“Un paisaje es un producto del tiempo
y en él se guardan las objetivas huellas de éste”
(Eduardo Martínez de Pisón, geógrafo, escritor y
montañero)
No
es la primera vez que al pasear íntima y conscientemente por lo que un día
fueron terribles campos de batalla o enmarañadas líneas de trincheras, mientras
mi mente evoca las informaciones y los datos obtenidos en libros y documentos,
me topo con algún resto material de aquellos tiempos bélicos. Pequeños jirones
de historia cuyo hallazgo despierta diversos sentimientos, todos ellos
envueltos en una especie de suave tristeza, al pensar en quienes tuvieron
que vivir un pasado tan duro y obscuro.
En uno de mis últimos paseos por los alrededores de Villanueva del Pardillo me topé con esta granada de mortero Valero de 50 mm. El artefacto había perdido su cola estabilizadora, pero su carga explosiva, compuesta por 125 gramos de trilita, se mantenía intacta, por lo que avisé a la policía e indique a los agentes su ubicación para que procedieran a su retirada.