaba finalizado el Inventario de restos del frente de Las Rozas de Madrid, trabajo respaldado por GEFREMA con el propósito de contribuir al estudio, preservación y puesta en valor del patrimonio de la Guerra Civil, que se puso a disposición de la DGP y del Ayuntamiento de Las Rozas de Madrid a través de su Concejalía de Cultura. 


 Portada del Inventario de restos del frente de Las Rozas de Madrid, elaborado por Javier M. Calvo Martínez.



Este inventario fue presentado en noviembre de 2012 en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo, dentro de las Primeras Jornadas sobre la Guerra Civil en Madrid organizadas por GEFREMA, y, en noviembre de 2013, se hizo lo propio en las Primeras Jornadas de Patrimonio de Pinto. Lamentablemente, y a pesar de los reiterados ofrecimientos realizados, no fue posible hacer una presentación en Las Rozas, lo que habría servido para dar a conocer a los vecinos los resultados de este trabajo y la importancia, tanto cuantitativa como cualitativa, del patrimonio vinculado a la Guerra Civil que se conserva en el municipio.


 Presentación del inventario en las Iª Jornadas sobre la Guerra Civil organizadas por GEFREMA (2012).

 Presentación del inventario en las Iª Jornadas de Patrimonio de Pinto (2013.)


En los primeros meses de 2013 entraba en vigor la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid. Esta ley, muy criticada y cuestionada, y que con toda seguridad tendrá que ser revisada y modificada en algunos de sus aspectos, incluía por primera vez las fortificaciones de la Guerra Civil como elementos patrimoniales a proteger. La misma ley, obligaba a los ayuntamientos a completar o formar sus catálogos de bienes y espacios protegidos en el plazo máximo de un año. Pocos meses después, la Concejalía de Urbanismo atendía este requerimiento, convirtiéndose Las Rozas de Madrid en uno de los primeros (y, hasta la fecha, de los pocos) municipios en realizar su correspondiente catálogo.


Siguiendo las directrices exigidas por la DGP, el 12 de diciembre de 2014 se entregaba el correspondiente Proyecto de Actuaciones Arqueo-paleontológicas, Catálogo Geográfico de Bienes Inmuebles del Patrimonio Histórico de Las Rozas de Madrid. La dirección de los trabajos arqueológicos correspondió a  David Urquiaga Cela y, para todo lo referente a arquitectura defensiva, se contó con el asesoramiento y la colaboración de Javier M. Calvo Martínez, que se incorporó al equipo técnico por la importancia del patrimonio vinculado a la Guerra Civil que existía en el municipio. En abril de 2015 se finalizaba el catálogo que, en lo referente a vestigios bélicos, recogía casi 70 fortines (69 para ser exactos, a los que habrá que sumar los existentes en algunas fincas privadas en las que todavía no ha sido posible acceder para realizar las labores de inventariado), restos de 14 refugios, cientos de metros de trincheras y algunas pistas y caminos militares. Este trabajo fue presentado en la jornada Fortificaciones del siglo XX. Investigación, conservación y puesta en valor de la arquitectura defensiva de la Guerra Civil, organizada por la DGP en junio de 2016 y cuyas ponencias serán publicadas próximamente.


Ponencia sobre los restos de la Guerra Civil en el Catálogo de bienes y espacios protegidos de Las Rozas de Madrid, dentro de la Jornada Fortificaciones del siglo XX organizada por la DGP en junio de 2016.


Todos los vestigios de la Guerra Civil inventariados en el Catálogo de Bienes y espacios protegidos de Las Rozas de Madrid quedaron inscritos como figuras de Protección Específica, denominados “yacimientos arqueológicos documentados”, lo que, entre otras cosas, supone que, previa a cualquier tipo de actuación urbanística en el entorno de estos yacimientos, se deberá hacer una intervención arqueológica con los procedimientos y diligencias exigibles por la legislación sectorial en materia de Patrimonio Histórico. De esta manera, dejaba de ser posible la destrucción indiscriminada de los fortines y otras estructuras defensivas, tal y como había sido la tónica habitual durante décadas.


Como claros ejemplos de esta nueva situación respecto a la consideración y tratamiento que ha comenzado a recibir el patrimonio histórico vinculado a la Guerra Civil, tenemos las dos primeras excavaciones arqueológicas de este tipo de vestigios que se han realizado en Las Rozas. Estas actuaciones han consistido en la realización de unos sondeos manuales y mecánicos en unas trincheras documentadas en una parcela de La Marazuela, y en la excavación de un fortín en una parcela del Parque Empresarial de Monte Rozas. Pasemos a describir, de manera muy resumida, en qué han consistido estos trabajos.


ACTUACIÓN EN LA MARAZUELA

En el verano de 2016, coincidiendo con el 80 aniversario del inicio de la Guerra Civil, volvían a abrirse trincheras en el municipio de Las Rozas, pero esta vez no con fines bélicos, sino por motivos históricos y culturales. Esta actuación se dividió en dos fases. La primera se realizó en agosto de 2016 y consistió en la realización de una serie de prospecciones y sondeos manuales con el fin de localizar unas trincheras de las que se tenía constancia por el estudio de la cartografía y la documentación de época, pero de las que apenas se conservaban vestigios apreciables en superficie. Los sondeos permitieron definir con bastante precisión el trazado que seguían las trincheras y la entidad de las mismas. En superficie, muchos de estos elementos habían sido destruidos totalmente por las labores agrícolas y las actuaciones urbanísticas desarrolladas en la zona en los últimos años, sin embargo, los trabajos de excavación aportaron importante información sobre las características y tipología de este sistema defensivo.


 Realización de sondeos manuales en La Marazuela para la localización y documentación de trincheras (agosto de 2016).

 Sondeos mecánicos en La Marazuela (febrero de 2017).


El informe de estas primeras actuaciones fue remitido a la DGP, que estimó oportuno la realización de nuevos sondeos, esta vez, con ayuda de maquinaria para agilizar los trabajos e incrementar la información que pudiera obtenerse. Los sondeos mecánicos se realizaron en febrero de 2017 y sirvieron para tener una visión más clara del sistema defensivo que existió en esta zona y sus características. Durante estos trabajos fueron localizados también diferentes materiales bélicos, principalmente, restos de cartuchería, metralla y fragmentos de granadas de mortero, una de ellas sin explosionar, por lo que fue necesario avisar a los artificieros de la Guardia Civil que, una vez analizado el proyectil, y ante su peligrosidad, decidieron detonarlo en el mismo lugar en el que había sido localizado.


Hallazgo de una granada de mortero Valero de 50 mm sin explosionar duarnte los sondeos de La Marazuela.


Las conclusiones a las que se llegó tras los trabajos de campo y el análisis de la documentación consultada (entre la que se incluía cartografía y fotografías aéreas procedentes de vuelos de reconocimiento realizados durante la guerra) fueron que las trincheras que habían existido en la parcela objeto de este estudio databan de finales de 1938 y formaron parte de la primera línea del denominado Subsector nº2, de la 8ª División, del II Cuerpo de Ejército republicano. Su defensa había correspondido al Batallón de Ametralladoras nº 8 y al Batallón Disciplinario de Combate del II C. E,  habiendo sido zapadores pertenecientes a esta gran unidad los principales encargados de su construcción. 

Según se desprendió del estudio de la fotografía aérea, estas trincheras consistían fundamentalmente en ramales de comunicación que conducían hasta las avanzadillas republicanas que hacían frente a las posiciones franquistas establecidas en el Cerro de La Paloma y otras alturas colindantes. De las dos trincheras principales, que atravesaban la actual parcela de norte a sur, salían pequeños ramales que comunicaban ambas trincheras y enlazaban éstas con las vaguadas de los arroyos cercanos para aprovechar las depresiones que forman en el terreno a modo de caminos cubiertos. Además, las trincheras contaban con diferentes puntos que por su tipología y ubicación parecían corresponder con pozos de tirador. 

En cuanto a sus características, las trincheras respondían a las disposiciones generales que recogían las normativas de fortificación del momento en el que habían sido construidas: zanjas excavadas a pico y pala, de aproximadamente 1,80 m de profundidad, 0,90 m de ancho y trazado zigzagueante. Como curiosidad, se pudo comprobar que el suelo de algunos tramos estaba solado con ladrillos macizos con el fin de facilitar el tránsito por ellas y, en la medida de lo posible, evitar los charcos y el barro en el interior de las mismas.


 Fotografía en la que puede apreciarse el solado de ladrillos que tenían las trincheras de La Marazuela.


Los resultados y conclusiones de estos trabajos se entregaron a la DGP a través de la correspondiente Memoria Final.


ACTUACIÓN EN EL PARQUE EMPRESARIAL

La segunda y, hasta la fecha, última excavación arqueológica de restos de la Guerra Civil llevada a cabo en el municipio de Las Rozas se realizó en el mes de  junio de 2017. El lugar fue una parcela ubicada en el Parque Empresarial de Monte Rozas en el que había sido catalogado un fortín del que, en superficie, apenas se conservaban algunos grandes cascotes de lo que había sido su cubierta y escasos restos de muros de mampostería. 



Trabajos arqueológicos en el fortín del Parque Empresarial (junio de 2017).


Sin embargo, la excavación total del mismo permitió descubrir una gran estructura de planta rectangular y frontal semicircular, con una profundidad de 1,80 m y muros de 1 m de grosor. El acceso se encontraba situado en un lateral de la fortificación y contaba con un escalón construido en ladrillo macizo. En el interior, bajo las dos troneras que se abrían en el muro frontal, aparecieron dos estructuras, construidas también en ladrillo macizo, que servían para instalar las ametralladoras. El suelo estaba toscamente pavimentado con una capa de cemento irregular, y, en él, fueron apareciendo diferentes objetos, entre los que destacaban varias vainas de Mosin Nagant (munición de fabricación soviética).

Especialmente curioso resultó encontrar en un esquinazo de la construcción una lata redonda en cuyo fondo se habían practicado multitud de pequeños agujeros, lo que, unido a señales que evidenciaban la realización de fuego, parecía indicar que había sido utilizada para asar bellotas de las muchas encinas que todavía existen en la zona. También fue llamativo el hallazgo que se produjo al desenterrar el relleno con el que se había colmatado el ramal de acceso, ya que aparecieron dos bloques de cemento solidificados que correspondían al contenido de dos sacos de tela que, al endurecerse el cemento por efecto de la humedad y desaparecer la tela por el paso del tiempo, habían actuado como un molde, dando a los bloques de cemento la forma de los sacos y dejando impresas en ellos las marcas de la tela de arpillera.


 Bloques de cemento con la forma de sacos y la impronta dejada por la tela de arpillera que aparecieron en el relleno del ramal de acceso al fortín del Parque Empresarial.


Pero, más allá de los diferentes hallazgos, lo más importante de esta actuación fue el haber podido realizar, por primera vez en Las Rozas, una excavación arqueológica completa de un fortín. Este fortín, cuyas características básicas señalábamos más arriba, corresponde a un modelo estandarizado de nido de ametralladoras con el que la 8ª División del ejército republicano fortificó su frente a partir de mediados de 1938: puestos para arma automática, con muros de mampostería y una cubierta consistente en una gran losa de hormigón en masa que descansaba sobre un emparrillado de raíles de ferrocarril. Este modelo es muy abundante en el municipio de Las Rozas. Todos ellos han perdido total o parcialmente su cubierta debido a la actividad chatarrera desarrollada durante la posguerra para la recuperación de los elementos metálicos con los que fueron construidos.


 Aspecto que ofrecía el fortín del Parque Empresarial en los primeros compases de la excavación.
Interior del fortín del Parque Empresarial al concluir la excavación


El fortín excavado pertenecía a la denominada Línea de Detención, una segunda línea defensiva que se extendía desde la orilla derecha del río Manzanares hasta la orilla izquierda del río Guadarrama y en la que los republicanos realizaron multitud de obras defensivas con el fin de poder frenar una eventual ruptura del frente por parte de las tropas franquistas. Aunque actualmente ha quedado aislado y desvinculado de otros restos debido a la intensa actividad urbanística y a la construcción de infraestructuras (especialmente la M-50), el fortín estudiado formaba parte de la misma posición a la que pertenecen las fortificaciones que se conservan en la Dehesa de Navalcarbón, es decir, a uno de los ocho Centros de Resistencia que conformaban la Línea de Detención en este subsector del frente republicano, en concreto al C. R. nº 7, construido por el Batallón de Zapadores del II Cuerpo y por la I ª Compañía del 55 Batallón de Obras y Fortificaciones, y cuya defensa correspondía a la 111ª Brigada Mixta.


Ejemplos de fichas de materiales recuperados durante las actuaciones arqueológica.

Las dos actuaciones arqueológicas que acabamos de ver se enmarcan dentro de proyectos urbanísticos de carácter privado. Son consecuencia directa de la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid y de la elaboración del Catálogo de bienes y espacios protegidos de Las Rozas, que han supuesto un antes y un después respecto al procedimiento a seguir a la hora de realizar actividades urbanísticas en los lugares en los que se conserve este tipo de patrimonio histórico, ya que, cualquier actuación que pueda suponer una alteración de los lugares en los que existen vestigios de la Guerra Civil tendrá que contar previamente con los pertinentes estudios e informes arqueológicos e historiográficos que marca la ley, y se deberá  garantizar la protección y restauración de los restos más relevantes.


Se abre así un amplio campo de investigación y conservación que, poco a poco, irá arrojando más luz sobre la cruda realidad que supuso la guerra de trincheras que se desarrolló en el frente madrileño tras las grandes batallas. Una modalidad bélica poco estudiada hasta la fecha en la que se vieron inmersos miles de combatientes de uno y otro ejército, y sobre la que los trabajos arqueológicos pueden ir aportando mucha información.


ACTUACIÓN ARQUEOLÓGICA EN LA DEHESA DE NAVALCARBÓN

La inclusión del municipio en el Plan Regional de fortificaciones de la Comunidad de Madrid supone un importante reconocimiento y apoyo al trabajo e iniciativas que, tal y como hemos repasado a lo largo de este artículo, llevamos realizando desde hace años diferentes personas, asociaciones y entidades. El lugar elegido para esta primera actuación de carácter público en el patrimonio de la Guerra Civil que se conserva en el municipio será la Dehesa de Navalcarbón, en donde existe un importante conjunto de fortificaciones integradas en un bello entorno natural, de agradable paseo y fácil accesibilidad.

 Portada del anteproyecto elaborado por la Asociación Histórico-Cultural Cierzo y que ha servido como base para la actuación que se va a realizar en la Dehesa de Navalcarbón.


La actuación se dividirá en dos fases: una primera consistirá en una completa intervención arqueológica que supondrá la limpieza y el estudio técnico y documental de todas las fortificaciones y obras defensivas que se conservan en la dehesa; y una segunda fase de restauración, conservación y musealización, encaminada a promocionar y fomentar su vista y conocimiento. Trabajos que se complementarán con la realización de unas jornadas de puertas abiertas para dar a conocer las excavaciones a todas las personas interesadas y diferentes actos públicos (conferencia, exposición…) en los que presentar los resultados finales de esta actuación.


CONCLUSIONES

Sin duda, las numerosas fortificaciones y demás obras defensivas que hoy en día se conservan  integradas en el paisaje constituyen  las huellas más evidentes del pasado bélico vivido en el municipio. Un pasado que debe ser conocido y analizado, sobre el que se debe reflexionar de manera sosegada, y del que pueden sacarse grandes enseñanzas para el presente y para el futuro. 


Después de 80 años, parece que estos vestigios históricos comienzan a tener la consideración que merecen. El interés que despiertan es cada vez mayor, y son muchas las personas que desean visitarlos y conocer su historia. Un buen ejemplo de todo ello lo representa la buena respuesta que acostumbran a tener las rutas y visitas guiadas que la Asociación Histórico-Cultural Cierzo viene realizando desde el año 2012 para conocer las fortificaciones más importantes y emblemáticas que se conservan en el municipio, tales como la Dehesa de Navalcarbón, La Marazuela, el Arroyo de la Retorna, el Vértice Cumbre, el Arroyo de La Puentecilla o la Posición Rubio. Algunas de estas actividades forman ya parte habitual de la programación cultural de Las Rozas, con un notable éxito de asistencia, y son también varios los centros educativos del municipio que se han interesado y han participado en las mismas.


 Ruta guiada por La Marazuela (Asociación Histórico-Cultural Cierzo, febrero de 2016)

 Ruta guiada por La Puentecilla (Asociación Histórico-Cultural Cierzo, abril del 2017)


 Charla a los alumnos de primaria sobre las consecuencias que la guerra tuvo para el pueblo de Las Rozas de Madrid (Asociación Histórico-Cultural Cierzo, noviembre del 2016)

 Visita guiada de alumnos de secundaria a las fortificaciones de la Dehesa de Navalcarbón (mayo de 2017)


Todo ello confirma el potencial cultural que tiene Las Rozas de Madrid en todo lo referente a arquitectura defensiva de la Guerra Civil. Confiamos en que la actuación que se va a llevar a cabo en la Dehesa de Navalcarbón contribuya a consolidar lo realizado hasta la fecha y sirva para seguir impulsando nuevos proyectos e iniciativas. Para ello, creemos que las futuras actuaciones arqueológicas (tanto públicas como privadas) que se vayan desarrollando en el municipio deben de ir consolidando un proyecto serio y global que, a través de una buena gestión y planificación, sirva para el conocimiento, revalorización y protección, tanto de los vestigios históricos, como de los entornos naturales y urbanos en los que éste se encuentra integrado, incrementando así la riqueza cultural del municipio y perseverando en la idea de que el patrimonio histórico  constituye un bien colectivo que compartimos las generaciones presentes con las que nos han precedido y con las que vendrán después de nosotros, siendo responsabilidad y derecho del conjunto de la sociedad su protección, mantenimiento y disfrute.


Desde Frente de Batalla seguiremos trabajando por todo ello.

martes, 9 de mayo de 2017

151) HALLAZGO EN LAS ROZAS DE UNA GRANADA DE MORTERO SIN EXPLOSIONAR

El pasado viernes, 24 de febrero, durante la realización de unos sondeos arqueológicos en los que hemos participado para la localización de trincheras de la Guerra Civil en una parcela de La Marazuela, en el municipio de Las Rozas de Madrid, apareció una granada de mortero Valero de 50 mm sin detonar. Los especialistas de la Guardia Civil que se personaron en el lugar decidieron explosionarla allí mismo.

Aquí os dejamos algunas fotografías del hallazgo.









martes, 25 de abril de 2017

150) MOVIMENTO, FUEGO Y CHOQUE



Está a punto de cumplirse el 80 aniversario de la Batalla de Brunete y todavía es posible encontrar a simple vista vestigios materiales de los durísimos combates que tuvieron lugar en aquellos días.

En el último paseo que he realizado por lo que fue una de las posiciones más disputadas durante esta batalla me tope, a flor de tierra, con una pequeña insignia metálica con el emblema de la Infantería que, como es sabido, está formado por una trompa militar sobre un arcabuz y una espada cruzados.

Tres elementos con los que se pretende representar las que deben ser las acciones principales de la Infantería: movimiento, fuego y choque.

La trompa representa el movimiento, ya que con estos instrumentos de viento, desde la Antigüedad, se transmitían las órdenes de avanzar, retroceder, etc. a los ejércitos durante las batallas.

El arcabuz, significativa arma individual de los infantes de los siglos XV-XVI, representa el fuego.

Y la espada, emblemática arma blanca con la que se combate cuerpo a cuerpo desde tiempos inmemorables, representa el choque.

Movimiento, fuego y choque. Tres elementos que por sí mismos sirven como síntesis de lo que fue la Batalla de Brunete en aquel terrible julio de 1937, y a los que podría añadirse sed y sangre.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

miércoles, 13 de mayo de 2015

148) LOS FORTINES CRUCIFORMES DE LA 20 DIVISIÓN



Desde agosto de 1938, hasta el final de la guerra, la 20 División del Ejército Nacional se encargó de cubrir el sector de frente comprendido entre la orilla izquierda del río Perales (zona de Perales de Milla) y la Cuesta de las Perdices (km. 9 de la carretera de La Coruña). Fue precisamente en ese periodo de tiempo cuando se construyeron en la zona oeste y noroeste de Madrid la mayor parte de las fortificaciones franquistas cuyos restos han llegado hasta nuestros días. 


Hoy nos detenemos en una serie de fortificaciones existentes en la zona más occidental de lo que fue el frente de la 20 D. Unas fortificaciones, en general, bien conservadas, de una tipología muy particular y que pueden considerarse auténticas joyas de arquitectura militar de la guerra civil. Nos referimos a las fortificaciones con forma de cruz ubicadas en los términos municipales de Villanueva de Perales, Quijorna y Brunete, y que la documentación de época denomina "fortines conjugados".


Todos ellos son resultado de un proyecto elaborado en noviembre de 1938 por la Comandancia de Ingenieros del Ejército Centro para proteger las carreteras de una posible penetración enemiga. Este proyecto respondía a una orden emitida por el Cuartel General del Generalísimo en octubre de ese mismo año. Dicha orden disponía la construcción de  elementos de resistencia a base de solidos fortines de hormigón en todas aquellas vías que, en caso de ruptura del frente, pudieran ser aprovechadas por el enemigo para una rápida incursión en la retaguardia propia.


El objetivo que se perseguía con la construcción de estos núcleos fortificados era posibilitar que pequeñas guarniciones fueran capaces de hacer frente a  fuerzas muy superiores en número y material. Para ello, los elementos que conformaban los fortines debían tener un blindaje capaz de resistir impactos de artillería ligera. Su forma de cruz permitía hacer fuego hacia todas las direcciones,  de tal forma que era posible mantener la defensa  aun en el caso de haber sido rodeados por el enemigo. Todos ellos contaban con un abrigo subterráneo, al que se accedía por pozos de varios metros de profundidad, donde la guarnición podía aguantar los bombardeos de artillería y aviación. Desde este abrigo en caverna se abrían diversas galerías que eran empleadas como polvorines y depósitos de víveres y material, permitiendo a la vez la comunicación bajo tierra entre los diferentes fortines. Todo ello, pensado para que la posición fuera capaz de resistir durante largos periodos de tiempo, incluso, si era sometida a un férreo asedio que la dejase aislada e incomunicada de su retaguardia.


 Alzado y planta del nido conjugado situado en la M-522. Dibujo de Pablo Schnell, publicado en "Arquitectura militar de la guerra civil. Sector de la Batalla de Brunete", Castellano, R. y Schnell, P. DGPH de la CAM, Madrid, 2011, p. 133.


Estos núcleos de resistencia se establecieron en grupos de dos o tres fortines conjugados, muy cercanos entre sí, ubicados de tal manera que sus respectivos sectores de tiro se complementaban para evitar la existencia de ángulos muertos y desenfiladas.  Las características básicas de estas fortificaciones pueden resumirse de la siguiente manera: planta en forma de cruz griega formada por cuatro nidos con bóveda metálica y cubierta de hormigón armado (modelo CGIS), con una tronera para arma automática en el muro frontal. El acceso era subterráneo, por medio de pozos situados en el centro de la fortificación. Este pozo, de una profundidad variable en cada caso, enlazaba con galerías que conducían a refugios, botiquín y depósitos de víveres y munición, además de comunicar entre sí los diferentes elementos de una misma posición o dar salida a un camino de evacuación ubicado, discretamente, a cierta distancia de los fortines. Cada nido cruciforme contaba con un elemento anexo, situado exteriormente en uno de los laterales de la fortificación, protegido por un parapeto, también de hormigón. Estas estructuras adosadas cumplían las labores de observación y puesto de granadero y, normalmente, comunicaban por medio de pozos con el sistema subterráneo de galerías. 


Los denominados  nidos CGIS” que conformaban estas fortificaciones respondían a un modelo desarrollado en la segunda mitad de 1938 por la Comandancia de Ingenieros del Ejército Centro para unificar la tipología de los nidos de ametralladoras de toda la División. Los nidos CGIS (siglas de Comandancia General de Ingenieros de Salamanca), eran estructuras de hormigón en masa, con planta cuadrada o rectangular, cubierta abovedada de metal revestida de hormigón, una única tronera en su muro frontal y acceso trasero. 


A tenor de los restos que se conservan hoy en día en distintos puntos de lo que fue el  sector de la 20 D, el modelo de nido CGIS  permitía una variada construcción de fortificaciones. De esta manera, podemos encontrar nidos sencillos (Posición Rubio, en Las Rozas de Madrid), dobles (Camarines, en la Cuesta de Las Perdices), triples (Los Rosales, cerca de La Raya del Palancar), o, como es el caso que tratamos en este artículo, cruciformes, formados por la conjunción de cuatro nidos.


  Ejemplo de nido CGIS sencillo en la Posición Rubio (Las Rozas de Madrid)

Dos nidos CGIS formando una especie de V en Camarines (Cuesta de las Perdices en la A-6)

El fortín existente en Los Rosales esta compuesto por tres nidos CGIS cuya conjunción forma una T


Actualmente, encontramos magníficos ejemplos de fortines cruciformes junto a las carreteras M-600, M-522 y M-501, todos ellos construidos a partir de finales de noviembre de 1938, y en un plazo de tiempo bastante corto,  por el Batallón de Zapadores Minadores nº 8. Detengámonos un poco en cada uno de estos ejemplos.

Grupo de fortines en M-600:
 



 Los tres fortines existentes en la M-600


Según documentación consultada, para finales de 1938 se encontraba ya ultimado el grupo de tres fortines cruciformes que hoy en día podemos encontrar a ambos lados de la M-600, entre Villanueva de la Cañada y Brunete. He aquí un fragmento de un documento que hace referencia a estos fortines, firmado el 25-12-38, en Villaviciosa de Odón, por el Comandante de Ingenieros de la 20 D:


"Se ha construido un grupo de tres fortines conjugados blindados contra artillería ligera con abrigo en caverna para su guarnición, víveres y municiones contra artillería de 15,5 cm. y bombas de aviación de 100 kg., situado a vanguardia de Brunete barreando la carretera de este pueblo a Villanueva de la Cañada. Su organización, con arreglo al proyecto cursado en fecha 27 de noviembre."



 Interior de uno de los fortines
 Detalle de la bóveda de arista que en el interior de los fortines forma la unión de los 4 nidos CGIS


Este núcleo se encontraba muy cercano a las posiciones republicanas, situadas a vanguardia de Villanueva de la Cañada. En la actualidad, su estado de conservación es bueno, si bien, uno de los brazos del fortín ubicado en la margen izquierda de la carretera ha sido parcialmente destruido por la ampliación de la calzada. Sobre los muros de dos de las fortificaciones se conservan inscripciones alusivas a su fecha de construcción y la compañía de zapadores que realizó los trabajos, además de otras difíciles de interpretar.



Algunas de las inscripciones existentes sobre los muros de los fortines de la M-600


Solo uno de ellos mantiene parte del pozo interior que conducía al refugio en caverna, prácticamente hundido en la actualidad, pero del que se conserva un tramo de galería subterránea que seguramente cruzaba por debajo de la carretera para comunicar con el fortín ubicado en la otra margen. El resto de refugios y galerías han quedado cegadas por el paso del tiempo.



 Restos de una galería subterránea en la posición M-600


 Grupo de fortines de la M-522:


El mismo documento de la 20 D, al que hacíamos referencia anteriormente, recoge que en esas mismas fechas se estaba construyendo en la carretera de Quijorna un grupo de "dos fortines con las mismas características de protección y capacidad, con sujeción a proyecto cursado en fecha 28 de noviembre."


Actualmente, solo puede apreciarse claramente uno de estos dos fortines ubicados en la margen izquierda del arroyo de los Morales, ya que el otro ha sido aprovechado para construir una casa encima, convirtiéndose en el sótano de la misma. Esta localización “enmascarada” del fortín fue realizada por Ernesto Viñas y Rubén de la Mata hace pocos años, según se recoge en el libro “Arquitectura militar de la guerra civil en la Comunidad de Madrid. Sector de la batalla de Brunete”, Castellano, R. y Schnell, P., DGPH de la CAM, Madrid, 2011, p. 132). El otro fortín de la posición si puede apreciarse perfectamente en un pequeño promontorio junto a la carretera, cuya ampliación ha dejado al descubierto parte de sus cimientos. 


 Fortín cruciforme existente en la M-522


Estos fortines son de  mayor tamaño que los que encontramos en las otras zonas. Además de las características troneras para arma automática situadas en los muros frontales, cuenta con algunas aspilleras de fusil en sus muros laterales. En el interior se conservan los bancos de obra sobre los que se instalaban las ametralladoras. Este fortín es el único que conserva prácticamente intacto el pozo excavado en tierra, un pozo de unos 8 m de profundidad que conduce al abrigo en caverna propio de estas construcciones, del que salen cuatro galerías subterráneas parcialmente conservadas (ver el dibujo de este fortín realizado por Pablo Schnell, que hay más arriba).


 Interior de la fortificación en la que puede apreciarse uno de los bancos sobre los que se asentaban las ametralladoras y la boca del pozo que desciende al abrigo en caverna.

 Detalle de las aspilleras para fusilería


Grupo de fortines junto a la M-501:


 Conjunto de los tres fortines que cubren la Cañada Real Segoviana, muy cerca de la M-501.


Por último, también se hace mención en el mismo documento de los fortines existentes en las proximidades de la M-501, cerca del vértice Encrucijada, dentro del término municipal de Villanueva de Perales:

"Se trabaja actualmente en la construcción de dos grupos de fortines de tres elementos cada uno, de las mismas características que el de vanguardia de Brunete en el cruce de la carretera de Chapinería con el camino a Perales de Milla."

Uno de estos grupos de fortines se encuentra en el interior de una finca privada, por lo que solo pueden verse desde la valla. El otro grupo flanquea la Cañada Real Segoviana y, aunque alguno de los fortines ha perdido el parapeto de hormigón que protegía su acceso, en general se encuentran en buen estado.



 Dos de los fortines existentes en la Cañada Real Segoviana.


En el interior se conservan todavía algunos listones y tableros de madera adosados a los muros, que fueron empleados para el encofrado y el anclaje de las placas metálicas de la cubierta. Exteriormente, existen algunas inscripciones que fueron grabadas en los muros antes de que el cemento fraguara.


 Restos de maderos que fueron empleados para el encofrado del fortín.

 Inscripción grabada en uno de los muros en la que puede leerse "BARRENA"


A estos tres ejemplos de conjuntos de fortines cruciformes existentes en el extremo izquierdo de lo que fue el frente de la 20 D, habría que añadir el fortín próximo a la urbanización Los Rosales, en el término de Brunete, muy cerca de La Raya del Palancar, al que hacíamos referencia al hablar de los fortines modelo CGIS. Aunque este fortín no es cruciforme, se trata también de un fortín conjugado, compuesto por la unión de tres nidos CGIS que forman una planta con forma de T. Junto a este fortín, existió otro similar que fue destruido a mediados de los años  90.



 Piquetes y alambre de espino empleados como ferralla en la construcción de los fortines.
 
 Ejemplo de uno de los parapetos anexos a las fortificaciones.


Algunas referencias documentales nos hablan de la construcción de algún otro núcleo de estas características defendiendo vías estratégicas de comunicación en otros puntos de lo que fue el sector de la 20 D, pero, al menos hasta la fecha, no se han localizado más vestigios de este tipo de fortificaciones. Lo que sí podemos asegurar es que quienes planificaron la ubicación de los que fueron levantados acertaron en  su decisión, ya que, pocas semanas después de concluida su construcción, el Ejército Popular de la República desencadenó su última gran ofensiva en el frente madrileño, precisamente, en el sector de Brunete (¡otra vez Brunete!). Una ofensiva, iniciada el 13 de enero de 1939, a la que ya nos hemos referido en diferentes ocasiones en este blog. Una ofensiva condenada al fracaso desde antes de iniciarse, ya que el alto mando franquista disponía de una copia de la orden de operaciones republicana, lo que le permitió neutralizar a su oponente sin apenas dificultades en los primeros compases del ataque. Por este motivo, no podemos saber la efectividad que los diferentes elementos de resistencia formados a base de fortines conjugados habrían tenido para detener una infiltración enemiga a través de las principales vías de comunicación.


Apenas tres meses después de la construcción de estas fortificaciones la guerra llegaba a su fin. Las posiciones de uno y otro ejército eran abandonadas, quedando estos fortines a merced del paso del tiempo y el olvido. Los elementos metálicos que eran fáciles de extraer (placas de acero de las bóvedas compuertas, cierres, etc.) fueron recuperados para ser vendidos como chatarra; los pozos, abrigos y galerías subterráneas fueron poco a poco hundiéndose y el interior de los fortines se fue llenando de todo tipo de residuos y desperdicios. Pero la solidez con que fueron construidos ha permitido que, casi ocho décadas después, todavía permanezca su firme presencia en un paisaje del que ya forman parte y al que dotan de una personalidad e identidad propias.
  
Especie de pequeños memoriales del, no demasiado lejano,  pasado bélico de los municipios del oeste madrileño.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ